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Arte microscópico

      
<span style=font-style: italic;>Por Paula Grisales</span><br style=font-style: italic;/><span style=font-style: italic;> NOTICyT</span><br/><br/> Algas, hongos y bacterias no son sólo los peores enemigos que pueda tener una obra de arte; son también capaces de generar formas abstractas y multicolores que saltan a la vista del científico cuando, con su microscopio, se acerca al pequeño mundo habitado por estos seres que, paradójicamente, elaboran dentro de la obra, otra obra. <br/><br/> Éstas creaciones son parte del insumo de la exposición Arte dentro del arte: otra mirada desde la ciencia, en la que se evidencia la labor de investigación y conservación del Laboratorio de Ciencias Naturales de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de la Universidad Externado de Colombia. <br/><br/> El Laboratorio, liderado por el ingeniero químico Mario Omar Fernández, ha ayudado en la intervención de aproximadamente 1.000 obras de arquitectura, material arqueológico, pintura de caballete y mural, escultura, textiles, metales, bienes gráficos y documentales de Colombia y de otros países. <br/><br/> La exposición, que se encuentra desde el 22 de marzo en el Museo Iglesia Santa Clara de Bogotá (carrera 8 No 8- 91), es el producto de la selección de las mejores fotografías acumuladas por el equipo investigador a lo largo de 10 años de análisis científicos de los materiales constitutivos y agregados de las obras, además de los deterioros de estos bienes. <br/><br/> La exposición nace cuando vemos que muchas de esas imágenes tienen un atractivo estético. La materia en escala micro tiene un componente tan artístico como el de la misma obra, no es una pretensión de crear arte sino de descubrir el arte que está dentro del arte, explicó Farid Saab, químico del Laboratorio. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> En el mundo de la micra </span><br/><br/> Cerca del piso, en las piedras que encierran 137 años de recuerdos y parte de la memoria histórica de El Panóptico, hoy Museo Nacional, habitan Cladosporium (hongo) y Nostoc (cianobacteria). Su mundo, a simple vista, es una mancha verde o negra que expresa el deterioro propio del paso de los años. <br/><br/>Esas manchas, desde la mirada del científico, son micro universos que se originaron tras la llegada de cianobacterias y microalgas que, como la mayoría de estos pequeñísimos artistas, llegan hasta los soportes físicos a través del aire y se depositan ahí porque los monumentos históricos y las obras de arte son un lugar más para vivir. <br/><br/> Las cianobacterias y las microalgas, que son los primeros organismos en colonizar una superficie de piedra, se alimentan de dióxido de carbono, luz y agua. Esto lo procesan y se crean capas de polisacáridos (manchas verdes y negras) que atraen a otros microorganismos. A medida que van creciendo se va degradando la materia, pues segrega metabolitos, ácidos orgánicos y pigmentos que pueden hacer perforaciones localizadas, explica Jhon Alexis Garcés, microbiólogo. <br/><br/> Tras extraer una muestra del material (piedra, pintura, cerámica, metal), el equipo de investigadores - integrado por profesionales en ingeniería química, microbiología y geología - se asoma a ese complejo universo aumentando entre 4 y 40.000 veces el tamaño de la imagen. Sales obtenidas de material arqueológico - Cortesía U<br/><br/>niversidad Externado La información resultante de las investigaciones es herramienta indispensable para el trabajo de profesionales como los restauradores, arquitectos, antropólogos, arqueólogos e historiadores del arte, quienes a partir de los resultados entregados por el Laboratorio toman acciones certeras para la conservación y valoración del patrimonio cultural. <br/><br/> Para el proceso de restauración es necesario saber de qué está compuesta esa materia que constituye la obra de arte e identificar cuáles son los factores que la están afectando: algas, hongos, bacterias, sales o insectos. Tras identificarlos, nosotros como restauradores podemos decidir qué producto se aplica y cómo, aseguró María Victoria Varón, restauradora de bienes muebles. <br/><br/> Las más vulnerables son aquellas obras que tienen un soporte orgánico, como el papel, la tela y la madera; mientras los más resistentes son la cerámica y la piedra. Sin embargo, todo depende de múltiples factores como la humedad y la temperatura, que determinan la proliferación de diversos deterioros, comentó la restauradora. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> La materia como huella digital </span><br/><br/> El mundo que se descubre ante un microscopio también hace posible determinar las huellas que deja la técnica utilizada por el artista y conocer cómo se hicieron esos objetos y con qué materiales. <br/><br/> Las llamativas imágenes resultantes de esas pesquisas también hacen parte de la exposición Arte dentro del arte. Lo que aparece ante la mirada desprevenida del espectador como un paisaje lunar son realmente los detalles microscópicos que permiten saber la técnica de fundición del metal empleado para realizar el Monumento a los Lanceros, en Paipa (Boyacá). En otra imagen sorprenden los vivos colores de lo que parece ser un volcán multicolor. Para el investigador, son los cortes que dejan ver las capas de color superpuestas en un segmento de pintura. Éstos permiten, a partir de la composición y la combinación de los colores de un cuadro, dar pistas a los curadores sobre la autenticidad de una obra. <br/><br/> Otra foto expone cuadritos de colores que integran un intrincado tejido; la imagen descubre ante el investigador las características físicas de las fibras de papel de un documento histórico como el Acta de Duelo por la muerte de José María Espinosa (que reposa en el Museo Independencia). <br/><br/> Así, por los análisis de los agentes que desgastan los objetos y la investigación sobre técnicas de manufactura que realiza el Laboratorio - único en el país -, se consolida la conservación de los bienes patrimoniales y artísticos colombianos. La idea es restaurar piezas que sean parte del patrimonio cultural colombiano, mientras aprovechamos esto para la formación de los profesionales, comenta Farid Saab. <br/><br/> Detrás de los microscopios seguirán descubriéndose historias de una vida en miniatura que delata cómo el arte sigue maravillando incluso a escalas que ni siquiera los creadores originales imaginaron.
Por Paula Grisales
NOTICyT

Algas, hongos y bacterias no son sólo los peores enemigos que pueda tener una obra de arte; son también capaces de generar formas abstractas y multicolores que saltan a la vista del científico cuando, con su microscopio, se acerca al pequeño mundo habitado por estos seres que, paradójicamente, elaboran dentro de la obra, otra obra.

Éstas "creaciones" son parte del insumo de la exposición Arte dentro del arte: otra mirada desde la ciencia, en la que se evidencia la labor de investigación y conservación del Laboratorio de Ciencias Naturales de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de la Universidad Externado de Colombia.

El Laboratorio, liderado por el ingeniero químico Mario Omar Fernández, ha ayudado en la intervención de aproximadamente 1.000 obras de arquitectura, material arqueológico, pintura de caballete y mural, escultura, textiles, metales, bienes gráficos y documentales de Colombia y de otros países.

La exposición, que se encuentra desde el 22 de marzo en el Museo Iglesia Santa Clara de Bogotá (carrera 8 No 8- 91), es el producto de la selección de las mejores fotografías acumuladas por el equipo investigador a lo largo de 10 años de análisis científicos de los materiales constitutivos y agregados de las obras, además de los deterioros de estos bienes.

"La exposición nace cuando vemos que muchas de esas imágenes tienen un atractivo estético. La materia en escala micro tiene un componente tan artístico como el de la misma obra, no es una pretensión de crear arte sino de descubrir el arte que está dentro del arte", explicó Farid Saab, químico del Laboratorio.

En el mundo de la micra

Cerca del piso, en las piedras que encierran 137 años de recuerdos y parte de la memoria histórica de El Panóptico, hoy Museo Nacional, habitan Cladosporium (hongo) y Nostoc (cianobacteria). Su mundo, a simple vista, es una mancha verde o negra que expresa el deterioro propio del paso de los años.

Esas manchas, desde la mirada del científico, son micro universos que se originaron tras la llegada de cianobacterias y microalgas que, como la mayoría de estos pequeñísimos "artistas", llegan hasta los soportes físicos a través del aire y se depositan ahí porque los monumentos históricos y las obras de arte son un lugar más para vivir.

"Las cianobacterias y las microalgas, que son los primeros organismos en colonizar una superficie de piedra, se alimentan de dióxido de carbono, luz y agua. Esto lo procesan y se crean capas de polisacáridos (manchas verdes y negras) que atraen a otros microorganismos. A medida que van creciendo se va degradando la materia, pues segrega metabolitos, ácidos orgánicos y pigmentos que pueden hacer perforaciones localizadas", explica Jhon Alexis Garcés, microbiólogo.

Tras extraer una muestra del material (piedra, pintura, cerámica, metal), el equipo de investigadores - integrado por profesionales en ingeniería química, microbiología y geología - se asoma a ese complejo universo aumentando entre 4 y 40.000 veces el tamaño de la imagen. Sales obtenidas de material arqueológico - Cortesía U

niversidad Externado La información resultante de las investigaciones es herramienta indispensable para el trabajo de profesionales como los restauradores, arquitectos, antropólogos, arqueólogos e historiadores del arte, quienes a partir de los resultados entregados por el Laboratorio toman acciones certeras para la conservación y valoración del patrimonio cultural.

"Para el proceso de restauración es necesario saber de qué está compuesta esa materia que constituye la obra de arte e identificar cuáles son los factores que la están afectando: algas, hongos, bacterias, sales o insectos. Tras identificarlos, nosotros como restauradores podemos decidir qué producto se aplica y cómo", aseguró María Victoria Varón, restauradora de bienes muebles.

Las más vulnerables son aquellas obras que tienen un soporte orgánico, como el papel, la tela y la madera; mientras los más resistentes son la cerámica y la piedra. "Sin embargo, todo depende de múltiples factores como la humedad y la temperatura, que determinan la proliferación de diversos deterioros", comentó la restauradora.

La materia como huella digital

El mundo que se descubre ante un microscopio también hace posible determinar las huellas que deja la técnica utilizada por el artista y conocer cómo se hicieron esos objetos y con qué materiales.

Las llamativas imágenes resultantes de esas pesquisas también hacen parte de la exposición Arte dentro del arte. Lo que aparece ante la mirada desprevenida del espectador como un paisaje lunar son realmente los detalles microscópicos que permiten saber la técnica de fundición del metal empleado para realizar el Monumento a los Lanceros, en Paipa (Boyacá). En otra imagen sorprenden los vivos colores de lo que parece ser un volcán multicolor. Para el investigador, son los cortes que dejan ver las capas de color superpuestas en un segmento de pintura. Éstos permiten, a partir de la composición y la combinación de los colores de un cuadro, dar pistas a los curadores sobre la autenticidad de una obra.

Otra foto expone cuadritos de colores que integran un intrincado tejido; la imagen descubre ante el investigador las características físicas de las fibras de papel de un documento histórico como el Acta de Duelo por la muerte de José María Espinosa (que reposa en el Museo Independencia).

Así, por los análisis de los agentes que desgastan los objetos y la investigación sobre técnicas de manufactura que realiza el Laboratorio - único en el país -, se consolida la conservación de los bienes patrimoniales y artísticos colombianos. "La idea es restaurar piezas que sean parte del patrimonio cultural colombiano, mientras aprovechamos esto para la formación de los profesionales", comenta Farid Saab.

Detrás de los microscopios seguirán descubriéndose historias de una vida en miniatura que delata cómo el arte sigue maravillando incluso a escalas que ni siquiera los creadores originales imaginaron.
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