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La formación de maestros no se circunscribe al aula

      
Pero esas no son, desde luego, las únicas aspiraciones que la recién designada decana de la Facultad de Educación espera impulsar. La propuesta con la que postuló su candidatura al Consejo Superior Universitario interlocuciones para la creación de comunidades académicas-, sintetiza la lista de anhelos, desafíos y compromisos asumidos para el periodo 2007-2010 por la magíster en sociología de la educación Marta Lorena Salinas Salazar al tomar posesión formal de su cargo, en la Universidad de Antioquia.<br/><br/> Invito a que encontremos nuevas propuestas pedagógicas, que potencien una relación con la sociedad, con sus tradiciones culturales, los saberes, la historia, los valores y lo público. No obstante, difícilmente pueden surgir estas formas de relación con el afuera si las propuestas pedagógicas no logran hacer resonar en su interior, el eco de la controversia, de los diálogos racionales, de la argumentación, de las diferencias de puntos de vista y de criterios sobre los problemas de la universidad, del país, de los continentes, es decir, de los problemas de los humanos, de cómo construir las condiciones para hacer habitable el mundo por todos-, dice Marta Lorena Salinas Salazar.<br/><br/> En 53 años de fundada, es la segunda mujer en tomar en propiedad las riendas de una de las más grandes facultades de la Universidad de Antioquia -la primera fue la profesora Graciela Amaya de Ochoa-, con más de 3.300 estudiantes en siete licenciaturas, diversas especializaciones, una maestría con diez líneas de investigación y un doctorado que inicia este mes la sexta cohorte, aparejado de un sólido trabajo con redes nacionales e internacionales.<br/><br/> Sabe que recibe una dependencia con un proceso significativo de transformación, con lecturas diversas del mundo, del ámbito de lo pedagógico, de la escuela. En el trienio anterior -observa- la Facultad tuvo un proceso sistemático y riguroso, de pensarse a sí misma para recuperar un lugar frente a la misma unidad académica, frente a la Universidad y a la sociedad; prueba de ello es el logro en los proyectos de extensión, el aumento de cupos en el doctorado, la acreditación en alta calidad de los pregrados, las líneas de maestría abiertas para la formación continuada de maestros, y los avances en el impacto generado en los planes de desarrollo educativos del municipio de Medellín y del Departamento y en donde se evidencia la apuesta común por la cobertura, la calidad, la formación de los maestros y de los directivos docentes. Una mirada, desde el presente, al porvenir.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;><br/></span><span style=font-weight: bold;><br/>¿Hacia dónde debe guiarse la Facultad en los próximos años?<br/><br/></span> -Este equipo de administración que lidero recibe una facultad cohesionada en torno a un proyecto bien concebido y que nosotros le ponemos ahora como sello particular algunos elementos que consideramos fundamentales: uno, consolidar la naturaleza de la Facultad, que parte de la necesidad de darle institucionalidad, es decir, construir procedimientos y dispositivos que nos agrupen, que nos permitan las diferencias, que nos den lugar a los consensos y a los disensos, y que esa institucionalidad tenga una columna vertebral en el ámbito de la formación de maestros, para construir un lenguaje común especializado que nos permita una mirada particular sobre el mundo contemporáneo que nos de identidad. <br/><br/> Dos, incidir más en la calidad de la educación local, regional y nacional, con la consolidación de comunidades académicas capaces de pasar de los conceptos a las realidades, a la pertinencia social, así como fortalecer los grupos de investigación incipientes que vayan a la institución escolar, a la ciudad y a las regiones, porque en la prospectiva de la facultad resulta fundamental lo que hoy pensamos respecto de la formación de los maestros y es que no puede estar circunscrita a las aulas, sino que la educación y la pedagogía pasa por las calles, por las salas de hospital, por la empresa, es decir, por muy diversos niveles donde tenemos la obligación de que nuestro maestro egresado sea capaz de interactuar con esos espacios, lo cual implica competencias que demandan conocimientos, valores, heurísticas y desarrollos, más allá del saber hacer en un contexto situado. <br/><br/>Tres, insistir en la calidad como un asunto no meramente cuantitativo referido a la cobertura, sino como el entendido de que los maestros son formadores por excelencia del proyecto de Nación, y por tanto reconocer la alta valoración que debe existir sobre la profesionalidad del docente. Cuatro, abrirnos en las regiones con la formación de los maestros, y el convenio con las normales que tienen que ocupar un lugar destacado para pensar la formación del maestro en la ruralidad. Y quinto, pensar la formación integral muy ligada al sentido de la formación política del estudiante y su lugar de ciudadano como maestro.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;><br/>¿Qué lugar le otorga la sociedad al maestro y cuál es su deber ser? </span><br/><br/>-Es real que hay una subvaloración de la profesión del maestro. En algunos de nuestros programas tenemos alta demanda, pero en otros no, lo cual no nos desilusiona, sino que sabemos que ahí tenemos una opción de vida maravillosa para mostrarle a los jóvenes. Parece una frase hecha, pero sin maestros no habría otras profesiones. La formación del maestro tiene muchas aristas, pero podemos hablar de dos fundamentales, una relacionada con el saber específico y otra no subordinada o añadida del saber pedagógico, sino un diálogo; una interacción de saberes -el pedagógico, el disciplinar, el de la ciencia que se va a enseñar-, que no la separamos de la formación integral y política del sujeto maestro. <br/><br/> Formar los maestros, la relación que establece con la ciencia y la pedagogía se reconoce como un legado de la humanidad, es un bien de la cultura, y eso no se pone de cualquier manera. No vamos a hacer manifestaciones para que reconozcan los maestros, sino que vamos a trabajar en la formación de los maestros como intelectuales constructores de humanidad. También es cierto que se requiere reconocimiento con mejores salarios y con condiciones de trabajo más dignas. Y en eso hay mucho por hacer, los maestros tendrán que organizarse en varios sentidos novedosos, para que no sea en un orden gremial limitado, sino que sea también la configuración de un ethos propio y de nichos académicos que los hagan florecer cada vez más ante la sociedad.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;><br/>¿Cómo potenciar la presencia en las regiones?</span><br/><br/>-La Facultad de Educación tiene un lugar destacado en regionalización, con las siete licenciaturas en matemáticas, matemáticas-física, ciencias naturales y educación ambiental, humanidades-lengua castellana, ciencias sociales, pedagogía infantil y educación especial; los programas de extensión y los cursos remediales para que los bachilleres consideren en su horizonte de vida la educación superior. Y para nosotros es fundamental el trabajo preventivo, es decir, nosotros tenemos que influir en la formación de los maestros en las regiones, trabajo que ya está instalado pero al que hay que seguirle apuntando porque es de largo aliento.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;><br/>¿Cómo aprovechar mejor el uso de las nuevas tecnologías?</span><br/><br/>-En la Universidad tenemos casos particulares con propuestas muy buenas, como la línea del doctorado en educación sobre didáctica y nuevas tecnologías con un maravilloso trabajo desarrollado por los profesores Octavio Henao y Doris Adriana Ramírez. Pero lo cierto es que en la Universidad las diversas propuestas con nuevas tecnologías no logran todo el impacto que quisiéramos, en parte porque el acceso es limitado y la infraestructura en las regiones no es la óptima. En la Facultad, en particular, intentamos que nuestros proyectos de extensión incluyan un componente de virtualidad, articular con la Vicerrectoría de Docencia para que en todas las licenciaturas hayan al menos dos cursos montados en la red, amén del trabajo con emprendimiento. (LJLB)<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Apartes del discurso de posesión de la profesora Marta Lorena Salinas Salazar en el decanato de la Facultad de Educación</span><br/><br/> La dura y complicada situación del país, ese entorno cotidiano y dramático que insiste en arrastrarnos hacia el escepticismo, es el contexto en el cual tenemos que dar un debate sobre la educación y sobre la formación de maestros. Más allá de configurar un cuadro de referencia desde donde mirar el impacto, las múltiples incidencias o las repercusiones calamitosas sobre la educación colombiana que la época supone, propongo demandar su comprensión y discernimiento para hacer posible la compleja lectura de su articulación con los avances o limitaciones de la formación de maestros en la Universidad.<br/><br/> Se trata, a mi juicio, de evitar la tendencia en ocasiones perversa, de responsabilizar a la educación de los males de la sociedad, o al contrario, a las patologías sociales de la inercia de la educación pues ese círculo vicioso no nos deja alternativa. Considero deseable, cuando menos, asumir el reto de repensar la relación sociedad - educación, y desde ahí proponer respuestas a interrogantes como éstos:<br/><br/> ¿Cuál es el papel que le corresponde a la Facultad en la formación de ciudadanos libres y autónomos moral e intelectualmente? ¿Cuál es la función del maestro en el proceso de reconstrucción del ámbito de la democracia? ¿Cómo debe un maestro contextualizar el saber que enseña, para formar en la civilidad? ¿Cómo contribuir en una situación de crisis de las instituciones a una revaloración de la educación?<br/><br/> (:) el primer ejercicio para reconfirmar la naturaleza pedagógica de la Facultad de Educación y situarnos en la perspectiva de la formación de un sujeto de saber, es preparar las condiciones para pensar la Facultad en colectivo. Pensar es una forma de superar el miedo, la desidia, la debilidad, los tropiezos. Pensar es una acción que permite imaginar, visionar, y proyectar. Por ello, pensar la Facultad es un escenario para considerar las relaciones, los límites, las formas y los medios. Es trabajar en procura de acompasar los ritmos temporales, comprender el devenir de los acontecimientos, apropiarse de proyectos y de iniciativas, buscar caminos.<br/><br/> Las expectativas que asocio con este día, me permiten dar un paso más allá. Reconocer que además de intelectuales de la pedagogía, nuestros maestros son ciudadanos. Ello nos pone en el debate contemporáneo sobre la formación ciudadana que hace visibles las limitaciones del universalismo, el individualismo y la homogeneidad propios de los enfoques clásicos, así como el reduccionismo que significa seguir asociando la ciudadanía a una identidad construida en el marco del Estado-nación, que suponía una estructura de derechos universales confeccionados y otorgados por el Estado a los ciudadanos. <br/><br/>Propongo aceptar el desafío de abordar enfoques interpretativos e interculturales que permitan comprender las diversas rutas de construcción de la ciudadanía, debate que le compete de manera directa a la escuela en su función de proyecto político cultural y como escenario de interacción. Creo firmemente que debemos situarnos en una perspectiva plural de ciudadanía como experiencia histórica inscrita en un horizonte de reconocimiento cultural, de inclusión política, de equidad y de justicia social.<br/><br/><br/>
Pero esas no son, desde luego, las únicas aspiraciones que la recién designada decana de la Facultad de Educación espera impulsar. La propuesta con la que postuló su candidatura al Consejo Superior Universitario "interlocuciones para la creación de comunidades académicas-, sintetiza la lista de anhelos, desafíos y compromisos asumidos para el periodo 2007-2010 por la magíster en sociología de la educación Marta Lorena Salinas Salazar al tomar posesión formal de su cargo, en la Universidad de Antioquia.

"Invito a que encontremos nuevas propuestas pedagógicas, que potencien una relación con la sociedad, con sus tradiciones culturales, los saberes, la historia, los valores y lo público. No obstante, difícilmente pueden surgir estas formas de relación con el afuera si las propuestas pedagógicas no logran hacer resonar en su interior, el eco de la controversia, de los diálogos racionales, de la argumentación, de las diferencias de puntos de vista y de criterios sobre los problemas de la universidad, del país, de los continentes, es decir, de los problemas de los humanos, de cómo construir las condiciones para hacer habitable el mundo por todos-, dice Marta Lorena Salinas Salazar.

En 53 años de fundada, es la segunda mujer en tomar en propiedad las riendas de una de las más grandes facultades de la Universidad de Antioquia -la primera fue la profesora Graciela Amaya de Ochoa-, con más de 3.300 estudiantes en siete licenciaturas, diversas especializaciones, una maestría con diez líneas de investigación y un doctorado que inicia este mes la sexta cohorte, aparejado de un sólido trabajo con redes nacionales e internacionales.

Sabe que recibe una dependencia con un proceso significativo de transformación, con lecturas diversas del mundo, del ámbito de lo pedagógico, de la escuela. En el trienio anterior -observa- la Facultad tuvo un proceso sistemático y riguroso, de pensarse a sí misma para recuperar un lugar frente a la misma unidad académica, frente a la Universidad y a la sociedad; prueba de ello es el logro en los proyectos de extensión, el aumento de cupos en el doctorado, la acreditación en alta calidad de los pregrados, las líneas de maestría abiertas para la formación continuada de maestros, y los avances en el impacto generado en los planes de desarrollo educativos del municipio de Medellín y del Departamento y en donde se evidencia la apuesta común por la cobertura, la calidad, la formación de los maestros y de los directivos docentes. Una mirada, desde el presente, al porvenir.



¿Hacia dónde debe guiarse la Facultad en los próximos años?

-Este equipo de administración que lidero recibe una facultad cohesionada en torno a un proyecto bien concebido y que nosotros le ponemos ahora como sello particular algunos elementos que consideramos fundamentales: uno, consolidar la naturaleza de la Facultad, que parte de la necesidad de darle institucionalidad, es decir, construir procedimientos y dispositivos que nos agrupen, que nos permitan las diferencias, que nos den lugar a los consensos y a los disensos, y que esa institucionalidad tenga una columna vertebral en el ámbito de la formación de maestros, para construir un lenguaje común especializado que nos permita una mirada particular sobre el mundo contemporáneo que nos de identidad.

Dos, incidir más en la calidad de la educación local, regional y nacional, con la consolidación de comunidades académicas capaces de pasar de los conceptos a las realidades, a la pertinencia social, así como fortalecer los grupos de investigación incipientes que vayan a la institución escolar, a la ciudad y a las regiones, porque en la prospectiva de la facultad resulta fundamental lo que hoy pensamos respecto de la formación de los maestros y es que no puede estar circunscrita a las aulas, sino que la educación y la pedagogía pasa por las calles, por las salas de hospital, por la empresa, es decir, por muy diversos niveles donde tenemos la obligación de que nuestro maestro egresado sea capaz de interactuar con esos espacios, lo cual implica competencias que demandan conocimientos, valores, heurísticas y desarrollos, más allá del saber hacer en un contexto situado.

Tres, insistir en la calidad como un asunto no meramente cuantitativo referido a la cobertura, sino como el entendido de que los maestros son formadores por excelencia del proyecto de Nación, y por tanto reconocer la alta valoración que debe existir sobre la profesionalidad del docente. Cuatro, abrirnos en las regiones con la formación de los maestros, y el convenio con las normales que tienen que ocupar un lugar destacado para pensar la formación del maestro en la ruralidad. Y quinto, pensar la formación integral muy ligada al sentido de la formación política del estudiante y su lugar de ciudadano como maestro.


¿Qué lugar le otorga la sociedad al maestro y cuál es su deber ser?


-Es real que hay una subvaloración de la profesión del maestro. En algunos de nuestros programas tenemos alta demanda, pero en otros no, lo cual no nos desilusiona, sino que sabemos que ahí tenemos una opción de vida maravillosa para mostrarle a los jóvenes. Parece una frase hecha, pero sin maestros no habría otras profesiones. La formación del maestro tiene muchas aristas, pero podemos hablar de dos fundamentales, una relacionada con el saber específico y otra no subordinada o añadida del saber pedagógico, sino un diálogo; una interacción de saberes -el pedagógico, el disciplinar, el de la ciencia que se va a enseñar-, que no la separamos de la formación integral y política del sujeto maestro.

Formar los maestros, la relación que establece con la ciencia y la pedagogía se reconoce como un legado de la humanidad, es un bien de la cultura, y eso no se pone de cualquier manera. No vamos a hacer manifestaciones para que reconozcan los maestros, sino que vamos a trabajar en la formación de los maestros como intelectuales constructores de humanidad. También es cierto que se requiere reconocimiento con mejores salarios y con condiciones de trabajo más dignas. Y en eso hay mucho por hacer, los maestros tendrán que organizarse en varios sentidos novedosos, para que no sea en un orden gremial limitado, sino que sea también la configuración de un ethos propio y de nichos académicos que los hagan florecer cada vez más ante la sociedad.


¿Cómo potenciar la presencia en las regiones?


-La Facultad de Educación tiene un lugar destacado en regionalización, con las siete licenciaturas en matemáticas, matemáticas-física, ciencias naturales y educación ambiental, humanidades-lengua castellana, ciencias sociales, pedagogía infantil y educación especial; los programas de extensión y los cursos remediales para que los bachilleres consideren en su horizonte de vida la educación superior. Y para nosotros es fundamental el trabajo preventivo, es decir, nosotros tenemos que influir en la formación de los maestros en las regiones, trabajo que ya está instalado pero al que hay que seguirle apuntando porque es de largo aliento.


¿Cómo aprovechar mejor el uso de las nuevas tecnologías?


-En la Universidad tenemos casos particulares con propuestas muy buenas, como la línea del doctorado en educación sobre didáctica y nuevas tecnologías con un maravilloso trabajo desarrollado por los profesores Octavio Henao y Doris Adriana Ramírez. Pero lo cierto es que en la Universidad las diversas propuestas con nuevas tecnologías no logran todo el impacto que quisiéramos, en parte porque el acceso es limitado y la infraestructura en las regiones no es la óptima. En la Facultad, en particular, intentamos que nuestros proyectos de extensión incluyan un componente de virtualidad, articular con la Vicerrectoría de Docencia para que en todas las licenciaturas hayan al menos dos cursos montados en la red, amén del trabajo con emprendimiento. (LJLB)


Apartes del discurso de posesión de la profesora Marta Lorena Salinas Salazar en el decanato de la Facultad de Educación

La dura y complicada situación del país, ese entorno cotidiano y dramático que insiste en arrastrarnos hacia el escepticismo, es el contexto en el cual tenemos que dar un debate sobre la educación y sobre la formación de maestros. Más allá de configurar un cuadro de referencia desde donde mirar el impacto, las múltiples incidencias o las repercusiones calamitosas sobre la educación colombiana que la época supone, propongo demandar su comprensión y discernimiento para hacer posible la compleja lectura de su articulación con los avances o limitaciones de la formación de maestros en la Universidad.

Se trata, a mi juicio, de evitar la tendencia en ocasiones perversa, de responsabilizar a la educación de los males de la sociedad, o al contrario, a las patologías sociales de la inercia de la educación pues ese círculo vicioso no nos deja alternativa. Considero deseable, cuando menos, asumir el reto de repensar la relación sociedad - educación, y desde ahí proponer respuestas a interrogantes como éstos:

¿Cuál es el papel que le corresponde a la Facultad en la formación de ciudadanos libres y autónomos moral e intelectualmente? ¿Cuál es la función del maestro en el proceso de reconstrucción del ámbito de la democracia? ¿Cómo debe un maestro contextualizar el saber que enseña, para formar en la civilidad? ¿Cómo contribuir en una situación de crisis de las instituciones a una revaloración de la educación?

(:) el primer ejercicio para reconfirmar la naturaleza pedagógica de la Facultad de Educación y situarnos en la perspectiva de la formación de un sujeto de saber, es preparar las condiciones para pensar la Facultad en colectivo. Pensar es una forma de superar el miedo, la desidia, la debilidad, los tropiezos. Pensar es una acción que permite imaginar, visionar, y proyectar. Por ello, pensar la Facultad es un escenario para considerar las relaciones, los límites, las formas y los medios. Es trabajar en procura de acompasar los ritmos temporales, comprender el devenir de los acontecimientos, apropiarse de proyectos y de iniciativas, buscar caminos.

Las expectativas que asocio con este día, me permiten dar un paso más allá. Reconocer que además de intelectuales de la pedagogía, nuestros maestros son ciudadanos. Ello nos pone en el debate contemporáneo sobre la formación ciudadana que hace visibles las limitaciones del universalismo, el individualismo y la homogeneidad propios de los enfoques clásicos, así como el reduccionismo que significa seguir asociando la ciudadanía a una identidad construida en el marco del Estado-nación, que suponía una estructura de derechos universales confeccionados y otorgados por el Estado a los ciudadanos.

Propongo aceptar el desafío de abordar enfoques interpretativos e interculturales que permitan comprender las diversas rutas de construcción de la ciudadanía, debate que le compete de manera directa a la escuela en su función de proyecto político cultural y como escenario de interacción. Creo firmemente que debemos situarnos en una perspectiva plural de ciudadanía como experiencia histórica inscrita en un horizonte de reconocimiento cultural, de inclusión política, de equidad y de justicia social.


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