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Juan Manuel Roca reta a la nueva ola

      
Para el poeta, galardonado recientemente con el premio José Lezama Lima, Casa de las Américas 2007, "el escritor debe preocuparse por todo, pero no puede descuidar su formación literaria; no basta con la intuición o con el rapto poético", asegura Roca, quien aconseja retomar a los grandes autores y nutrirse de ellos. <br/><br/>La generación 'baby boom', como él la denomina, "está formada en el cine y a veces se confunde y termina haciendo guiones". En su opinión hay escritores jóvenes que tiene la posibilidad de crecer como narradores, pero sostiene que la competencia no es generacional. <br/><br/>"Me parece que los grandes narradores de este país siguen siendo Germán Espinosa, Octavio Escobar, Julio Paredes, Tomás González, Evelio Rosero, Pablo Montoya, entre otros, que tienen una magnífica calidad narrativa", comenta el padre del poema arquitectónico. <br/><br/>"De manera que yo los veo a ellos como escritores jóvenes, aún cuando ya pasan los cuarenta, porque tienen una literatura muy fresca y muy bien construida en el lenguaje". <br/><br/>Para el autor de <span style=font-style: italic;>Memoria del agua</span> (1973), <span style=font-style: italic;>Luna de ciegos</span> (1975), <span style=font-style: italic;>Los ladrones nocturnos</span> (1977), S<span style=font-style: italic;>eñal de cuervos </span>(1979), <span style=font-style: italic;>Fabulario real</span> (1980), <span style=font-style: italic;>Antología poética (</span>1983), <span style=font-style: italic;>País secreto (primera edición,</span> 1987; segunda edición, 1988), <span style=font-style: italic;>Ciudadano de la noche</span> (1989), <span style=font-style: italic;>Pavana con el diablo</span> (1990),  <span style=font-style: italic;>Los cinco entierros de Pessoa</span> (2001), <span style=font-style: italic;>Arenga del que sueña</span> (2002), <span style=font-style: italic;>Esa maldita costumbre de morir </span>(novela, 2003), <span style=font-style: italic;>Cantar de lejanía </span>(2006) y <span style=font-style: italic;>El ángel sitiado </span>(2006), la literatura colombiana no se puede definir como una sola. <br/><br/>"Hay diferentes improntas. Todas van creando un gran fresco dentro del cuadro de la diversidad. Hay muchas maneras de ser escritor", dice. <br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;><br/>Realidad vs. ficción</span><br/><br/>Frente a los estilos, él: que decora con imágenes y claves sorpresivas su poesía, se declara intimista y social al mismo tiempo.<br/><br/>Aunque se desempeñó como director del Magazín Dominical del Periódico El Espectador por varios años, critica a muchos colegas suyos que se volvieron tan refractarios que se pasaron al periodismo. <br/><br/>"Estoy en oposición a la literatura puramente realista y naturalista -dice Juan Manuel Roca-, porque hay una literatura de ficción que me seduce mucho y no es necesariamente heredada por el realismo mágico de Gabo". <br/><br/>Para Roca: "hay un término medio en donde la ficción cumple con el deber de ennoblecer el lenguaje y de crear espacios diferentes a la realidad". <br/><br/>Si le tocara mirarse con los ojos de un tercero, trabajo que no es fácil, pero que procura hacerlo a diario manifiesta que en la andadura de su escritura fue encontrando una voz que no programó. <br/><br/>"Si comparo <span style=font-style: italic;>Memoria del agua </span>con mi última novela <span style=font-style: italic;>Las hipótesis de Nadia</span> creo que he tenido evoluciones e involuciones. A veces me interesó contar, otras cantar", puntualiza. <br/><br/>
Para el poeta, galardonado recientemente con el premio José Lezama Lima, Casa de las Américas 2007, "el escritor debe preocuparse por todo, pero no puede descuidar su formación literaria; no basta con la intuición o con el rapto poético", asegura Roca, quien aconseja retomar a los grandes autores y nutrirse de ellos.

La generación 'baby boom', como él la denomina, "está formada en el cine y a veces se confunde y termina haciendo guiones". En su opinión hay escritores jóvenes que tiene la posibilidad de crecer como narradores, pero sostiene que la competencia no es generacional.

"Me parece que los grandes narradores de este país siguen siendo Germán Espinosa, Octavio Escobar, Julio Paredes, Tomás González, Evelio Rosero, Pablo Montoya, entre otros, que tienen una magnífica calidad narrativa", comenta el padre del poema arquitectónico.

"De manera que yo los veo a ellos como escritores jóvenes, aún cuando ya pasan los cuarenta, porque tienen una literatura muy fresca y muy bien construida en el lenguaje".

Para el autor de Memoria del agua (1973), Luna de ciegos (1975), Los ladrones nocturnos (1977), Señal de cuervos (1979), Fabulario real (1980), Antología poética (1983), País secreto (primera edición, 1987; segunda edición, 1988), Ciudadano de la noche (1989), Pavana con el diablo (1990),  Los cinco entierros de Pessoa (2001), Arenga del que sueña (2002), Esa maldita costumbre de morir (novela, 2003), Cantar de lejanía (2006) y El ángel sitiado (2006), la literatura colombiana no se puede definir como una sola.

"Hay diferentes improntas. Todas van creando un gran fresco dentro del cuadro de la diversidad. Hay muchas maneras de ser escritor", dice.


Realidad vs. ficción


Frente a los estilos, él: que decora con imágenes y claves sorpresivas su poesía, se declara intimista y social al mismo tiempo.

Aunque se desempeñó como director del Magazín Dominical del Periódico El Espectador por varios años, critica a muchos colegas suyos que se volvieron tan refractarios que se pasaron al periodismo.

"Estoy en oposición a la literatura puramente realista y naturalista -dice Juan Manuel Roca-, porque hay una literatura de ficción que me seduce mucho y no es necesariamente heredada por el realismo mágico de Gabo".

Para Roca: "hay un término medio en donde la ficción cumple con el deber de ennoblecer el lenguaje y de crear espacios diferentes a la realidad".

Si le tocara mirarse con los ojos de un tercero, trabajo que no es fácil, pero que procura hacerlo a diario manifiesta que en la andadura de su escritura fue encontrando una voz que no programó.

"Si comparo Memoria del agua con mi última novela Las hipótesis de Nadia creo que he tenido evoluciones e involuciones. A veces me interesó contar, otras cantar", puntualiza.

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