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Los cazadores de libros

      
Su misión: perseguir una joya literaria hasta el último rincón del planeta. La más antigua data de 1539, un libro religioso. Ese fue un camello conseguirlo, cuenta Federico Henning de Templarios Librerías, especialista en la búsqueda de libros antiguos. <br/><br/>Como todo un cazador, tiene sus trofeos a la vista. Le gusta ostentarlos en la mano. Los más costosos en una vitrina con cerradura. <br/><br/> Allí reposa tranquila, esperando un comprador de bolsillos amplios, una edición de lujo del Quijote de la Mancha ilustrado por Montaner y Simón, impreso en 1930. Ese facilito puede valer un millón de pesos o si le digo más, dice. <br/><br/> Su especialidad son los 'especimenes raros': libros de la primera mitad del siglo XX hacia atrás. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> Cómo los consigue </span><br/>Muchos de los curiosos, como yo, que se acercan a mirar los anaqueles repletos de volúmenes de derecho, filosofía, teología e historia -con portadas que luchan con las inclemencias del tiempo-, se preguntan de dónde provienen las reliquias. <br/><br/> Según el cazador, es un secreto de Estado. Lo único que confiesa es que en varias oportunidades ha tenido que viajar por Suramérica, Europa y Estados Unidos detrás del rastro de una joya del siglo pasado. <br/><br/> Federico Henning se compara con Lucas Corso, el personaje principal de <span style=font-style: italic;>El club Dumas</span>, una novela de aventuras e intriga escrita por Arturo Pérez-Reverte en 1993. <br/><br/> Corso es un mercenario buscador de rarezas editoriales, que es contratado para autentificar un manuscrito que se atribuye a Alejandro Dumas. <br/><br/>Montado en la odisea le surge un segundo encargo: descubrir cuál es la copia auténtica de las tres existentes del libro<span style=font-style: italic;> De Umbrarum Regni Novem Portis </span>(Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras), que supuestamente contiene el método para invocar al diablo según los demoníacos. <br/><br/> Durante la investigación, Corso se cruza con extraños personajes incluyendo obsesionados bibliófilos, seguidores del diablo y una inquietante mujer fatal. Las investigaciones discurren en Madrid, Sintra, París y Toledo, donde se suceden intrigantes sucesos y asesinatos. <br/><br/> Si bien en la vida real no se conoce oficialmente sobre crímenes por culpa de libros antiguos, el cazador Henning asegura que hay muchos coleccionistas de libros en el país. Yo personalmente conozco un señor que tiene 100 mil volúmenes en su biblioteca personal. ¿Será posible? <br/><br/> Según él, todo depende del calibre del papel. Los que son en papel cebolla, el más fino y aunque es delgado no es traslucido, pueden tener aparatemente menos páginas que un libro normal. <br/><br/> En las obras completas de León Tostoi, por ejemplo, un libro en papel normal puede tener 1.564 páginas, mientras en papel cebolla podría superar las 1.900. Sin embargo, se ve gordo el primero. <br/><br/> En estos años de travesías, buscando tesoros que solo con señas de amigos puede llegar a ellos, lo obsesiona una gema, posiblemente envuelta en cuero. Un códice de 1459. <br/><br/>Aquellas hojas rectangulares de pergamino o de papiro, que algunos solo hemos visto en los libros de Historia o a través de la Nacional Geographic, y que se escribían con frecuencia por ambas caras de sus hojas (opistógrafas). <br/><br/> Federico Henning, de Templarios Librerías, se tiene fe. Para él,no hay libro difícil de conseguir, es cuestión de saber cómo llegar a él. Puede que me tarde un año o dos. Créame -me dice- si usted regresa por esa época lo verá en aquella vitrina de la esquina. <br/><br/>
Su misión: perseguir una joya literaria hasta el último rincón del planeta. La más antigua data de 1539, un libro religioso. "Ese fue un camello conseguirlo", cuenta Federico Henning de Templarios Librerías, especialista en la búsqueda de libros antiguos.

Como todo un cazador, tiene sus trofeos a la vista. Le gusta ostentarlos en la mano. Los más costosos en una vitrina con cerradura.

Allí reposa tranquila, esperando un comprador de bolsillos amplios, una edición de lujo del Quijote de la Mancha ilustrado por Montaner y Simón, impreso en 1930. "Ese facilito puede valer un millón de pesos o si le digo más", dice.

Su especialidad son los 'especimenes raros': libros de la primera mitad del siglo XX hacia atrás.

Cómo los consigue
Muchos de los curiosos, como yo, que se acercan a mirar los anaqueles repletos de volúmenes de derecho, filosofía, teología e historia -con portadas que luchan con las inclemencias del tiempo-, se preguntan de dónde provienen las reliquias.

Según el cazador, "es un secreto de Estado". Lo único que confiesa es que en varias oportunidades ha tenido que viajar por Suramérica, Europa y Estados Unidos detrás del rastro de una joya del siglo pasado.

Federico Henning se compara con Lucas Corso, el personaje principal de El club Dumas, una novela de aventuras e intriga escrita por Arturo Pérez-Reverte en 1993.

Corso es un mercenario buscador de rarezas editoriales, que es contratado para autentificar un manuscrito que se atribuye a Alejandro Dumas.

Montado en la odisea le surge un segundo encargo: descubrir cuál es la copia auténtica de las tres existentes del libro De Umbrarum Regni Novem Portis (Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras), que supuestamente contiene el método para invocar al diablo según los demoníacos.

Durante la investigación, Corso se cruza con extraños personajes incluyendo obsesionados bibliófilos, seguidores del diablo y una inquietante mujer fatal. Las investigaciones discurren en Madrid, Sintra, París y Toledo, donde se suceden intrigantes sucesos y asesinatos.

Si bien en la vida real no se conoce oficialmente sobre crímenes por culpa de libros antiguos, el cazador Henning asegura que hay muchos coleccionistas de libros en el país. "Yo personalmente conozco un señor que tiene 100 mil volúmenes en su biblioteca personal". ¿Será posible?

Según él, todo depende del calibre del papel. "Los que son en papel cebolla, el más fino y aunque es delgado no es traslucido, pueden tener aparatemente menos páginas que un libro normal".

En las obras completas de León Tostoi, por ejemplo, un libro en papel normal puede tener 1.564 páginas, mientras en papel cebolla podría superar las 1.900. "Sin embargo, se ve gordo el primero".

En estos años de travesías, buscando tesoros que solo con señas de amigos puede llegar a ellos, lo obsesiona una gema, posiblemente envuelta en cuero. Un códice de 1459.

Aquellas hojas rectangulares de pergamino o de papiro, que algunos solo hemos visto en los libros de Historia o a través de la Nacional Geographic, y que se escribían con frecuencia por ambas caras de sus hojas (opistógrafas).

Federico Henning, de Templarios Librerías, se tiene fe. Para él,"no hay libro difícil de conseguir, es cuestión de saber cómo llegar a él. Puede que me tarde un año o dos. Créame -me dice- si usted regresa por esa época lo verá en aquella vitrina de la esquina".

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