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Internet, las universidades y el monopolio del conocimiento

      
Las empresas, las instituciones, los individuos proyectan sus esferas de saber con poderosas y eficientes herramientas en un marco caracterizado por el debilitamiento de las distancias geográficas y animados por la inmediatez en el acceso de la información.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>La digitalización de libros, wikipedia, videos, blogs</span><br/><br/> En apenas tres años Google y Microsoft tendrán digitalizados más volúmenes de libros que los atesorados por las bibliotecas de las mejores universidades del mundo. Sus cometidos o razones empresariales pareces muy lejanos a los de una universidad o institución educativa. Pero la realidad es que hoy por hoy ambos se disputan el privilegio de tener en sus servidores millones de libros digitalizados, disponibles en cualquier parte del planeta. En pocos años, no serán las bibliotecas de las universidades las que alberguen la mayoría de las obras, sino los servidores de Google.<br/><br/> Un estudiante español de secundaria quizás no esté familiarizado con casi ninguna publicación universitaria, pero con total seguridad habrá recurrido a la "wiki" para solucionar alguna duda de historia, geografía, literatura, filosofía, etc. Y aunque algunos universitarios dudan de su calidad o fiabilidad, lo cierto es que esta obra colectiva y anónima ya es utilizada por millones de personas al día para satisfacer necesidades de información. <br/><br/>No es ningún secreto que muchos universitarios, que se dejan llevar pasivamente por los desvelos de los guardianes de su propia propiedad intelectual, son muy activos en la redacción de páginas anónimas y desinteresadas en la wikipedia. La Fundación que promueve este proyecto colectivo universal indica que ya son 184.000 artículos (versión española) los existentes y acapara donaciones ya próximas al millón de dólares procedentes de modestas aportaciones individuales en su mayor parte.<br/><br/> La wiki no es un caso aislado. Excelentes profesionales crean en cuestión de minutos blogs especializados que resultan valiosísimos para muchas personas interesadas en estar al día en temas de muy diversa índole científica o profesional. Hace poco leía un interesante artículo de Paul Harris en The Guardian titulado "<a href=https://observer.guardian.co.uk/magazine/story/0,,1965689,00.html target=_blank>Hurricane Arianna</a>", contando como el Blog de Arianna Huffington, el <a href=https://www.huffingtonpost.com/ target=_blank>Huffington Post</a>, sobrepasaba en tráfico a los medios tradicionales, siendo actualmente el 5º sitio más visitado en los Estados Unidos<br/><br/> El trabajo colaborativo, la diversidad de herramientas (el vídeo y el fenómeno de <a href=https://www.youtube.com/ target=_blank>Youtube</a>, es realmente interesante) se superan diariamente en un ejercicio universal de dinamismo, frescura y flexibilidad a la hora de adaptar las herramientas y los contenidos a las preferencias de los usuarios.<br/><br/> La propia información existente actualmente en la red de todo tipo, repartida en servidores distribuidos en todo el mundo, es jerarquizada de forma satisfactoria para muchos usuarios que recurren y confían en los buscadoresa la hora de jerarquizar y ordenar la información demandada. Aunque se discute la calidad o fiabilidad de muchas de las fuentes de información existentes, su gratuidad y permanente disponibilidad están creando una notable dependencia de los usuarios.<br/><br/> Un ejemplo de las consecuencias de la citada dependencia la padecen algunos diarios de todo el mundo que ensayaron a principios de la década fórmulas de acceso restringido o de pago. Como es conocido hace unos cinco años el diario <a href=https://www.elpais.com/ target=_blank>elpais.com</a> optó por cerrar su edición y permitir sus acceso únicamente a través de pago. Tras ya un par de años de abandonar un modelo sin perspectivas y volver al libre acceso y la gratuidad, el citado diario online le cuesta recuperar el liderazgo que le corresponde en su equivalente en papel, pese a los muchos y relevantes esfuerzos realizados a favor de lograrlo.<br/><br/> Algunos gobiernos, conscientes de la nueva era que impone Internet se apresuran a abrir sus parcelas de información relevante -¿quizás el preámbulo para hacerlo con el conocimiento?- y facilitarla a los ciudadanos en materias como la salud y la alimentación, la salud preventiva, en algunos casos facilitando información sobre avances en investigaciones de centros de excelencia de las mejores universidades (ver en español <a target=_blank href=https://www.euroresidentes.com/Blogs/alimentos-salud/alimentacion-salud.html>alimentación y salud</a>). Desde la esferas gubernamentales desempolvan los conocimientos útiles en materia de salud y alimentación de los grandes centros de investigación para difundirlos con éxito entre amplias masas de usuarios.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br style=font-weight: bold;/>Las universidades, el conocimiento cerrado, los sanedrines académicos</span><br/><br/> Así las cosas, cabría reflexionar si las universidades están siendo diligentes a la hora de asimilar los avances que Internet proporciona. La inmediatez en la edición, publicación y distribución (procesos tradicionalmente lentos), la gratuidad y libre acceso, la apertura a la creación de comunidades de expertos más amplias, la transparencia de los procesos, la opinión de un gran número de usuarios finales… No parece que sean planteamientos que las universidades estén digiriendo bien.<br/><br/> Sin duda, el conocimiento requiere de atenciones, cuidados y de mentes preparadas y privilegiadas que lo administren, desarrollen y difundan… Pero si fuéramos capaces de observar con mentalidad crítica nuestras actuaciones quizás identificáramos un excesivo celo en cerrar el conocimiento, fomentar círculos excesivamente restringidos, propiciar complicidades de intereses demasiado evidentes y banales más allá de la calidad y productividad social del conocimiento.<br/><br/> En esta nueva era, Internet impone condiciones y hábitos que las universidades deberíamos intentar interpretar y adaptar a nuestras fórmulas, filtros y exigencias de rigor. Las metodologías que garantizan la fiabilidad y solidez del conocimiento no están reñidas -puede que todo lo contrario- con herramientas que favorezcan la apertura y acceso al conocimiento, la capacidad de terceros cualificados de debatir, aportar o rectificar postulados y propuestas.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Conocimiento abierto, conocimiento competitivo</span><br/><br/> En economía cerrar es sinónimo de planteamientos autárquicos, de atraso, falta de competitividad y regresión en los modelos. Las aperturas y liberalizaciones económicas se corresponden con la competitividad, el crecimiento productivo y la solidez de los modelos.<br/><br/> Un conocimiento excesiva e innecesariamente cerrado propiciará un alejamiento de muchos de los círculos a los que potencialmente puede ir destinado. Un conocimiento abierto, más allá de las exigencias cómplices de determinados sanedrines, determinará de entrada un mayor compromiso de calidad y de "competitividad" y, casi con toda seguridad, de relevancia.<br/><br/> Lo más preocupante al respecto es el palpable conformismo y la ausencia de debate sobre estos temas en el ámbito universitario. Incluso en las actuales polémicas sobre la propiedad intelectual parece como si las universidades y los universitarios fueran una parte muy marginal entre las posiciones de editores, las sorprendentes políticas conservadoras de las administraciones públicas y las iniciativas de algunas comunidades en Internet.<br/><br/> De seguir así, quizás algún día no muy lejano perdamos el monopolio…<br/><br/><br/>
Las empresas, las instituciones, los individuos proyectan sus esferas de saber con poderosas y eficientes herramientas en un marco caracterizado por el debilitamiento de las distancias geográficas y animados por la inmediatez en el acceso de la información.


La digitalización de libros, wikipedia, videos, blogs


En apenas tres años Google y Microsoft tendrán digitalizados más volúmenes de libros que los atesorados por las bibliotecas de las mejores universidades del mundo. Sus cometidos o razones empresariales pareces muy lejanos a los de una universidad o institución educativa. Pero la realidad es que hoy por hoy ambos se disputan el privilegio de tener en sus servidores millones de libros digitalizados, disponibles en cualquier parte del planeta. En pocos años, no serán las bibliotecas de las universidades las que alberguen la mayoría de las obras, sino los servidores de Google.

Un estudiante español de secundaria quizás no esté familiarizado con casi ninguna publicación universitaria, pero con total seguridad habrá recurrido a la "wiki" para solucionar alguna duda de historia, geografía, literatura, filosofía, etc. Y aunque algunos universitarios dudan de su calidad o fiabilidad, lo cierto es que esta obra colectiva y anónima ya es utilizada por millones de personas al día para satisfacer necesidades de información.

No es ningún secreto que muchos universitarios, que se dejan llevar pasivamente por los desvelos de los guardianes de su propia propiedad intelectual, son muy activos en la redacción de páginas anónimas y desinteresadas en la wikipedia. La Fundación que promueve este proyecto colectivo universal indica que ya son 184.000 artículos (versión española) los existentes y acapara donaciones ya próximas al millón de dólares procedentes de modestas aportaciones individuales en su mayor parte.

La wiki no es un caso aislado. Excelentes profesionales crean en cuestión de minutos blogs especializados que resultan valiosísimos para muchas personas interesadas en estar al día en temas de muy diversa índole científica o profesional. Hace poco leía un interesante artículo de Paul Harris en The Guardian titulado "Hurricane Arianna", contando como el Blog de Arianna Huffington, el Huffington Post, sobrepasaba en tráfico a los medios tradicionales, siendo actualmente el 5º sitio más visitado en los Estados Unidos

El trabajo colaborativo, la diversidad de herramientas (el vídeo y el fenómeno de Youtube, es realmente interesante) se superan diariamente en un ejercicio universal de dinamismo, frescura y flexibilidad a la hora de adaptar las herramientas y los contenidos a las preferencias de los usuarios.

La propia información existente actualmente en la red de todo tipo, repartida en servidores distribuidos en todo el mundo, es jerarquizada de forma satisfactoria para muchos usuarios que recurren y confían en los buscadoresa la hora de jerarquizar y ordenar la información demandada. Aunque se discute la calidad o fiabilidad de muchas de las fuentes de información existentes, su gratuidad y permanente disponibilidad están creando una notable dependencia de los usuarios.

Un ejemplo de las consecuencias de la citada dependencia la padecen algunos diarios de todo el mundo que ensayaron a principios de la década fórmulas de acceso restringido o de pago. Como es conocido hace unos cinco años el diario elpais.com optó por cerrar su edición y permitir sus acceso únicamente a través de pago. Tras ya un par de años de abandonar un modelo sin perspectivas y volver al libre acceso y la gratuidad, el citado diario online le cuesta recuperar el liderazgo que le corresponde en su equivalente en papel, pese a los muchos y relevantes esfuerzos realizados a favor de lograrlo.

Algunos gobiernos, conscientes de la nueva era que impone Internet se apresuran a abrir sus parcelas de información relevante -¿quizás el preámbulo para hacerlo con el conocimiento?- y facilitarla a los ciudadanos en materias como la salud y la alimentación, la salud preventiva, en algunos casos facilitando información sobre avances en investigaciones de centros de excelencia de las mejores universidades (ver en español alimentación y salud). Desde la esferas gubernamentales desempolvan los conocimientos útiles en materia de salud y alimentación de los grandes centros de investigación para difundirlos con éxito entre amplias masas de usuarios.


Las universidades, el conocimiento cerrado, los sanedrines académicos


Así las cosas, cabría reflexionar si las universidades están siendo diligentes a la hora de asimilar los avances que Internet proporciona. La inmediatez en la edición, publicación y distribución (procesos tradicionalmente lentos), la gratuidad y libre acceso, la apertura a la creación de comunidades de expertos más amplias, la transparencia de los procesos, la opinión de un gran número de usuarios finales… No parece que sean planteamientos que las universidades estén digiriendo bien.

Sin duda, el conocimiento requiere de atenciones, cuidados y de mentes preparadas y privilegiadas que lo administren, desarrollen y difundan… Pero si fuéramos capaces de observar con mentalidad crítica nuestras actuaciones quizás identificáramos un excesivo celo en cerrar el conocimiento, fomentar círculos excesivamente restringidos, propiciar complicidades de intereses demasiado evidentes y banales más allá de la calidad y productividad social del conocimiento.

En esta nueva era, Internet impone condiciones y hábitos que las universidades deberíamos intentar interpretar y adaptar a nuestras fórmulas, filtros y exigencias de rigor. Las metodologías que garantizan la fiabilidad y solidez del conocimiento no están reñidas -puede que todo lo contrario- con herramientas que favorezcan la apertura y acceso al conocimiento, la capacidad de terceros cualificados de debatir, aportar o rectificar postulados y propuestas.


Conocimiento abierto, conocimiento competitivo


En economía cerrar es sinónimo de planteamientos autárquicos, de atraso, falta de competitividad y regresión en los modelos. Las aperturas y liberalizaciones económicas se corresponden con la competitividad, el crecimiento productivo y la solidez de los modelos.

Un conocimiento excesiva e innecesariamente cerrado propiciará un alejamiento de muchos de los círculos a los que potencialmente puede ir destinado. Un conocimiento abierto, más allá de las exigencias cómplices de determinados sanedrines, determinará de entrada un mayor compromiso de calidad y de "competitividad" y, casi con toda seguridad, de relevancia.

Lo más preocupante al respecto es el palpable conformismo y la ausencia de debate sobre estos temas en el ámbito universitario. Incluso en las actuales polémicas sobre la propiedad intelectual parece como si las universidades y los universitarios fueran una parte muy marginal entre las posiciones de editores, las sorprendentes políticas conservadoras de las administraciones públicas y las iniciativas de algunas comunidades en Internet.

De seguir así, quizás algún día no muy lejano perdamos el monopolio…


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