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El tan menospreciado aprendizaje memorístico

      
Esto me lleva a preguntarme ¿será desconocimiento? ¿No es importante para algunos pedagogos la relación entre los procesos nmésicos y procesos educativos y a su vez estos no son importantes en procesos de aprendizaje y menos de enseñanza? Me propongo entonces la tarea de recordarles más no enseñarles, para no herir egos académicos, algunos principios que comprometen los procesos de memoria y aprendizaje, con el ánimo de que a quien le interese se valga de ellos e inicie una rigurosa fundamentación en la sistematización de sus experiencias en ámbitos educativos.<br/><br/> Los humanos, como la mayoría de los animales, poseemos un complejo sistema nervioso que regula el funcionamiento de nuestro organismo y la comunicación con el mundo exterior. Gracias al sistema nervioso somos capaces de organizar las experiencias pasadas como "memoria", con el propósito de buscar mejores adaptaciones con el medio. Estos procesos están lejos de ocurrir a través de un simple procesamiento de datos en regiones restringidas de nuestro cerebro. Por el contrario estudios experimentales en las últimas décadas nos relatan un panorama diferente, según el cual:<br/><br/> - una parte de las estructuras cerebrales actúan de forma conjunta y complementaria, para sustentar los diversos procesos de memoria y aprendizaje, y<br/><br/> - dichos procesos están estrechamente ligados al estado emocional del individuo.<br/><br/> Es entonces, la memoria una de las facultades superiores del ser humano, porque recordar lo acontecido y conservar este compendio de saberes para su posterior uso ha sido casi desde siempre un reto para la humanidad. En realidad, somos, en gran parte, herencia de lo que nuestros antecesores fueron. Y en muchas decisiones que adoptamos, consciente o inconscientemente, utilizamos nuestra memoria, es decir, lo que pensamos, hicimos o vivimos con anterioridad.<br/><br/> La memoria como bien absoluto ha sido también cuestionada, se ha dicho de ella incluso que es "la inteligencia de los torpes". Probablemente, este menosprecio esté vinculado a ciertos comportamientos y métodos de estudio basados en el almacenamiento mecánico, casi indiscriminado y basado en la repetición, de enormes cantidades de información, sin que la comprensión de los contenidos merezca el valor estratégico que representa entender lo que se memoriza. Mirar así la memoria es menospreciar los campos cerebrales implicados.<br/><br/> La memoria, ligada a la inteligencia y convenientemente estimulada, resulta imprescindible en nuestra vida de seres racionales que actúan tomando decisiones en las que no sólo interviene el impulso o la intuición sino también la capacidad de pensar, indisolublemente unida a la de reflexionar trayendo a colación los recuerdos, tanto los recientes como los más lejanos en el tiempo, precisamente mediante la memoria. Poseer una suficiente capacidad de memoria es, por tanto, esencial para una vida inteligente.<br/><br/> Muchos estudios muestran que la memoria se forma mediante el mismo mecanismo de silenciamiento de genes que se da en el desarrollo embrionario. Este hallazgo podría sentar las bases para nuevos tratamientos de enfermedades mentales. El ser humano depende de sus recuerdos. Somos, en buena medida, lo que nos ha pasado, nuestras experiencias, nuestra memoria. Saber cómo se forma la memoria en el cerebro humano no es sencillo, aunque cada vez nos acercamos un poco más a saber la esencia de nosotros mismos.<br/><br/> Grandes zonas cerebrales, millones y millones de neuronas, igual o mayor cantidad de células gliales, cantidades incalculables de inervaciones o contactos sinápticos, amplios volúmenes de neurotransmisores y neuromoduladores, interacción con programas genéticos y complejos procesos moleculares y fisiológicos con sus respectivos sustratos, son participes activos de los procesos de memoria y aprendizajes memorísticos constituyendo así toda una secuencia de eventos ionotrópicos para memoria a corto plazo y metabotrópicos para memoria a largo plazo regulan la integración de funciones y capacitan a los seres humanos para su adaptación y relación con el medio interno y externo. Por ejemplo, desde las bases moleculares y celulares y a través de procedimientos experimentales se ha podido demostrar la presencia de calcio extracelular como un ión indispensable para la inducción a la consolidación de procesos de memoria a largo plazo. Igualmente se ha podido observar que estos procesos se asocian a un incremento, al menos transitorio en los niveles de calcio intracelular. <br/><br/> Este incremento puede ser conseguido a través de la despolarización que posibilitarían, en canales calcio dependientes, la entrada del catión y el aumento de su concentración intracelular. También se ha sugerido un amplio repertorio de segundos mensajeros implicados en la consolidación de procesos de memoria a largo plazo, aunque los que vienen aguantando mejor la prueba del tiempo son algunas quinasas.<br/><br/> ¿Será que la naturaleza, en vano, ha destinado e invertido en este complejo sin ninguna razón ni consideración? o como escribía José M. Delgado G., eminente neurocientífico, "para qué mover la cabeza si movemos los ojos". Dejemos, al menos poco a poco, de satanizar la memoria.<br/><br/><span style=font-weight: bold; font-style: italic;>*</span><span style=font-style: italic;> Especialista en Informática Educativa,  Magíster en Educación, Magíster en Fisiología y PhD. en Neurociencia y Biología del Comportamiento.<br/><br/></span>
Esto me lleva a preguntarme ¿será desconocimiento? ¿No es importante para algunos pedagogos la relación entre los procesos nmésicos y procesos educativos y a su vez estos no son importantes en procesos de aprendizaje y menos de enseñanza? Me propongo entonces la tarea de recordarles más no enseñarles, para no herir egos académicos, algunos principios que comprometen los procesos de memoria y aprendizaje, con el ánimo de que a quien le interese se valga de ellos e inicie una rigurosa fundamentación en la sistematización de sus experiencias en ámbitos educativos.

Los humanos, como la mayoría de los animales, poseemos un complejo sistema nervioso que regula el funcionamiento de nuestro organismo y la comunicación con el mundo exterior. Gracias al sistema nervioso somos capaces de organizar las experiencias pasadas como "memoria", con el propósito de buscar mejores adaptaciones con el medio. Estos procesos están lejos de ocurrir a través de un simple procesamiento de datos en regiones restringidas de nuestro cerebro. Por el contrario estudios experimentales en las últimas décadas nos relatan un panorama diferente, según el cual:

- una parte de las estructuras cerebrales actúan de forma conjunta y complementaria, para sustentar los diversos procesos de memoria y aprendizaje, y

- dichos procesos están estrechamente ligados al estado emocional del individuo.

Es entonces, la memoria una de las facultades superiores del ser humano, porque recordar lo acontecido y conservar este compendio de saberes para su posterior uso ha sido casi desde siempre un reto para la humanidad. En realidad, somos, en gran parte, herencia de lo que nuestros antecesores fueron. Y en muchas decisiones que adoptamos, consciente o inconscientemente, utilizamos nuestra memoria, es decir, lo que pensamos, hicimos o vivimos con anterioridad.

La memoria como bien absoluto ha sido también cuestionada, se ha dicho de ella incluso que es "la inteligencia de los torpes". Probablemente, este menosprecio esté vinculado a ciertos comportamientos y métodos de estudio basados en el almacenamiento mecánico, casi indiscriminado y basado en la repetición, de enormes cantidades de información, sin que la comprensión de los contenidos merezca el valor estratégico que representa entender lo que se memoriza. Mirar así la memoria es menospreciar los campos cerebrales implicados.

La memoria, ligada a la inteligencia y convenientemente estimulada, resulta imprescindible en nuestra vida de seres racionales que actúan tomando decisiones en las que no sólo interviene el impulso o la intuición sino también la capacidad de pensar, indisolublemente unida a la de reflexionar trayendo a colación los recuerdos, tanto los recientes como los más lejanos en el tiempo, precisamente mediante la memoria. Poseer una suficiente capacidad de memoria es, por tanto, esencial para una vida inteligente.

Muchos estudios muestran que la memoria se forma mediante el mismo mecanismo de silenciamiento de genes que se da en el desarrollo embrionario. Este hallazgo podría sentar las bases para nuevos tratamientos de enfermedades mentales. El ser humano depende de sus recuerdos. Somos, en buena medida, lo que nos ha pasado, nuestras experiencias, nuestra memoria. Saber cómo se forma la memoria en el cerebro humano no es sencillo, aunque cada vez nos acercamos un poco más a saber la esencia de nosotros mismos.

Grandes zonas cerebrales, millones y millones de neuronas, igual o mayor cantidad de células gliales, cantidades incalculables de inervaciones o contactos sinápticos, amplios volúmenes de neurotransmisores y neuromoduladores, interacción con programas genéticos y complejos procesos moleculares y fisiológicos con sus respectivos sustratos, son participes activos de los procesos de memoria y aprendizajes memorísticos constituyendo así toda una secuencia de eventos ionotrópicos para memoria a corto plazo y metabotrópicos para memoria a largo plazo regulan la integración de funciones y capacitan a los seres humanos para su adaptación y relación con el medio interno y externo. Por ejemplo, desde las bases moleculares y celulares y a través de procedimientos experimentales se ha podido demostrar la presencia de calcio extracelular como un ión indispensable para la inducción a la consolidación de procesos de memoria a largo plazo. Igualmente se ha podido observar que estos procesos se asocian a un incremento, al menos transitorio en los niveles de calcio intracelular.

Este incremento puede ser conseguido a través de la despolarización que posibilitarían, en canales calcio dependientes, la entrada del catión y el aumento de su concentración intracelular. También se ha sugerido un amplio repertorio de segundos mensajeros implicados en la consolidación de procesos de memoria a largo plazo, aunque los que vienen aguantando mejor la prueba del tiempo son algunas quinasas.

¿Será que la naturaleza, en vano, ha destinado e invertido en este complejo sin ninguna razón ni consideración? o como escribía José M. Delgado G., eminente neurocientífico, "para qué mover la cabeza si movemos los ojos". Dejemos, al menos poco a poco, de satanizar la memoria.

* Especialista en Informática Educativa,  Magíster en Educación, Magíster en Fisiología y PhD. en Neurociencia y Biología del Comportamiento.

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