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En la Nacional, las ventas ambulantes ya se equiparan a las del centro de Bogotá

      
Para la directora de Bienestar de la Universidad Nacional (UN), Martha Devia, esto es un problema que ha sido muy difícil de controlar, a pesar de la reglamentación que tienen hace más de 20 años.<br/><br/>La venta de alimentos y bebidas inició como una necesidad, porque la UN no contaba con lugares que le brindaran a los estudiantes alternativas durante su permanencia en el campus. Muchos estudiantes vieron en esta necesidad una oportunidad para tener ingresos adicionales que solucionaran sus problemas financieros.<br/><br/>Sin embargo, la UN adaptó espacios para la venta de comida, que cumplieran normas establecidas para cafeterías y, mediante convocatoria pública, los adjudicó a algún administrador y proveedor de alimentos, al tiempo que se inició la exploración de alternativas para que los estudiantes pudieran mejorar sus ingresos trabajando en la Universidad, en actividades académicas. <br/><br/>En 1985 se expidió la Resolución número 299 en la que se prohíbe cualquier tipo de venta o expendio ambulante dentro de la Universidad, pero los jardines, andenes y pasillos internos de las facultades, poco a poco, se fueron llenando de vendedores ambulantes.<br/><br/>Luego, en 1994, se aprobó el Acuerdo 94, en el cual se ratifica la anterior resolución y se dispone que cualquier forma de auxilio a las ventas ambulantes o estacionarias no autorizadas por autoridad competente dentro de la Ciudad Universitaria por parte del personal académico, personal administrativo, trabajadores oficiales o contratistas de la Universidad, constituirá falta grave.<br/><br/>La Universidad hizo un censo de la población de vendedores ambulantes y en el camino los directores de bienestar de las diferentes facultades se dieron cuenta de que la presión sobre los jóvenes que hablaban de sus condiciones y sobre quienes se acercaban a ellos, era muy alta.<br/><br/>El proceso tuvo que ser detenido porque los otros estudiantes estaban señalando a sus compañeros y a quienes querían averiguar quiénes vendían para hacerles represión.<br/><br/>A algunos de los estudiantes que se identificaron se les ubicó en programas de bienestar y dejaron de vender. Pero otros no dejaron del todo el 'negocio' y compartieron el 'trabajo' con sus primos, compañeros y amigos. <br/><br/>Para la profesora, Martha Devia, la razón es que el negocio de la venta da mucho más de lo que podemos darle a un estudiante en apoyos económicos. Nosotros podemos darle un almuerzo, al día, y trabajo para que gane dinero para buses o fotocopias, dijo.<br/><br/>Aunque las normas establecidas para la convivencia de la comunidad universitaria son conocidas por todos, el número de vendedores ha aumentado y la UN no ha optado por las medidas restrictivas para evitarlo. <br/><br/>El problema es que actualmente hay una especie de mafias de venta de minutos a celular que le pagan a los estudiantes por vender dentro del campus, afirmó Devia.<br/><br/>Esta situación ha convertido el tema de los vendedores ambulantes en un caso de orden público, con el que la convivencia y la armonía de la UN se ve comprometida y amenazada. <br/><br/>Para la docente, ya es el momento la toda la comunidad universitaria piense en que este es un problema de todos y que hay que resolverlo. <br/><br/>Es muy difícil hacer una campaña para que la gente no compre. Es lo mismo que la piratería, esto es algo que es muy difícil de manejar si la gente no está conciente de que esto no es algo que deba pasar en una comunidad. No se entiende que esto es de control de todos y que es un problema de todos. Llegó el momento de discutirlo, dijo.<br/><br/>Finalmente, la profesora enfatizó que es importante que los estudiantes tengan conciencia sobre su principal objetivo dentro de la Universidad.<br/><br/>Ellos vienen a la UN a estudiar, no tienen porque venir a ser vendedores ambulantes. Si los estudiantes tienen necesidades de trabajo, debemos buscar las posibilidades y opciones para proveerlos de algún tipo de trabajo que los apoye de alguna manera para que ellos no tengan que hacerlo, manifestó Devia.<br/><br/>
Para la directora de Bienestar de la Universidad Nacional (UN), Martha Devia, esto es un problema que ha sido muy difícil de controlar, a pesar de la reglamentación que tienen hace más de 20 años.

La venta de alimentos y bebidas inició como una necesidad, porque la UN no contaba con lugares que le brindaran a los estudiantes alternativas durante su permanencia en el campus. Muchos estudiantes vieron en esta necesidad una oportunidad para tener ingresos adicionales que solucionaran sus problemas financieros.

Sin embargo, la UN adaptó espacios para la venta de comida, que cumplieran normas establecidas para cafeterías y, mediante convocatoria pública, los adjudicó a algún administrador y proveedor de alimentos, al tiempo que se inició la exploración de alternativas para que los estudiantes pudieran mejorar sus ingresos trabajando en la Universidad, en actividades académicas.

En 1985 se expidió la Resolución número 299 en la que se prohíbe cualquier tipo de venta o expendio ambulante dentro de la Universidad, pero los jardines, andenes y pasillos internos de las facultades, poco a poco, se fueron llenando de vendedores ambulantes.

Luego, en 1994, se aprobó el Acuerdo 94, en el cual se ratifica la anterior resolución y se dispone que cualquier forma de auxilio a las ventas ambulantes o estacionarias no autorizadas por autoridad competente dentro de la Ciudad Universitaria por parte del personal académico, personal administrativo, trabajadores oficiales o contratistas de la Universidad, constituirá falta grave.

La Universidad hizo un censo de la población de vendedores ambulantes y en el camino los directores de bienestar de las diferentes facultades se dieron cuenta de que la presión sobre los jóvenes que hablaban de sus condiciones y sobre quienes se acercaban a ellos, era muy alta.

El proceso tuvo que ser detenido porque los otros estudiantes estaban señalando a sus compañeros y a quienes querían averiguar quiénes vendían para hacerles represión.

A algunos de los estudiantes que se identificaron se les ubicó en programas de bienestar y dejaron de vender. Pero otros no dejaron del todo el 'negocio' y compartieron el 'trabajo' con sus primos, compañeros y amigos.

Para la profesora, Martha Devia, la razón es que el negocio de la venta da mucho más de lo que podemos darle a un estudiante en apoyos económicos. "Nosotros podemos darle un almuerzo, al día, y trabajo para que gane dinero para buses o fotocopias", dijo.

Aunque las normas establecidas para la convivencia de la comunidad universitaria son conocidas por todos, el número de vendedores ha aumentado y la UN no ha optado por las medidas restrictivas para evitarlo.

"El problema es que actualmente hay una especie de mafias de venta de minutos a celular que le pagan a los estudiantes por vender dentro del campus", afirmó Devia.

Esta situación ha convertido el tema de los vendedores ambulantes en un caso de orden público, con el que la convivencia y la armonía de la UN se ve comprometida y amenazada.

Para la docente, ya es el momento la toda la comunidad universitaria piense en que este es un problema de todos y que hay que resolverlo.

"Es muy difícil hacer una campaña para que la gente no compre. Es lo mismo que la piratería, esto es algo que es muy difícil de manejar si la gente no está conciente de que esto no es algo que deba pasar en una comunidad. No se entiende que esto es de control de todos y que es un problema de todos. Llegó el momento de discutirlo", dijo.

Finalmente, la profesora enfatizó que es importante que los estudiantes tengan conciencia sobre su principal objetivo dentro de la Universidad.

"Ellos vienen a la UN a estudiar, no tienen porque venir a ser vendedores ambulantes. Si los estudiantes tienen necesidades de trabajo, debemos buscar las posibilidades y opciones para proveerlos de algún tipo de trabajo que los apoye de alguna manera para que ellos no tengan que hacerlo", manifestó Devia.

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