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Dos pecados capitales de la educación superior en Colombia

      
Dos pecados capitales se han cometido con la educación superior en Colombia. El primero tiene que ver con las políticas públicas de creación tardía y el segundo, con una bajísima conciencia sobre la importancia de la generación de conocimiento.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> 1. Políticas públicas de creación tardía</span><br/> Durante décadas, al Ministerio de Educación se le asignó como objeto de trabajo la educación primaria y secundaria. La creación tardía del Viceministerio de Educación Superior, hace tan sólo cinco años, sucedió luego de décadas de desorientación de la educación superior, reducida solamente a su fomento por un Instituto, lo que causó los siguientes males:<br/><br/> • Entrega de la educación al mercado, lo que distorsionó fuertemente la distribución sectorial de estudiantes, al faltar políticas por sectores del conocimiento. Así, hay como resultado un enorme déficit en ciencias básicas, que contrasta con un enorme superávit en ciencias sociales y empresariales, debido a que al mercado éstas le resultan más rentables. Ello corrió parejo con:<br/><br/> • (a) La autorización de funcionamiento de un exagerado número de universidades, que resulta sorprendente si se lo observa en el contexto internacional.<br/><br/> • (b) La promoción de una peculiar creatividad de títulos profesionales, notoria sobre todo en la multiplicidad de ingenierías y la dispersión de títulos en áreas empresariales, dejados a la invención de las universidades, y que resultan, en muchos casos, imposibles de homologar en otros países.<br/><br/> • (c) El presupuesto de universidades públicas es juzgado mirando de reojo los costos en universidades privadas, sin consideración de los costos unitarios de funcionamiento de cada programa curricular, que son muy diversos, del tipo de vinculación de profesores, de la fortaleza en investigación, la existencia y tamaño de laboratorios, museos y fincas de experimentación, etc.<br/><br/> • Desproporción entre niveles de formación, esto es, entre educación técnica, profesional y en investigación. Mientras que en los países desarrollados estos niveles muestran una participación descendente entre la población, en Colombia son acusados los déficit en los dos niveles extremos, técnicos e investigadores.<br/><br/> • Control a posteriori de los estragos. Una vez los últimos gobiernos encuentran estos estropicios, salen en busca de su corrección tardía, con medidas como la licencia previa, la acreditación de programas e instituciones y los Ecaes. Sin embargo, la experiencia muestra que en buena medida estas certificaciones no miden la calidad en forma absoluta, sino relativa, lo que las hace meramente relevantes desde un punto de vista publicitario y, quizás, económico, pero académicamente poco convincentes.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> 2. Bajísima conciencia sobre la importancia de la generación de conocimiento </span><br/>En vista de que nuestra población en general asocia universidad a títulos profesionales y no a generación de conocimiento, no es extraño que la toma de decisiones en sectores públicos y privados esté asistida por tan pobre concepto. Manifestaciones claras de este problema son:<br/><br/> • Ínfima inversión en investigación en el sector industrial, lo que se traduce en escasos centros de I+D+i en industrias, asociación de la innovación a importación de tecnología, mínima vinculación laboral de egresados de ciencias básicas, lo que motiva el poco interés en cursar estas carreras, distanciamiento de universidades, etc.<br/><br/> • Errores en la política estatal de investigación, los más protuberantes de ellos son:<br/><br/> • (a) Bajísimo presupuesto per capita en I+D+i.<br/><br/> • (b) Injustificada exigencia de cofinanciación monetaria de las investigaciones a las universidades y centros de investigación, en los que es preferible destinar sus escasos recursos a infraestructura de investigación, laboratorios, equipos de cómputo, bibliotecas, formación de investigadores en programas curriculares, etc., que a desarrollo de investigaciones específicas.<br/><br/> • © Falta de exigencia de usuarios finales en múltiples investigaciones que, por su naturaleza, deberían tenerlo, lo que guarda un notable contraste con los esquemas de financiación en países desarrollados, en los que en un porcentaje creciente las investigaciones son financiadas solamente a consorcios de universidades y empresas públicas o privadas, con financiación plena de los gastos de las primeras y parcial de las segundas.<br/><br/> • (d) Políticas insuficientes o poco claras sobre estímulos salariales y no salariales a producción que incida más directamente en el desarrollo nacional, como patentes, regalías, etc. Esto ha terminado favoreciendo la producción académica publicada, que crece en el país de manera evidente, pero que al culminar en la publicación internacional en revistas cada vez más numerosas y minoritarias, si acaso contribuye de manera muy indirecta al desarrollo del país y sólo termina por dar realce internacional a la universidad y al investigador.<br/><br/> • Falta de reacción de las universidades para cambiar radicalmente modelos pedagógicos orientados a la enseñanza por otros orientados al aprendizaje, en vista de la aceleración de la tasa de crecimiento del conocimiento universal. Esta indolencia preserva por inercia las típicas manifestaciones de los modelos pedagógicos tradicionales: enciclopedismo, paternalismo, formación acrítica, rigidez curricular, monodisciplinariedad, altísima presencialidad, pobreza en destrezas investigativas y en aprendizaje autónomo, imputación del rol activo al profesor y no al estudiante, equiparación de la calidad a la cantidad de contenidos y no a las destrezas profesionales e investigativas, etc.<br/><br/> • Todo ello remata en la ya mencionada concepción de estudios universitarios a títulos y no a formación inicial para el aprendizaje a lo largo de la vida, que es lo que se impone actualmente, dada la rapidez de progreso del conocimiento. <br/><br/>
Dos pecados capitales se han cometido con la educación superior en Colombia. El primero tiene que ver con las políticas públicas de creación tardía y el segundo, con una bajísima conciencia sobre la importancia de la generación de conocimiento.

1. Políticas públicas de creación tardía
Durante décadas, al Ministerio de Educación se le asignó como objeto de trabajo la educación primaria y secundaria. La creación tardía del Viceministerio de Educación Superior, hace tan sólo cinco años, sucedió luego de décadas de desorientación de la educación superior, reducida solamente a su "fomento" por un Instituto, lo que causó los siguientes males:

• Entrega de la educación al mercado, lo que distorsionó fuertemente la distribución sectorial de estudiantes, al faltar políticas por sectores del conocimiento. Así, hay como resultado un enorme déficit en ciencias básicas, que contrasta con un enorme superávit en ciencias sociales y empresariales, debido a que al mercado éstas le resultan más rentables. Ello corrió parejo con:

• (a) La autorización de funcionamiento de un exagerado número de "universidades", que resulta sorprendente si se lo observa en el contexto internacional.

• (b) La promoción de una peculiar creatividad de títulos profesionales, notoria sobre todo en la multiplicidad de ingenierías y la dispersión de títulos en áreas empresariales, dejados a la invención de las universidades, y que resultan, en muchos casos, imposibles de homologar en otros países.

• (c) El presupuesto de universidades públicas es juzgado mirando de reojo los costos en universidades privadas, sin consideración de los costos unitarios de funcionamiento de cada programa curricular, que son muy diversos, del tipo de vinculación de profesores, de la fortaleza en investigación, la existencia y tamaño de laboratorios, museos y fincas de experimentación, etc.

• Desproporción entre niveles de formación, esto es, entre educación técnica, profesional y en investigación. Mientras que en los países desarrollados estos niveles muestran una participación descendente entre la población, en Colombia son acusados los déficit en los dos niveles extremos, técnicos e investigadores.

• Control a posteriori de los estragos. Una vez los últimos gobiernos encuentran estos estropicios, salen en busca de su corrección tardía, con medidas como la licencia previa, la acreditación de programas e instituciones y los Ecaes. Sin embargo, la experiencia muestra que en buena medida estas certificaciones no miden la calidad en forma absoluta, sino relativa, lo que las hace meramente relevantes desde un punto de vista publicitario y, quizás, económico, pero académicamente poco convincentes.


2. Bajísima conciencia sobre la importancia de la generación de conocimiento
En vista de que nuestra población en general asocia universidad a títulos profesionales y no a generación de conocimiento, no es extraño que la toma de decisiones en sectores públicos y privados esté asistida por tan pobre concepto. Manifestaciones claras de este problema son:

• Ínfima inversión en investigación en el sector industrial, lo que se traduce en escasos centros de I+D+i en industrias, asociación de la innovación a importación de tecnología, mínima vinculación laboral de egresados de ciencias básicas, lo que motiva el poco interés en cursar estas carreras, distanciamiento de universidades, etc.

• Errores en la política estatal de investigación, los más protuberantes de ellos son:

• (a) Bajísimo presupuesto per capita en I+D+i.

• (b) Injustificada exigencia de cofinanciación monetaria de las investigaciones a las universidades y centros de investigación, en los que es preferible destinar sus escasos recursos a infraestructura de investigación, laboratorios, equipos de cómputo, bibliotecas, formación de investigadores en programas curriculares, etc., que a desarrollo de investigaciones específicas.

• © Falta de exigencia de usuarios finales en múltiples investigaciones que, por su naturaleza, deberían tenerlo, lo que guarda un notable contraste con los esquemas de financiación en países desarrollados, en los que en un porcentaje creciente las investigaciones son financiadas solamente a consorcios de universidades y empresas públicas o privadas, con financiación plena de los gastos de las primeras y parcial de las segundas.

• (d) Políticas insuficientes o poco claras sobre estímulos salariales y no salariales a producción que incida más directamente en el desarrollo nacional, como patentes, regalías, etc. Esto ha terminado favoreciendo la producción académica publicada, que crece en el país de manera evidente, pero que al culminar en la publicación internacional en revistas cada vez más numerosas y minoritarias, si acaso contribuye de manera muy indirecta al desarrollo del país y sólo termina por dar realce internacional a la universidad y al investigador.

• Falta de reacción de las universidades para cambiar radicalmente modelos pedagógicos orientados a la enseñanza por otros orientados al aprendizaje, en vista de la aceleración de la tasa de crecimiento del conocimiento universal. Esta indolencia preserva por inercia las típicas manifestaciones de los modelos pedagógicos tradicionales: enciclopedismo, paternalismo, formación acrítica, rigidez curricular, monodisciplinariedad, altísima presencialidad, pobreza en destrezas investigativas y en aprendizaje autónomo, imputación del rol activo al profesor y no al estudiante, equiparación de la calidad a la cantidad de contenidos y no a las destrezas profesionales e investigativas, etc.

• Todo ello remata en la ya mencionada concepción de estudios universitarios a títulos y no a formación inicial para el aprendizaje a lo largo de la vida, que es lo que se impone actualmente, dada la rapidez de progreso del conocimiento.

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