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"Espacio Iberoamericano del Conocimiento Integración a gran escala"

      
En la esfera de las políticas nacionales de Educación Superior de los países Iberoamericanos, se viene gestando desde hace dos años un proyecto de integración regional que tiene como objeto el fomento de la cooperación en la generación, difusión y transferencia de los conocimientos sobre la base de la complementariedad y el beneficio mutuo. Con ello se pretende contribuir a mejorar la calidad y pertinencia de la educación superior, avalar la investigación científica y la innovación tecnológica, y como resultado de todo ello, establecer una dinámica educativa transnacional que haga viable el desarrollo sostenible de la región y su posicionamiento en el ámbito global. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> Revista Internacional Magisterio: ¿Cuál es su visión de la Educación Superior hoy en América Latina?</span><br/><span style=font-weight: bold;> Julio Theiler:</span> Yo creo que hay distintas situaciones en la propia América Latina. Hay sistemas de Educación Superior en que el 95% de los estudiantes estudian en universidades públicas gratuitas. Ese es el caso de Uruguay, por ejemplo, hay otros países en que el 90% o el 88% de los estudiantes estudian en universidades del Estado y gratuitas, como el caso de Argentina. Luego, hay situaciones muy particulares como la de Brasil, donde la educación pública es gratuita, pero el examen de ingreso es muy, muy duro, lo cual provoca, según el propio ministerio brasilero, situaciones de inequidad porque aquel estudiante mejor preparado en la escuela media (que por lo general viene de escuelas privadas), es quien más fácilmente accede a la universidad pública gratuita, mientras que aquel que viene de una escuela secundaria pública termina pagando el estudio en una privada. Hay también modelos, como el colombiano probablemente, en los que la universidad privada es muy fuerte, incluso en la cantidad porcentual de estudiantes. Yo creo que cada país tiene su propia realidad y todas son muy respetables.<br/><br/> Lo que sí resulta común a toda la región es la necesidad de unir esfuerzos para posicionarnos en el concierto mundial del modo en que creo nos merecemos. A nivel de la Educación Superior esta situación es clara: existe en general un factor común asociado al rezago que la región tiene en términos de producción científica, de innovación, de graduados universitarios en comparación con el resto del mundo, de relación de las instituciones educativas con las empresas: Hay muchísimo camino por recorrer. La heterogeneidad se da en tanto existen dentro de este marco general, situaciones muy diferentes: países como Brasil, que tienen un nivel de desarrollo académico y científico interesante, con inversiones en Educación Superior y tecnología de un nivel aceptable internacionalmente: países como Chile, Argentina, México, que tienen un nivel de competitividad significativo: y otros que están buscando su lugar, cada uno de un modo aislado. Esa es tal vez otra característica de nuestra región: la de procurar caminos individuales, cuando hace muchos años venimos proclamando la necesidad de integración regional. En ese sentido son muy importantes algunos esfuerzos que se están haciendo para trabajar en conjunto, para promover sinergias, que vienen operando desde el IESALC (Instituto de Educación Superior para América Latina y el Caribe) de la UNESCO, desde la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la educación en la Ciencia y la Cultura) y el CUIB (Consejo Universitario Iberoamericano) que reúne a todos los concejos de rectores de los países de Iberoamérica. Todos estos esfuerzos son una señal positiva en un camino que necesariamente tenemos que recorrer.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> ¿Cuáles son los principales desafíos para la Educación Superior latinoamericana?</span><br/>Creo que nuestra región debe actualizar los currículos de formación universitaria. Tenemos que ser mucho más dinámicos en la actualización permanente de los planes de estudio de las carreras y promover esquemas de formación desde otro tipo de acciones como por ejemplo la movilidad de los universitarios, estudiantes y profesores entre nuestros países. Tenemos que crear una comunidad iberoamericana y eso, en mi opinión, se debe hacer particularmente a través de los jóvenes. Debemos instituir un espacio de integración que, en el marco de la diversidad, encuentre factores comunes que promuevan la coordinación de esfuerzos y un desarrollo más rápido de la educación superior.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> ¿En qué consiste el proyecto del espacio Iberoamericano del conocimiento?</span><br/> Hay una organización Iberoamericana a nivel de los presidentes de los países, la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que ya tiene más de diez años de andamiaje. Desde hace unos pocos años esa cumbre tiene una Secretaría permanente con sede en Madrid, la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), que viene trabajando con la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en una idea llamada Espacio Iberoamericano del Conocimiento. ¿De qué se trata? Precisamente de crear un espacio de integración de nuestra región: un espacio donde se promueva la integración de la Educación Superior, la cooperación entre nuestros distintos sistemas e instituciones, y la tendencia a la homogenización de las estructuras. De instituirse finalmente, este espacio tendrá diversas líneas de acción entre las que se destacan la Movilidad Estudiantil, la homogenización de los sistemas de evaluación y acreditación universitaria (ya de hecho hay una Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad y la Evaluación de la Educación Superior, RIACES, que está trabajando en ello), y la cooperación para la investigación a nivel de la innovación.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> ¿Qué es la movilidad estudiantil y cuál es el valor estratégico de su implementación a nivel regional?</span><br/> La movilidad estudiantil consiste en que los estudiantes de la región tengan la posibilidad de salir a realizar parte de su carrera en una universidad de otro de nuestros países y luego regresar, terminar y graduarse en su propia universidad. El valor de esta movilidad está demostrado: en la Unión Europea a nivel de la educación superior, la movilidad estudiantil inició con un programa llamado ERASMO que nació en el año 89 y ese esquema fue el motor de la integración. Nosotros, buscando nuestro propio camino de desarrollo, tenemos que avanzar en el mismo sentido y para eso la región ya tiene varias experiencias: hay un programa de movilidad de toda Latinoamérica que es organizado por la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, que se llama UDUAL; en el Mercosur hay dos programas, El Grupo Montevideo, en el que participa la Universidad Nacional del Litoral, y una experiencia gubernamental que se llama MARCA, que está gerenciada por los Ministerios de Educación de los países que desarrollan movilidad.<br/><br/> Estas experiencias funcionan con un número todavía bajo de estudiantes, pero ya comienzan a demostrar el alcance del modelo: un rédito individual indiscutible para el estudiante, pero además muchísimo rédito institucional, ya que las universidades intercambian estudiantes, se reconocen en su calidad, los profesores se conocen y esto hace que estemos más cerca unos de otros y empecemos a romper esas fronteras que tanto nos han dividido desde el nacimiento de nuestras naciones y que tan perniciosas han sido para el desarrollo de nuestros países. Con el Espacio Iberoamericano del Conocimiento el desafío es superior: supone un salto de calidad y de cantidad porque se involucran los gobiernos. Entonces la movilidad ya pasa a ser, no la sumatoria de esfuerzos aislados, sino una política oficial de los países. Eso hace una gran diferencia y aumenta el nivel de las expectativas.<br/><br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> ¿Se está pensando en generar esta movilidad en distintos niveles de la Educación Superior?</span><br/> Hay una tendencia de opinión y un consenso en el sentido de crear un sistema de movilidad iberoamericano que tenga más de un componente: por una parte la movilidad de estudiantes de pregrado (hay una especial demanda, varias redes lo están diciendo, ya que hay problemas financieros) y, por otra parte, el desarrollo de redes de cooperación en el postgrado. En esta línea, la idea es promover la cooperación entre universidades con mucho desarrollo en carreras de postgrado y otras con poco en áreas temáticas declaradas prioritarias. Las universidades se consorciarían en redes para desarrollar cooperación a través de la movilidad: habría becas para hacer estancias y desarrollar una parte del estudio y también para que jóvenes profesores de esas instituciones más rezagadas, vayan a obtener una postgraduación en las más desarrolladas. Es un esquema múltiple de movilidad que puede además llegar a coordinarse con otros aspectos de cooperación en investigación dentro de la misma red.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> ¿Qué tan alta es la probabilidad de que se instituya dentro del esquema de cooperación ese espacio para la investigación?</span><br/> Aquí no se invierte mucho dinero en Educación Superior ni en Investigación y los dineros que se invierten no son coordinados entre los distintos países. Salvo excepciones, no hay acciones conjuntas y esto es un desafío para la región y sobre todo para las autoridades de los Ministerios de Educación que deberán tomar decisiones pero también compromisos.<br/><br/> ¿Cuáles son esas áreas que se consideran críticas en la región y que tendrían prelación?<br/> No hay un desarrollo hacia la definición de áreas. Esto también de algún modo es un desafío, pero, desde luego están sobre el tapete medio ambiente, las nuevas tecnologías: la nanotecnología, las tecnologías de la información y la comunicación: Yo creo que la región tiene un esquema de desarrollo que no puede olvidar, pero también tiene que prestar atención a aquellas áreas científicas en las que no ha tenido impacto como región. Creo que la ciencia básica es imprescindible, pero una falencia nuestra es justamente cómo esa ciencia básica es aplicada a nuevos procesos o productos. Creo que hay un trabajo que en pocas palabras refleja lo que es la investigación científica y tecnológica en América Latina, que dice que se invierte poco, hay pocos investigadores, la producción es bastante escasa y esa escasa producción tiene una aplicación también muy escasa en la generación económica asociada a la investigación y a la innovación. Somos un continente que tiene muy pocas patentes y eso es un claro reflejo de esta realidad.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> ¿Cómo contribuiría el Espacio Iberoamericano del conocimiento a preservar el capital intelectual de la región para el desarrollo interno?</span><br/> Cuando una persona quiere obtener un doctorado y no puede realizarlo en su propio país porque la oferta es muy escasa, termina haciendo el esfuerzo de estudiar afuera y, en nuestro caso, la mayor parte de esa gente que estudia afuera, no lo hace en la propia región, aún cuando tengamos sistemas de postgrado muy desarrollados. Entonces aparece ese viejo fantasma que es la fuga de cerebros, asociado a que a una persona que obtiene una alta cualificación, un doctorado, por ejemplo, se le abren muchas puertas y posibilidades laborales en países donde la función de un investigador es más valorada que en los nuestros, de manera que es posible que no regrese. En un marco de cooperación internacional de la región, este es un riesgo que, no digamos que desaparece, pero casi, con lo cual estaríamos capitalizando la generación interna de conocimiento y, por ende, de desarrollo.<br/><br/> ¿En qué sentido se busca transformar la educación superior en términos de innovación? Yo creo que nuestro horizonte debe ser una educación superior de calidad, una educación superior actualizada, que no le tenga miedo a los cambios. Nuestras instituciones suelen ser muy conservadoras y no está mal que lo sean: la universidad mundial, por definición, es una institución conservadora, pero debe estar muy abierta a las nuevas tecnologías. En nuestra región hay experiencias en el uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, sobre todo en aplicaciones para la educación a distancia, pero creo que todavía son débiles. La tecnología puede ser definitiva en nuestros países, sobre todo para integrar las zonas más postergadas. Yo creo que ese horizonte de calidad unido a la política de integración y cooperación regional, puede llegar a hacer una enorme diferencia, un salto cualitativo de importancia.<br/><br/> ¿Cómo se integran conceptos como diversidad, minorías étnicas y culturas regionales en esta proyección de la educación superior en al ámbito Iberoamericano? En todas las acciones políticas en Iberoamérica se destaca el tema de la preservación cultural, de las minorías, de rescatar los valores culturales regionales. Esto es muy importante y en el Espacio Iberoamericano del Conocimiento esta preocupación es explícita. El tema de género no aparece como un problema en la región. Hay muchos países en los cuales las mujeres integradas a la educación superior superan en número a los hombres. En otros países, tal vez los más pequeños o con menor nivel de desarrollo, esa proporción se invierte, pero siempre hablando de un número muy cercano: 48% a 52% aproximadamente.<br/><br/> En el tema de las etnias no hay suficiente información y creo que sí se debe hacer un esfuerzo muy grande para incorporarlo, no sólo hablando de movilidad, sino de educación superior en general. En esto creo importante destacar un problema global que compete al tema de las minorías, que es la pobreza. Estamos en una región tremendamente desigual. Aquellos países que en buena parte del siglo XX se apartaban de esa realidad latinoamericana como Argentina y Uruguay, han entrado en un proceso de aumento de las desigualdades internas y hoy por hoy el problema es muy difícil de resolver y creo que la educación es una de las llaves a largo plazo. En este sentido me parece que no hay soluciones a corto plazo, sino el desarrollo de políticas claras e inteligentes en las que haya continuidad.<br/><br/> ¿Podría decirse que el proyecto busca la democratización del acceso al conocimiento en la región?<br/> Sí. Las palabras llave del Espacio Iberoamericano son democratización, cooperación, integración, calidad, evaluación. Estas palabras definen de algún modo el proceso en el que estamos empezando a comprometernos.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> ¿Qué acciones se prevén en el propósito de la homogenización de los sistemas de evaluación y acreditación universitaria?</span><br/> Una es, sin duda, la institucionalización de un sistema de créditos y acciones que tiendan a homogeneizar los planes de nuestras carreras. Hay un proyecto muy interesante a nivel Latinoamericano, apoyado por la Unión Europea, que se llama Tuning. Este es un proyecto de largo aliento cuya primera fase ya está hecha, y que justamente tiende a comparar las carreras por competencias. El Espacio Iberoamericano del Conocimiento va a tratar de coordinar con ese proyecto que analiza las carreras por competencias y va a proponer a mediano plazo un sistema de créditos académicos latinoamericano. Cabe anotar que este tipo de acción es imprescindible, aunque a nivel de las autoridades políticas genera cierta cautela. Eso es comprensible, pero hay que propender por la convergencia.<br/><br/> Podemos tomar como prototipo el proceso de Bolonia: es el ejemplo de una región muy particular, con más dispersión que América Latina en cuanto a idiomas y costumbres, pero en donde una fuerte convicción política lleva el proceso de integración adelante con mucho éxito en términos de movilidad, de convergencia de la Educación Superior (las carreras están convergiendo a una duración común, a unos objetivos comunes), de un sistema de créditos que ya existe hace muchos años, llamado ECTS, y de suplemento a diplomas, que es una certificación homogénea que permite la movilidad laboral. Ojalá nosotros con el tiempo alcancemos éxitos similares con nuestras propias decisiones y nuestros propios esquemas, de manera que nuestros países conquisten un lugar en el mundo. Un país aislado no tiene futuro en un mundo global y en ese sentido el lugar de integración de nuestros países es claramente nuestra región.<br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> ¿Para cuándo se prevé, de acuerdo con las discusiones que se han adelantado, que este proyecto se haga oficial y empiece a ejecutarse?</span><br/> Creo que hay un germen importante en toda la región y las redes de universidades que hay funcionan como esquemas de integración, algunas más o menos, otras muy bien: hay organismos que tienen una política muy proactiva con los procesos de comparabilidad, integración, de cooperación, como la IESALC de UNESCO, ahora la SEGIB, la OEI y hay mucha predisposición gubernamental para promover el Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Entonces creo que hay una serie de situaciones favorables, que espero puedan cristalizar. De haber un real compromiso de los países y un trabajo de coordinación de la SEGIB y de la OEI, creo que 2008 será un año de planificación de los esquemas concretos de movilidad, de convocatoria, de redes, de concursos, etc., y es posible que comiencen las movilidades. Claro, todo irá en escalada: poco a poco: Lo importante es que haya buenas ideas y continuidad como factores claves para el éxito.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> ¿Cuál es el horizonte último de esta clase de iniciativas?</span><br/> Con esta iniciativa se hace un esfuerzo muy grande por desestructurar las relaciones en el proceso de integración a través de participación de los jóvenes. Estas personas que empiezan a palpar América Latina, a conocer otras realidades, a conocer las desigualdades, son los futuros dirigentes de los países en no tantos años y esta dimensión iberoamericana que se les quiere inculcar con el programa, seguramente va a aportar puntos en nuevas formas de desarrollo y convivencia.<br/><br/>* Entrevista coordinada por la Oficina de Comunicaciones, OEI - Bogotá. Textos Cortesía de Revista Magisterio Internacional, edición noviembre de 2007.<br/><br/>
En la esfera de las políticas nacionales de Educación Superior de los países Iberoamericanos, se viene gestando desde hace dos años un proyecto de integración regional que tiene como objeto el fomento de la cooperación en la generación, difusión y transferencia de los conocimientos sobre la base de la complementariedad y el beneficio mutuo. Con ello se pretende contribuir a mejorar la calidad y pertinencia de la educación superior, avalar la investigación científica y la innovación tecnológica, y como resultado de todo ello, establecer una dinámica educativa transnacional que haga viable el desarrollo sostenible de la región y su posicionamiento en el ámbito global.

Revista Internacional Magisterio: ¿Cuál es su visión de la Educación Superior hoy en América Latina?
Julio Theiler: Yo creo que hay distintas situaciones en la propia América Latina. Hay sistemas de Educación Superior en que el 95% de los estudiantes estudian en universidades públicas gratuitas. Ese es el caso de Uruguay, por ejemplo, hay otros países en que el 90% o el 88% de los estudiantes estudian en universidades del Estado y gratuitas, como el caso de Argentina. Luego, hay situaciones muy particulares como la de Brasil, donde la educación pública es gratuita, pero el examen de ingreso es muy, muy duro, lo cual provoca, según el propio ministerio brasilero, situaciones de inequidad porque aquel estudiante mejor preparado en la escuela media (que por lo general viene de escuelas privadas), es quien más fácilmente accede a la universidad pública gratuita, mientras que aquel que viene de una escuela secundaria pública termina pagando el estudio en una privada. Hay también modelos, como el colombiano probablemente, en los que la universidad privada es muy fuerte, incluso en la cantidad porcentual de estudiantes. Yo creo que cada país tiene su propia realidad y todas son muy respetables.

Lo que sí resulta común a toda la región es la necesidad de unir esfuerzos para posicionarnos en el concierto mundial del modo en que creo nos merecemos. A nivel de la Educación Superior esta situación es clara: existe en general un factor común asociado al rezago que la región tiene en términos de producción científica, de innovación, de graduados universitarios en comparación con el resto del mundo, de relación de las instituciones educativas con las empresas: Hay muchísimo camino por recorrer. La heterogeneidad se da en tanto existen dentro de este marco general, situaciones muy diferentes: países como Brasil, que tienen un nivel de desarrollo académico y científico interesante, con inversiones en Educación Superior y tecnología de un nivel aceptable internacionalmente: países como Chile, Argentina, México, que tienen un nivel de competitividad significativo: y otros que están buscando su lugar, cada uno de un modo aislado. Esa es tal vez otra característica de nuestra región: la de procurar caminos individuales, cuando hace muchos años venimos proclamando la necesidad de integración regional. En ese sentido son muy importantes algunos esfuerzos que se están haciendo para trabajar en conjunto, para promover sinergias, que vienen operando desde el IESALC (Instituto de Educación Superior para América Latina y el Caribe) de la UNESCO, desde la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la educación en la Ciencia y la Cultura) y el CUIB (Consejo Universitario Iberoamericano) que reúne a todos los concejos de rectores de los países de Iberoamérica. Todos estos esfuerzos son una señal positiva en un camino que necesariamente tenemos que recorrer.

¿Cuáles son los principales desafíos para la Educación Superior latinoamericana?
Creo que nuestra región debe actualizar los currículos de formación universitaria. Tenemos que ser mucho más dinámicos en la actualización permanente de los planes de estudio de las carreras y promover esquemas de formación desde otro tipo de acciones como por ejemplo la movilidad de los universitarios, estudiantes y profesores entre nuestros países. Tenemos que crear una comunidad iberoamericana y eso, en mi opinión, se debe hacer particularmente a través de los jóvenes. Debemos instituir un espacio de integración que, en el marco de la diversidad, encuentre factores comunes que promuevan la coordinación de esfuerzos y un desarrollo más rápido de la educación superior.

¿En qué consiste el proyecto del espacio Iberoamericano del conocimiento?
Hay una organización Iberoamericana a nivel de los presidentes de los países, la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que ya tiene más de diez años de andamiaje. Desde hace unos pocos años esa cumbre tiene una Secretaría permanente con sede en Madrid, la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), que viene trabajando con la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en una idea llamada Espacio Iberoamericano del Conocimiento. ¿De qué se trata? Precisamente de crear un espacio de integración de nuestra región: un espacio donde se promueva la integración de la Educación Superior, la cooperación entre nuestros distintos sistemas e instituciones, y la tendencia a la homogenización de las estructuras. De instituirse finalmente, este espacio tendrá diversas líneas de acción entre las que se destacan la Movilidad Estudiantil, la homogenización de los sistemas de evaluación y acreditación universitaria (ya de hecho hay una Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad y la Evaluación de la Educación Superior, RIACES, que está trabajando en ello), y la cooperación para la investigación a nivel de la innovación.

¿Qué es la movilidad estudiantil y cuál es el valor estratégico de su implementación a nivel regional?
La movilidad estudiantil consiste en que los estudiantes de la región tengan la posibilidad de salir a realizar parte de su carrera en una universidad de otro de nuestros países y luego regresar, terminar y graduarse en su propia universidad. El valor de esta movilidad está demostrado: en la Unión Europea a nivel de la educación superior, la movilidad estudiantil inició con un programa llamado ERASMO que nació en el año 89 y ese esquema fue el motor de la integración. Nosotros, buscando nuestro propio camino de desarrollo, tenemos que avanzar en el mismo sentido y para eso la región ya tiene varias experiencias: hay un programa de movilidad de toda Latinoamérica que es organizado por la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, que se llama UDUAL; en el Mercosur hay dos programas, El Grupo Montevideo, en el que participa la Universidad Nacional del Litoral, y una experiencia gubernamental que se llama MARCA, que está gerenciada por los Ministerios de Educación de los países que desarrollan movilidad.

Estas experiencias funcionan con un número todavía bajo de estudiantes, pero ya comienzan a demostrar el alcance del modelo: un rédito individual indiscutible para el estudiante, pero además muchísimo rédito institucional, ya que las universidades intercambian estudiantes, se reconocen en su calidad, los profesores se conocen y esto hace que estemos más cerca unos de otros y empecemos a romper esas fronteras que tanto nos han dividido desde el nacimiento de nuestras naciones y que tan perniciosas han sido para el desarrollo de nuestros países. Con el Espacio Iberoamericano del Conocimiento el desafío es superior: supone un salto de calidad y de cantidad porque se involucran los gobiernos. Entonces la movilidad ya pasa a ser, no la sumatoria de esfuerzos aislados, sino una política oficial de los países. Eso hace una gran diferencia y aumenta el nivel de las expectativas.


¿Se está pensando en generar esta movilidad en distintos niveles de la Educación Superior?
Hay una tendencia de opinión y un consenso en el sentido de crear un sistema de movilidad iberoamericano que tenga más de un componente: por una parte la movilidad de estudiantes de pregrado (hay una especial demanda, varias redes lo están diciendo, ya que hay problemas financieros) y, por otra parte, el desarrollo de redes de cooperación en el postgrado. En esta línea, la idea es promover la cooperación entre universidades con mucho desarrollo en carreras de postgrado y otras con poco en áreas temáticas declaradas prioritarias. Las universidades se consorciarían en redes para desarrollar cooperación a través de la movilidad: habría becas para hacer estancias y desarrollar una parte del estudio y también para que jóvenes profesores de esas instituciones más rezagadas, vayan a obtener una postgraduación en las más desarrolladas. Es un esquema múltiple de movilidad que puede además llegar a coordinarse con otros aspectos de cooperación en investigación dentro de la misma red.

¿Qué tan alta es la probabilidad de que se instituya dentro del esquema de cooperación ese espacio para la investigación?
Aquí no se invierte mucho dinero en Educación Superior ni en Investigación y los dineros que se invierten no son coordinados entre los distintos países. Salvo excepciones, no hay acciones conjuntas y esto es un desafío para la región y sobre todo para las autoridades de los Ministerios de Educación que deberán tomar decisiones pero también compromisos.

¿Cuáles son esas áreas que se consideran críticas en la región y que tendrían prelación?
No hay un desarrollo hacia la definición de áreas. Esto también de algún modo es un desafío, pero, desde luego están sobre el tapete medio ambiente, las nuevas tecnologías: la nanotecnología, las tecnologías de la información y la comunicación: Yo creo que la región tiene un esquema de desarrollo que no puede olvidar, pero también tiene que prestar atención a aquellas áreas científicas en las que no ha tenido impacto como región. Creo que la ciencia básica es imprescindible, pero una falencia nuestra es justamente cómo esa ciencia básica es aplicada a nuevos procesos o productos. Creo que hay un trabajo que en pocas palabras refleja lo que es la investigación científica y tecnológica en América Latina, que dice que se invierte poco, hay pocos investigadores, la producción es bastante escasa y esa escasa producción tiene una aplicación también muy escasa en la generación económica asociada a la investigación y a la innovación. Somos un continente que tiene muy pocas patentes y eso es un claro reflejo de esta realidad.

¿Cómo contribuiría el Espacio Iberoamericano del conocimiento a preservar el capital intelectual de la región para el desarrollo interno?
Cuando una persona quiere obtener un doctorado y no puede realizarlo en su propio país porque la oferta es muy escasa, termina haciendo el esfuerzo de estudiar afuera y, en nuestro caso, la mayor parte de esa gente que estudia afuera, no lo hace en la propia región, aún cuando tengamos sistemas de postgrado muy desarrollados. Entonces aparece ese viejo fantasma que es la fuga de cerebros, asociado a que a una persona que obtiene una alta cualificación, un doctorado, por ejemplo, se le abren muchas puertas y posibilidades laborales en países donde la función de un investigador es más valorada que en los nuestros, de manera que es posible que no regrese. En un marco de cooperación internacional de la región, este es un riesgo que, no digamos que desaparece, pero casi, con lo cual estaríamos capitalizando la generación interna de conocimiento y, por ende, de desarrollo.

¿En qué sentido se busca transformar la educación superior en términos de innovación? Yo creo que nuestro horizonte debe ser una educación superior de calidad, una educación superior actualizada, que no le tenga miedo a los cambios. Nuestras instituciones suelen ser muy conservadoras y no está mal que lo sean: la universidad mundial, por definición, es una institución conservadora, pero debe estar muy abierta a las nuevas tecnologías. En nuestra región hay experiencias en el uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, sobre todo en aplicaciones para la educación a distancia, pero creo que todavía son débiles. La tecnología puede ser definitiva en nuestros países, sobre todo para integrar las zonas más postergadas. Yo creo que ese horizonte de calidad unido a la política de integración y cooperación regional, puede llegar a hacer una enorme diferencia, un salto cualitativo de importancia.

¿Cómo se integran conceptos como diversidad, minorías étnicas y culturas regionales en esta proyección de la educación superior en al ámbito Iberoamericano? En todas las acciones políticas en Iberoamérica se destaca el tema de la preservación cultural, de las minorías, de rescatar los valores culturales regionales. Esto es muy importante y en el Espacio Iberoamericano del Conocimiento esta preocupación es explícita. El tema de género no aparece como un problema en la región. Hay muchos países en los cuales las mujeres integradas a la educación superior superan en número a los hombres. En otros países, tal vez los más pequeños o con menor nivel de desarrollo, esa proporción se invierte, pero siempre hablando de un número muy cercano: 48% a 52% aproximadamente.

En el tema de las etnias no hay suficiente información y creo que sí se debe hacer un esfuerzo muy grande para incorporarlo, no sólo hablando de movilidad, sino de educación superior en general. En esto creo importante destacar un problema global que compete al tema de las minorías, que es la pobreza. Estamos en una región tremendamente desigual. Aquellos países que en buena parte del siglo XX se apartaban de esa realidad latinoamericana como Argentina y Uruguay, han entrado en un proceso de aumento de las desigualdades internas y hoy por hoy el problema es muy difícil de resolver y creo que la educación es una de las llaves a largo plazo. En este sentido me parece que no hay soluciones a corto plazo, sino el desarrollo de políticas claras e inteligentes en las que haya continuidad.

¿Podría decirse que el proyecto busca la democratización del acceso al conocimiento en la región?
Sí. Las palabras llave del Espacio Iberoamericano son democratización, cooperación, integración, calidad, evaluación. Estas palabras definen de algún modo el proceso en el que estamos empezando a comprometernos.

¿Qué acciones se prevén en el propósito de la homogenización de los sistemas de evaluación y acreditación universitaria?
Una es, sin duda, la institucionalización de un sistema de créditos y acciones que tiendan a homogeneizar los planes de nuestras carreras. Hay un proyecto muy interesante a nivel Latinoamericano, apoyado por la Unión Europea, que se llama Tuning. Este es un proyecto de largo aliento cuya primera fase ya está hecha, y que justamente tiende a comparar las carreras por competencias. El Espacio Iberoamericano del Conocimiento va a tratar de coordinar con ese proyecto que analiza las carreras por competencias y va a proponer a mediano plazo un sistema de créditos académicos latinoamericano. Cabe anotar que este tipo de acción es imprescindible, aunque a nivel de las autoridades políticas genera cierta cautela. Eso es comprensible, pero hay que propender por la convergencia.

Podemos tomar como prototipo el proceso de Bolonia: es el ejemplo de una región muy particular, con más dispersión que América Latina en cuanto a idiomas y costumbres, pero en donde una fuerte convicción política lleva el proceso de integración adelante con mucho éxito en términos de movilidad, de convergencia de la Educación Superior (las carreras están convergiendo a una duración común, a unos objetivos comunes), de un sistema de créditos que ya existe hace muchos años, llamado ECTS, y de suplemento a diplomas, que es una certificación homogénea que permite la movilidad laboral. Ojalá nosotros con el tiempo alcancemos éxitos similares con nuestras propias decisiones y nuestros propios esquemas, de manera que nuestros países conquisten un lugar en el mundo. Un país aislado no tiene futuro en un mundo global y en ese sentido el lugar de integración de nuestros países es claramente nuestra región.

¿Para cuándo se prevé, de acuerdo con las discusiones que se han adelantado, que este proyecto se haga oficial y empiece a ejecutarse?
Creo que hay un germen importante en toda la región y las redes de universidades que hay funcionan como esquemas de integración, algunas más o menos, otras muy bien: hay organismos que tienen una política muy proactiva con los procesos de comparabilidad, integración, de cooperación, como la IESALC de UNESCO, ahora la SEGIB, la OEI y hay mucha predisposición gubernamental para promover el Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Entonces creo que hay una serie de situaciones favorables, que espero puedan cristalizar. De haber un real compromiso de los países y un trabajo de coordinación de la SEGIB y de la OEI, creo que 2008 será un año de planificación de los esquemas concretos de movilidad, de convocatoria, de redes, de concursos, etc., y es posible que comiencen las movilidades. Claro, todo irá en escalada: poco a poco: Lo importante es que haya buenas ideas y continuidad como factores claves para el éxito.

¿Cuál es el horizonte último de esta clase de iniciativas?
Con esta iniciativa se hace un esfuerzo muy grande por desestructurar las relaciones en el proceso de integración a través de participación de los jóvenes. Estas personas que empiezan a palpar América Latina, a conocer otras realidades, a conocer las desigualdades, son los futuros dirigentes de los países en no tantos años y esta dimensión iberoamericana que se les quiere inculcar con el programa, seguramente va a aportar puntos en nuevas formas de desarrollo y convivencia.

* Entrevista coordinada por la Oficina de Comunicaciones, OEI - Bogotá. Textos Cortesía de Revista Magisterio Internacional, edición noviembre de 2007.

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