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"Respuesta a los conflictos: la Universidad de la Frontera"

      
A continuación la reproducimos:<br/><br/> Al mirarnos al espejo de obsidiana bruñido por los primitivos pobladores de los territorios que son hoy América Latina, concluimos que no hay duda de que podemos forjar un futuro sostenible y de avance para todos. Pero es necesario integrarnos primero, a fin de evitar que la globalización nos atropelle; y actuar con criterio global, para reafirmar nuestra independencia mediante los vasos comunicantes de nuestra interdependencia.<br/><br/> Al respecto, reitero ante este calificado auditorio, una propuesta que he formulado ya a los rectores de las Universidades del Zulia, en Maracaibo, Venezuela, y ante su dirigencia política, académica, empresarial: propongo crear la Universidad de la Frontera, institución que permitiría superar las líneas divisorias conflictivas entre los países de América Latina, y cuyo propósito fundamental sería convertir las conflictividades en ansiedades de saber; universalizar y tropicalizar nuestra ciencia, nuestra tecnología y nuestra región, de manera que, por ejemplo, el mayor índice de productividad primaria biológica del planeta que se encuentra en nuestra franja tropical, no esté acompañado paradójicamente por uno de los mayores índices de carencias y de situaciones problemáticas. Y rebatir, así, la certeza transitoria de que lo único sostenible entre nosotros, es la pobreza. <br/><br/>La Universidad de la Frontera, con facultades en las principales ciudades de las líneas limítrofes de los países del continente, prepararía a los jóvenes de la respectiva zona, para responder profesionalmente a las necesidades de los pueblos aledaños. Y, repito, sustituiría toda conflictividad por el saber desinteresado recíproco de la Universidad.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Las ciencias de la vida</span><br/><br/> Recordemos que cuando se dio la independencia del continente intermedio que es América Latina antes de su imperdonable fragmentación, los latinoamericanos íbamos adelante de Estados Unidos en todos los aspectos del desarrollo. ¿Qué pasó? ¿En qué absurdo momento dejamos marchitar el espíritu emprendedor de nuestros Libertadores? Pues bien, ese oscuro trayecto podemos corregirlo mediante el conocimiento, en virtud del saber desinteresado de la Universidad.<br/><br/> El énfasis de la Universidad de la Frontera estaría dirigido a las ciencias de la vida consideradas como un todo, pues el siglo XXI será el de la biología, ahora cuando hemos entrado en la era de la secuencia genética, el mapa más importante en la historia de la humanidad; y ahora cuando estamos frente a un cambio de premisa, un cambio de paradigma, que trasciende las ideologías. No olvidemos que en ciencia y tecnología, como decía Carl Sagan, la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas.<br/><br/> La Universidad de la Frontera, con sedes fundamentales en Maracaibo, Riohacha, Cúcuta y San Cristóbal, Arauca y Guadualito, San Fernando de Atabapo y Puerto Inírida, a orillas del Orinoco o de sus afluentes entre Colombia y Venezuela; en Mitú y Yavaraté, Leticia, Tabatinga y Manaos, entre Brasil y Colombia; Iquitos y Leticia entre el Perú y Colombia; Encarnación, Misiones e Iguazú, entre Brasil, Argentina y Paraguay; Buenos Aires y Montevideo, entre Argentina y Uruguay.<br/><br/> Lo anterior sólo como ejemplos en Suramérica. Y lo mismo puede predicarse de América Central, con facultades especializadas en puntos de la frontera, podría ser la respuesta para borrar aquel error y recobrar el entusiasmo constructivo que tuvimos ayer.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Los soberbios Amazonas, Orinoco y Paraná</span><br/><br/> Nos separan fronteras naturales vivas, es cierto; pero las fronteras políticas fueron definidas por el ex canciller venezolano Simón Alberto Consalvi en un mapa unívoco de Venezuela y Colombia, sin fronteras; y con una hermosa leyenda, así: Este es el país del cual me habría gustado ser ciudadano. Y tiene razón, porque el soberbio Río Orinoco, como lo llamara Julio Verne, no entiende de separaciones, ni comprende el ser manejado por pedazos, pues es un todo, como lo éramos antes en América Latina.<br/><br/> Ejemplos recientes de integración, fueron realizados por un centenar de artistas venezolanos y colombianos, que en el año 2000 concertaron sus creatividades en San Fernando de Atabapo, en la ribera venezolana del Orinoco; y en Puerto Inírida, en la ribera colombiana, escenario esplendoroso que Humboldt llamó la estrella fluvial del Sur, porque el río Guaviare, el río Inírida y el río Atabapo, desembocan allí, al unísono, al soberbio Orinoco, el cual, en gesto reverente, envía un expresivo mensaje al soberbio Amazonas, a través del díscolo Brazo Casiquiare, que no regresa a su cauce nutricio, sino que se marcha al Río Negro, que se convierte en el cauce nuevo.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Política y cultura</span><br/><br/> Es sabido el papel que la cultura del conocimiento y la cultura del buen gobierno han tenido en la historia de la humanidad. Grecia y su pléyade de intelectuales edificaron, con la argamasa de la inteligencia, los cimientos de la cultura occidental, con tal solidez que dos mil quinientos años no los han podido destruir. Atenas y Roma fueron, para la filosofía y el derecho, las más elevadas expresiones salidas de la mente humana. Llegó después el Renacimiento, explosión colectiva de inteligencia sin parangón en la historia; más tarde, sin el aporte de los enciclopedistas, D'Alambert, Voltaire y Rousseau a la cabeza, la revolución francesa y la democracia moderna no hubieran sido posibles. En fin, podrían multiplicarse los ejemplos de cómo el pensamiento y la cultura han precedido, unas veces, y culminado en otras oportunidades, la labor de políticos y guerreros. <br/><br/> Por lo cual, es igualmente indispensable que quienes tienen a su cargo el gobierno de la sociedad o aspiran a tenerlo, escuchen la voz de los pensadores, la voz del saber desinteresado. Porque las Universidades, academias y centros de enseñanza, son los laboratorios limpios en donde se cultiva la inteligencia aséptica del futuro.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> La conciencia racional</span><br/><br/> ¿Cómo dirigirse hacia el saber desinteresado de la Universidad; y cómo levantar sobre ese conocimiento las fundaciones del pensamiento integrador y pacificador, que sería la Universidad de la Frontera?<br/><br/> En tanto que latinoamericanos, estamos situados en un punto del planeta donde se expresa con más intensidad el milagro de la vida y de la concatenación del mayor número de millones de organismos vivos existentes, ni siquiera clasificados por los hombres de ciencia. Esta debería ser una de las mayores razones para no permanecer indiferentes frente a una realidad tan espléndida como lastimosamente ignorada. Por ejemplo, ser habitantes del trópico húmedo significa estar en el centro biológico terrestre. Pero significa, también, el compromiso de preservar los ecosistemas naturales y de utilizar la biodiversidad para generar riqueza en la medicina y la agricultura: tales son las palabras del sabio Cristian Samper, director del Museo de Historia Natural del Instituto Smithsonian de Washington.<br/><br/> ¡Una hermosa realidad para sumergir en ella a nuestros educandos!<br/><br/> Por fortuna, las nuevas corrientes del pensamiento se aproximan a un manejo democrático de los grandes temas de la ciencia y del conocimiento aplicado. A ello ha contribuido la transformación inimaginada en el mundo de la informática y de los medios audiovisuales, que han permitido que -siendo conscientes de que para el común de la gente y aún para una buena parte de la propia comunidad científica, resulta inalcanzable la plena comprensión de las interrelaciones entre el todo y las partes-, sí es posible, crear una conciencia racional de que ellas existen.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> El desarrollo científico</span><br/><br/> Porque el avance económico, político y social de los pueblos pasa por el meridiano de su desarrollo científico, tecnológico y cultural, el nuevo poder, que en un futuro no lejano determinará la supervivencia de pueblos y naciones, es el conocimiento. Pero el saber que genera riqueza proviene del saber científico y tecnológico. El mundo desarrollado entendió dicho dilema siglos atrás y lo convirtió en uno de los ejes fundamentales de sus políticas de estado, por encima de los gobiernos de turno. No es de extrañar, entonces, que las epopeyas de la fisión del átomo, que enfrentó durante décadas a europeos y norteamericanos; la llegada del hombre a la luna que significó la competencia de rusos y estadinenses; el develamiento del genoma humano que unió 25 países durante un par de décadas, para mencionar solo unos pocos ejemplos, fueran resultado de políticas de estado que significaban compromisos gubernamentales a muy largo plazo.<br/><br/> Hoy, quienes lo lograron, detentan el monopolio de dichos beneficios que en algunas oportunidades han compartido con el resto del mundo (átomos por la paz, proyectos Discovery, Atlantys y Hugo o Human cenóme Organization), manteniendo siempre el control.<br/><br/> Cierto que los países latinoamericanos llegaron tarde al tren del desarrollo científico y tecnológico. Pero si, como escribiera Federico Mayor, ex director de la UNESCO, mañana siempre es tarde,¡hoy aun es todavía!, ahora se presentan oportunidades casi únicas: la globalización del conocimiento a través del internet, la conformación de redes virtuales de científicos de distintas latitudes del mundo, la formación de universidades multinacionales, como la Universidad de la Frontera, con las ventajas consabidas porque tal vez mañana sea demasiado tarde para cerrar la brecha del conocimiento y el desarrollo.<br/><br/> Un personaje de Borges, Emma Zunz, dice que cuando uno sueña solo, lo que sueña es apenas eso, un sueño; pero que cuando uno sueña en compañía, el sueño comienza a convertirse en realidad. Es lo que hemos hecho ahora: soñar, ustedes y nosotros, el sueño de la curación de los conflictividades fronterizas, a través del saber desinteresado de la Universidad de la Frontera, y del sueño vegetal de los bosques de la Amazonia, la Orinoquía y el Paraná. Todo lo cual nos llena en espíritu y en verdad, como dice el Eclesiastés, en la plenitud del desarrollo y de la paz. <br/><br/><br/>
A continuación la reproducimos:

Al mirarnos al espejo de obsidiana bruñido por los primitivos pobladores de los territorios que son hoy América Latina, concluimos que no hay duda de que podemos forjar un futuro sostenible y de avance para todos. Pero es necesario integrarnos primero, a fin de evitar que la globalización nos atropelle; y actuar con criterio global, para reafirmar nuestra independencia mediante los vasos comunicantes de nuestra interdependencia.

Al respecto, reitero ante este calificado auditorio, una propuesta que he formulado ya a los rectores de las Universidades del Zulia, en Maracaibo, Venezuela, y ante su dirigencia política, académica, empresarial: propongo crear la Universidad de la Frontera, institución que permitiría superar las líneas divisorias conflictivas entre los países de América Latina, y cuyo propósito fundamental sería convertir las conflictividades en ansiedades de saber; universalizar y tropicalizar nuestra ciencia, nuestra tecnología y nuestra región, de manera que, por ejemplo, el mayor índice de productividad primaria biológica del planeta que se encuentra en nuestra franja tropical, no esté acompañado paradójicamente por uno de los mayores índices de carencias y de situaciones problemáticas. Y rebatir, así, la certeza transitoria de que lo único sostenible entre nosotros, es la pobreza.

La Universidad de la Frontera, con facultades en las principales ciudades de las líneas limítrofes de los países del continente, prepararía a los jóvenes de la respectiva zona, para responder profesionalmente a las necesidades de los pueblos aledaños. Y, repito, sustituiría toda conflictividad por el saber desinteresado recíproco de la Universidad.

Las ciencias de la vida

Recordemos que cuando se dio la independencia del continente intermedio que es América Latina antes de su imperdonable fragmentación, los latinoamericanos íbamos adelante de Estados Unidos en todos los aspectos del desarrollo. ¿Qué pasó? ¿En qué absurdo momento dejamos marchitar el espíritu emprendedor de nuestros Libertadores? Pues bien, ese oscuro trayecto podemos corregirlo mediante el conocimiento, en virtud del saber desinteresado de la Universidad.

El énfasis de la Universidad de la Frontera estaría dirigido a las ciencias de la vida consideradas como un todo, pues el siglo XXI será el de la biología, ahora cuando hemos entrado en la era de la secuencia genética, el mapa más importante en la historia de la humanidad; y ahora cuando estamos frente a un cambio de premisa, un cambio de paradigma, que trasciende las ideologías. No olvidemos que en ciencia y tecnología, como decía Carl Sagan, la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas.

La Universidad de la Frontera, con sedes fundamentales en Maracaibo, Riohacha, Cúcuta y San Cristóbal, Arauca y Guadualito, San Fernando de Atabapo y Puerto Inírida, a orillas del Orinoco o de sus afluentes entre Colombia y Venezuela; en Mitú y Yavaraté, Leticia, Tabatinga y Manaos, entre Brasil y Colombia; Iquitos y Leticia entre el Perú y Colombia; Encarnación, Misiones e Iguazú, entre Brasil, Argentina y Paraguay; Buenos Aires y Montevideo, entre Argentina y Uruguay.

Lo anterior sólo como ejemplos en Suramérica. Y lo mismo puede predicarse de América Central, con facultades especializadas en puntos de la frontera, podría ser la respuesta para borrar aquel error y recobrar el entusiasmo constructivo que tuvimos ayer.

Los soberbios Amazonas, Orinoco y Paraná

Nos separan fronteras naturales vivas, es cierto; pero las fronteras políticas fueron definidas por el ex canciller venezolano Simón Alberto Consalvi en un mapa unívoco de Venezuela y Colombia, sin fronteras; y con una hermosa leyenda, así: "Este es el país del cual me habría gustado ser ciudadano". Y tiene razón, porque el soberbio Río Orinoco, como lo llamara Julio Verne, no entiende de separaciones, ni comprende el ser manejado por pedazos, pues es un todo, como lo éramos antes en América Latina.

Ejemplos recientes de integración, fueron realizados por un centenar de artistas venezolanos y colombianos, que en el año 2000 concertaron sus creatividades en San Fernando de Atabapo, en la ribera venezolana del Orinoco; y en Puerto Inírida, en la ribera colombiana, escenario esplendoroso que Humboldt llamó "la estrella fluvial del Sur", porque el río Guaviare, el río Inírida y el río Atabapo, desembocan allí, al unísono, al soberbio Orinoco, el cual, en gesto reverente, envía un expresivo mensaje al soberbio Amazonas, a través del díscolo Brazo Casiquiare, que no regresa a su cauce nutricio, sino que se marcha al Río Negro, que se convierte en el cauce nuevo.

Política y cultura

Es sabido el papel que la cultura del conocimiento y la cultura del buen gobierno han tenido en la historia de la humanidad. Grecia y su pléyade de intelectuales edificaron, con la argamasa de la inteligencia, los cimientos de la cultura occidental, con tal solidez que dos mil quinientos años no los han podido destruir. Atenas y Roma fueron, para la filosofía y el derecho, las más elevadas expresiones salidas de la mente humana. Llegó después el Renacimiento, explosión colectiva de inteligencia sin parangón en la historia; más tarde, sin el aporte de los enciclopedistas, D'Alambert, Voltaire y Rousseau a la cabeza, la revolución francesa y la democracia moderna no hubieran sido posibles. En fin, podrían multiplicarse los ejemplos de cómo el pensamiento y la cultura han precedido, unas veces, y culminado en otras oportunidades, la labor de políticos y guerreros.

Por lo cual, es igualmente indispensable que quienes tienen a su cargo el gobierno de la sociedad o aspiran a tenerlo, escuchen la voz de los pensadores, la voz del saber desinteresado. Porque las Universidades, academias y centros de enseñanza, son los laboratorios limpios en donde se cultiva la inteligencia aséptica del futuro.

La conciencia racional

¿Cómo dirigirse hacia el saber desinteresado de la Universidad; y cómo levantar sobre ese conocimiento las fundaciones del pensamiento integrador y pacificador, que sería la Universidad de la Frontera?

En tanto que latinoamericanos, estamos situados en un punto del planeta donde se expresa con más intensidad el milagro de la vida y de la concatenación del mayor número de millones de organismos vivos existentes, ni siquiera clasificados por los hombres de ciencia. Esta debería ser una de las mayores razones para no permanecer indiferentes frente a una realidad tan espléndida como lastimosamente ignorada. Por ejemplo, ser habitantes del trópico húmedo significa estar en el centro biológico terrestre. Pero significa, también, el compromiso de preservar los ecosistemas naturales y de utilizar la biodiversidad para generar riqueza en la medicina y la agricultura: tales son las palabras del sabio Cristian Samper, director del Museo de Historia Natural del Instituto Smithsonian de Washington.

¡Una hermosa realidad para sumergir en ella a nuestros educandos!

Por fortuna, las nuevas corrientes del pensamiento se aproximan a un manejo democrático de los grandes temas de la ciencia y del conocimiento aplicado. A ello ha contribuido la transformación inimaginada en el mundo de la informática y de los medios audiovisuales, que han permitido que -siendo conscientes de que para el común de la gente y aún para una buena parte de la propia comunidad científica, resulta inalcanzable la plena comprensión de las interrelaciones entre el todo y las partes-, sí es posible, crear una conciencia racional de que ellas existen.

El desarrollo científico

Porque el avance económico, político y social de los pueblos pasa por el meridiano de su desarrollo científico, tecnológico y cultural, el nuevo poder, que en un futuro no lejano determinará la supervivencia de pueblos y naciones, es el conocimiento. Pero el saber que genera riqueza proviene del saber científico y tecnológico. El mundo desarrollado entendió dicho dilema siglos atrás y lo convirtió en uno de los ejes fundamentales de sus políticas de estado, por encima de los gobiernos de turno. No es de extrañar, entonces, que las epopeyas de la fisión del átomo, que enfrentó durante décadas a europeos y norteamericanos; la llegada del hombre a la luna que significó la competencia de rusos y estadinenses; el develamiento del genoma humano que unió 25 países durante un par de décadas, para mencionar solo unos pocos ejemplos, fueran resultado de políticas de estado que significaban compromisos gubernamentales a muy largo plazo.

Hoy, quienes lo lograron, detentan el monopolio de dichos beneficios que en algunas oportunidades han compartido con el resto del mundo (átomos por la paz, proyectos Discovery, Atlantys y Hugo o Human cenóme Organization), manteniendo siempre el control.

Cierto que los países latinoamericanos llegaron tarde al tren del desarrollo científico y tecnológico. Pero si, como escribiera Federico Mayor, ex director de la UNESCO, mañana siempre es tarde,¡hoy aun es todavía!, ahora se presentan oportunidades casi únicas: la globalización del conocimiento a través del internet, la conformación de redes virtuales de científicos de distintas latitudes del mundo, la formación de universidades multinacionales, como la Universidad de la Frontera, con las ventajas consabidas porque tal vez mañana sea demasiado tarde para cerrar la brecha del conocimiento y el desarrollo.

Un personaje de Borges, Emma Zunz, dice que cuando uno sueña solo, lo que sueña es apenas eso, un sueño; pero que cuando uno sueña en compañía, el sueño comienza a convertirse en realidad. Es lo que hemos hecho ahora: soñar, ustedes y nosotros, el sueño de la curación de los conflictividades fronterizas, a través del saber desinteresado de la Universidad de la Frontera, y del sueño vegetal de los bosques de la Amazonia, la Orinoquía y el Paraná. Todo lo cual nos llena en espíritu y en verdad, como dice el Eclesiastés, en la plenitud del desarrollo y de la paz.


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