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Cambio de mando en Cuba: ¿Seguirá Raúl Castro los pasos de su hermano Fidel?

      
Tras 49 años y 55 días en el poder, Raúl sucede a Fidel, de 81 años. Raúl Castro encabezó la lista única de candidatos presentada a la Asamblea Nacional del Poder Popular para designar para los próximos cinco años al nuevo presidente del Consejo de Estado, máxima autoridad de la isla. Fidel seguirá siendo el primer secretario del Partido Comunista, el único legal en la isla.<br/><br/> El general Raúl Castro, de 76 años, no es ningún desconocido: ha estado en la primera línea de la revolución desde el mismo momento en que, junto con su hermano, derrocaron al dictador Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959. Desde entonces, Raúl ha sido el segundo de Fidel en todos los frentes políticos, militares e institucionales, siendo hasta ahora primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, segundo secretario del Partido Comunista y ministro de las Fuerzas Armadas.<br/><br/>A diferencia de su hermano, Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, dice que Raúl es un hombre pragmático que le gusta trabajar en equipo, organizar las cosas y no deja nada a la improvisación. Malamud añade que, cuando la revolución triunfó, fue muy activo en la consolidación de la misma. Lo que pasa es que siempre estuvo eclipsado, por así decirlo, por el fuerte liderazgo y la personalidad de su hermano.<br/><br/> Agustín Ulied, profesor del departamento de Economía de ESADE, dice que Raúl Castro cultiva el consenso con sus subordinados y un alto grado de lealtad hacia sus seguidores, como se ha podido apreciar con el nombramiento de los miembros del Consejo de Estado. Pero, quizás, la característica que más le define es su eficiencia. Ulied explica que Raúl ha sido el principal artífice de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la institución de mayor éxito y con más prestigio en Cuba, ya que nunca ha sido utilizada en la represión contra el pueblo y mueve dos tercios de la economía cubana.<br/><br/> Por su parte, Hugo Macías, coordinador del Centro de Investigaciones Económicas, Contables y Administrativas, de la Universidad de Medellín (CIECA), en Colombia, describe el perfil del nuevo presidente como el de un conocedor al detalle de la política local y su relación internacional, un militar que ha sido clave en el proceso de autodeterminación de Cuba, frente a las presiones de las naciones más poderosas e intervencionistas del mundo.<br/><br/> Rafael Pampillón, profesor del IE, destaca, además, que el nuevo presidente domina el aparato del partido, el ejército y los servicios de seguridad. Es un poco subterráneo, trabaja en la sombra y sabrá manejar las cosas para que salgan. Él y los cubanos, añade, son conscientes de que es necesario un cambio del sistema económico.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;>Ningún cambio en política</span><br/><br/> Los expertos coinciden en señalar que, mientras las posibilidades de apertura política son casi nulas, en el ámbito económico se adivinan intenciones de cambio. Malamud es rotundo: no habrá ningún tipo de apertura política. Todas las señales son que no habrá nada de eso. Para Macías, las reformas políticas serán muy graduales, tardarán varios años en aplicar el sistema de votaciones directas. Ulied, por su parte, destaca que entre Fidel y Raúl Castro ha existido siempre una fuerte complementariedad. La cesión del poder de uno a otro sólo nos señala que se ha producido un cambio en la continuidad. <br/><br/> Pampillón cree conveniente señalar que a través de los medios se está insistiendo demasiado en que no habrá una transición política a no ser que muera Fidel Castro. Yo estoy de acuerdo, dice, pero no creo que sea el momento de poner el énfasis en esto, de lo que hay que hablar y escribir es de la necesidad de una transición económica para que, al menos en este ámbito, la situación mejore, sobre todo para los cubanos, ya que viven en una situación de mucha carestía, desastrosa desde el punto de vista del nivel de vida y económica.<br/><br/> Por otro lado, Ulied resalta el papel de las reformas económicas como detonante de las posibles transformaciones políticas. En las transiciones más exitosas de determinados sistemas totalitarios ciertas reformas económicas han precedido a las reformas políticas, pero generalmente la velocidad del cambio en estas áreas es imprevisible y difícil de controlar.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>¿Camino de una transición económica?</span><br/><br/> El profesor de ESADE piensa que mientras viva Fidel, y continúe presidiendo el Partido Comunista de Cuba, los cambios en la economía cubana no serán significativos. Aclara que, dada la situación de precariedad en la que vive el pueblo cubano, es posible aventurar en el corto plazo un posible restablecimiento del sistema de reformas de 1993-1996 e, incluso, una cierta profundización en ellas que permita recuperar el dinamismo económico. Esta apertura, que supuso un estímulo para la propiedad privada y la inversión extranjera, se vio frenada no suspendida- poco después de su puesta en marcha.<br/><br/> Ulied explica que el frenazo se produjo fundamente por razones políticas, ya que avanzar en estas reformas ponía en peligro la transición tras la desaparición de Fidel. Lo que se pretendió fue asegurar que la transición sea controlada por el Partido. La descentralización de las decisiones económicas en las empresas y en el incipiente pero dinámico sector privado implicaba un riesgo de autonomía y resistencia al control del Partido. Otra razón para la recentralización, de carácter mucho más coyuntural, añade, fue la necesidad de controlar las divisas y la urgencia de aumentarlas para hacer frente a las obligaciones contraídas por el creciente volumen de importaciones.<br/><br/> En aquella época, existía la percepción de que se estaba produciendo un alejamiento muy evidente de uno de los principios revolucionarios como es la igualdad de clases. Los cubanos con acceso al dólar disfrutaban de mayores rentas y estaban constituyendo una clase consumista que producía recelos por parte de aquellos trabajadores que no tenían acceso a la moneda estadounidense. Como digo, algo revolucionariamente inaceptable, señala Ulied.<br/><br/> El profesor de ESADE explica que el primero en criticar las reformas de los mercados fue Raúl en marzo de 1996. Él tiene fama de ser el duro del sistema, aunque podemos ver en el pasado algunas indicaciones de su posición favorable a las reformas, de ahí que se diga que existen señales que contradicen el pragmatismo de Raúl. No obstante, añade que la difícil situación por la que pasa la población cubana parece inclinar al nuevo presidente del lado de los que apoyan algunas reformas económicas y sociales urgentes como anunció durante el discurso de toma de posesión.<br/><br/> Para Macías, los numerosos controles estatales sobre la economía cubana seguirán disminuyendo paulatinamente. Con el cambio de liderazgo en la isla, el profesor de la Universidad de Medellín cree que se seguirá ampliando la inversión extranjera, ahora con un poco menos de regulación del Estado, al mismo tiempo que se seguirán desarrollando las iniciativas turísticas y se aumentará sustancialmente el número de trabajadores por cuenta propia. En su opinión, tras un proceso que se inició hace quince años, Cuba continuará construyendo lentamente el mercado de trabajo y un mercado mucho más amplio de bienes y servicios, con los que hará la transición lenta a la economía capitalista. Para Macías este cambio no será rápido, se requiere por lo menos una generación más. Son los cubanos jóvenes quienes promoverán ese proceso de apertura económica y cultural.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>El modelo de China </span><br/><br/> Pampillón es bastante más optimista respecto a la velocidad en la que ocurrirán esos cambios y señala que el nuevo presidente está por desmantelar el sistema de planificación socialista y de control de la economía que actualmente rige la isla. Según explica, Raúl ya lo ha manifestado en diversos foros y lo ha hecho con mucha valentía, desafiando un poco la doctrina tradicional del régimen comunista.<br/><br/> El profesor del IE cree que Cuba seguirá el ejemplo de China y Vietnam, países con un sistema comunista, de partido único, donde no hay cambios importantes en política pero sí en la economía. Rául Castro ha visitado China y conoce bien el país, destaca. En su opinión, para que se produzca una transformación económica como los que han tenido lugar en estos países asiáticos, tienen que darse una serie de condiciones. En primer lugar, hace falta que las personas que están al frente del país tengan unos objetivos claros, saber donde se quiere ir. Para él, Raúl Castro lo tiene claro, apuesta por un sistema de economía de mercado. Por otro lado, Pampillón no cree que sea necesario que para que haya un cambio de sistema muera el dictador. En el caso de España sí hizo falta que se muriera Franco para que hubiera una transición, pero en Chile no hizo falta. No es necesario que se dé en todos los casos.<br/><br/> Por otro lado, señala que también tendrá que cumplirse la condición de que las empresas extranjeras que se ubiquen en Cuba, sientan que los cambios van a ser permanentes, tal y ocurre en China, que estén seguros de que jurídicamente se van a respetar los contratos que se hagan con el gobierno y se van a respetar los derechos de propiedad. Otras condiciones, como el descontento de la población con la situación económica o contar con un contexto internacional favorable a la apertura, ya se dan.<br/><br/> Ulied no tiene tan claro cuál será el modelo que Cuba elegirá para llevar a cabo esa transformación. Es difícil pensar que el actual gobierno cubano inicie una transición económica como la que llevaron a cabo los antiguos países socialistas, ya que haría saltar por los aires en muy breve plazo cincuenta años de revolución socialista. A medio plazo, una alternativa viable sería la de aplicar el modelo socialista de China y Vietnam. Sin embargo, este camino nunca fue bien visto por Fidel Castro y estructuralmente estos países difieren mucho de Cuba.<br/><br/> Macías tampoco cree que China sea el mejor ejemplo a seguir. Si bien China adoptó un modelo de economía socialista de mercado, desde que así lo decidió el Partido Comunista Chino en 1989, esta extraña combinación que solo China podría llevar a cabo, no es el mejor referente para Cuba. Cuba transitará hacia el mercado ortodoxo de manera lenta, necesita una generación para hacerlo, asegura.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Los retos de la economía cubana</span><br/><br/> Y es que pasar de una economía socialista a una economía de mercado no es una tarea fácil. Cuba tendrá que superar muchos obstáculos. Ulied explica que la economía socialista cubana difiere notablemente de las economías que caracterizaban a los países socialistas europeos. El sistema económico cubano ha sido descrito como un sistema que se distingue en el manejo de la pobreza, pero falla en la creación de riqueza. En consecuencia, señala que el principal reto que tiene la economía cubana es el de crear riqueza y productividad económica. Cuba necesita urgentemente descentralizar el sistema y desarrollar la creación de capital, en especial capital doméstico y promover la participación de su capital humano en el arranque de la economía transformándoles en activos participes del progreso económico.<br/><br/> Y añade que los fundamentos de la transformación del sistema económico tienen que venir dados por reformas de carácter microeconómico. Entre otras, deberán eliminarse las limitaciones en la creación de empresas, permitir la contratación de empleados, iniciar una cierta liberalización del sistema financiero, facilitar el proceso de compra y venta de propiedades manteniendo un registro adecuado y garantizando el título, además de desarrollar un sistema fiscal efectivo, etc.<br/><br/> El profesor del IE explica que el sucesor de Fidel tendrá que resolver un sinfín de problemas, entre los que destaca el desastroso sistema de transporte, el desabastecimiento de alimentos, un sector agrícola atrasado y de muy baja productividad, la necesidad de incorporar la tecnología y los conocimientos a la creación de bienes y servicios, una industria obsoleta, desempleo y la desigualdad entre los cubanos que disfrutan del peso convertible y los que sólo tienen acceso a pesos cubanos que les permiten comprar muy pocas cosas.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Las relaciones con América Latina y China</span><br/><br/> Con Fidel Castro fuera de la escena política, ¿cómo serán las relaciones de Cuba con el resto de países latinoamericanos? Ulied comenta que la historia de los últimos cincuenta años de América Latina ha estado marcada por la figura de Castro: El triunfo de la Revolución cubana impregnó a todo el continente. En la actualidad, tan sólo el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega reivindican la herencia de Castro.<br/><br/> Lo primero que hizo Raúl tras ser nombrado presidente fue ponerse en contacto con Chávez, cuenta Malamud , lo cuál demuestra que la preocupación por el tema energético es muy importante, porque de Chávez depende el abastecimiento de energía a la isla, pero podría ocurrir que hubiera una relación un poco menos carnal entre Cuba y Venezuela. Esto habrá que verlo. Pampillón también cree que Raúl no conecta con Chávez con la misma energía que su hermano Fidel. A pesar de que el vínculo entre los dos mandatarios no podrá repetirse con la misma intensidad entre Chávez y Raúl, Ulied piensa que es muy posible que el apoyo económico del dirigente venezolano hacia Cuba no cambie tras la retirada de Fidel Castro.<br/><br/> El otro jugador a tener en cuenta en las relaciones entre Cuba y América Latina es Brasil. Malamud dice que Lula estuvo hace poco visitando el país y, aparentemente, las relaciones van por buen camino. El presidente brasileño podría jugar un papel moderador. Además de Brasil, otros países como Argentina o Chile podrían facilitar la transición abriendo espacios de dialogo entre el Gobierno cubano y sectores de la oposición, destaca Ulied.<br/><br/> Los portavoces de Exteriores de China, un país cuya cooperación con Cuba ha sido esencial en los últimos años, aseguraron que, pese a la salida del poder de Fidel, el Gobierno de Pekín continuará fortaleciendo y cultivando relaciones de amistad y cooperación con La Habana. El gigante asiático es el segundo socio comercial de Cuba, después de Venezuela, según datos del Gobierno chino, en 2006, con un volumen anual de intercambios de 2.000 millones de dólares. Este enorme país le ha tendido un puente a Cuba con el otorgamiento de créditos blandos que han permitido un respiro vital a la isla en estas épocas difíciles, concluye Macías. <br/><br/><br/><br/>
Tras 49 años y 55 días en el poder, Raúl sucede a Fidel, de 81 años. Raúl Castro encabezó la lista única de candidatos presentada a la Asamblea Nacional del Poder Popular para designar para los próximos cinco años al nuevo presidente del Consejo de Estado, máxima autoridad de la isla. Fidel seguirá siendo el primer secretario del Partido Comunista, el único legal en la isla.

El general Raúl Castro, de 76 años, no es ningún desconocido: ha estado en la primera línea de la revolución desde el mismo momento en que, junto con su hermano, derrocaron al dictador Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959. Desde entonces, Raúl ha sido el segundo de Fidel en todos los frentes políticos, militares e institucionales, siendo hasta ahora primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, segundo secretario del Partido Comunista y ministro de las Fuerzas Armadas.

A diferencia de su hermano, Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, dice que "Raúl es un hombre pragmático que le gusta trabajar en equipo, organizar las cosas y no deja nada a la improvisación". Malamud añade que, cuando la revolución triunfó, fue muy activo en la consolidación de la misma. "Lo que pasa es que siempre estuvo eclipsado, por así decirlo, por el fuerte liderazgo y la personalidad de su hermano".

Agustín Ulied, profesor del departamento de Economía de ESADE, dice que Raúl Castro cultiva "el consenso con sus subordinados y un alto grado de lealtad hacia sus seguidores, como se ha podido apreciar con el nombramiento de los miembros del Consejo de Estado. Pero, quizás, la característica que más le define es su eficiencia". Ulied explica que Raúl ha sido el principal artífice de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la institución de mayor éxito y con más prestigio en Cuba, ya que nunca ha sido utilizada en la represión contra el pueblo y mueve dos tercios de la economía cubana.

Por su parte, Hugo Macías, coordinador del Centro de Investigaciones Económicas, Contables y Administrativas, de la Universidad de Medellín (CIECA), en Colombia, describe el perfil del nuevo presidente como "el de un conocedor al detalle de la política local y su relación internacional, un militar que ha sido clave en el proceso de autodeterminación de Cuba, frente a las presiones de las naciones más poderosas e intervencionistas del mundo".

Rafael Pampillón, profesor del IE, destaca, además, que el nuevo presidente domina el aparato del partido, el ejército y los servicios de seguridad. "Es un poco subterráneo, trabaja en la sombra y sabrá manejar las cosas para que salgan". Él y los cubanos, añade, "son conscientes de que es necesario un cambio del sistema económico".


Ningún cambio en política

Los expertos coinciden en señalar que, mientras las posibilidades de apertura política son casi nulas, en el ámbito económico se adivinan intenciones de cambio. Malamud es rotundo: "no habrá ningún tipo de apertura política. Todas las señales son que no habrá nada de eso". Para Macías, las reformas políticas "serán muy graduales, tardarán varios años en aplicar el sistema de votaciones directas". Ulied, por su parte, destaca que "entre Fidel y Raúl Castro ha existido siempre una fuerte complementariedad. La cesión del poder de uno a otro sólo nos señala que se ha producido un cambio en la continuidad".

Pampillón cree conveniente señalar que a través de los medios se está insistiendo demasiado en que no habrá una transición política a no ser que muera Fidel Castro. "Yo estoy de acuerdo", dice, "pero no creo que sea el momento de poner el énfasis en esto, de lo que hay que hablar y escribir es de la necesidad de una transición económica para que, al menos en este ámbito, la situación mejore, sobre todo para los cubanos, ya que viven en una situación de mucha carestía, desastrosa desde el punto de vista del nivel de vida y económica".

Por otro lado, Ulied resalta el papel de las reformas económicas como detonante de las posibles transformaciones políticas. "En las transiciones más exitosas de determinados sistemas totalitarios ciertas reformas económicas han precedido a las reformas políticas, pero generalmente la velocidad del cambio en estas áreas es imprevisible y difícil de controlar".


¿Camino de una transición económica?


El profesor de ESADE piensa que mientras viva Fidel, y continúe presidiendo el Partido Comunista de Cuba, los cambios en la economía cubana no serán significativos. Aclara que, dada la situación de precariedad en la que vive el pueblo cubano, es posible aventurar en el corto plazo un posible restablecimiento del sistema de reformas de 1993-1996 e, incluso, una cierta profundización en ellas que permita recuperar el dinamismo económico. Esta apertura, que supuso un estímulo para la propiedad privada y la inversión extranjera, se vio frenada no suspendida- poco después de su puesta en marcha.

Ulied explica que el frenazo se produjo fundamente por razones políticas, ya que avanzar en estas reformas ponía en peligro la transición tras la desaparición de Fidel. "Lo que se pretendió fue asegurar que la transición sea controlada por el Partido. La descentralización de las decisiones económicas en las empresas y en el incipiente pero dinámico sector privado implicaba un riesgo de autonomía y resistencia al control del Partido". Otra razón para la recentralización, de carácter mucho más coyuntural, añade, "fue la necesidad de controlar las divisas y la urgencia de aumentarlas para hacer frente a las obligaciones contraídas por el creciente volumen de importaciones".

En aquella época, existía la percepción de que se estaba produciendo un alejamiento muy evidente de uno de los principios revolucionarios como es la igualdad de clases. Los cubanos con acceso al dólar disfrutaban de mayores rentas y estaban constituyendo una clase consumista que producía recelos por parte de aquellos trabajadores que no tenían acceso a la moneda estadounidense. "Como digo, algo revolucionariamente inaceptable", señala Ulied.

El profesor de ESADE explica que el primero en criticar las reformas de los mercados fue Raúl en marzo de 1996. "Él tiene fama de ser el duro del sistema, aunque podemos ver en el pasado algunas indicaciones de su posición favorable a las reformas, de ahí que se diga que existen señales que contradicen el pragmatismo de Raúl". No obstante, añade que la difícil situación por la que pasa la población cubana parece inclinar al nuevo presidente del lado de los que apoyan algunas reformas económicas y sociales urgentes como anunció durante el discurso de toma de posesión.

Para Macías, los numerosos controles estatales sobre la economía cubana seguirán disminuyendo paulatinamente. Con el cambio de liderazgo en la isla, el profesor de la Universidad de Medellín cree que "se seguirá ampliando la inversión extranjera, ahora con un poco menos de regulación del Estado, al mismo tiempo que se seguirán desarrollando las iniciativas turísticas y se aumentará sustancialmente el número de trabajadores por cuenta propia". En su opinión, tras un proceso que se inició hace quince años, Cuba continuará construyendo lentamente el mercado de trabajo y un mercado mucho más amplio de bienes y servicios, con los que hará la transición lenta a la economía capitalista. Para Macías este cambio no será rápido, "se requiere por lo menos una generación más. Son los cubanos jóvenes quienes promoverán ese proceso de apertura económica y cultural".


El modelo de China


Pampillón es bastante más optimista respecto a la velocidad en la que ocurrirán esos cambios y señala que el nuevo presidente "está por desmantelar el sistema de planificación socialista y de control de la economía que actualmente rige la isla". Según explica, Raúl ya lo ha manifestado en diversos foros y "lo ha hecho con mucha valentía, desafiando un poco la doctrina tradicional del régimen comunista".

El profesor del IE cree que Cuba seguirá el ejemplo de China y Vietnam, países con un sistema comunista, de partido único, donde no hay cambios importantes en política pero sí en la economía. "Rául Castro ha visitado China y conoce bien el país", destaca. En su opinión, para que se produzca una transformación económica como los que han tenido lugar en estos países asiáticos, tienen que darse una serie de condiciones. En primer lugar, hace falta que las personas que están al frente del país tengan unos objetivos claros, "saber donde se quiere ir". Para él, Raúl Castro lo tiene claro, apuesta por un sistema de economía de mercado. Por otro lado, Pampillón no cree que sea necesario que para que haya un cambio de sistema muera el dictador. "En el caso de España sí hizo falta que se muriera Franco para que hubiera una transición, pero en Chile no hizo falta. No es necesario que se dé en todos los casos".

Por otro lado, señala que también tendrá que cumplirse la condición de que las empresas extranjeras que se ubiquen en Cuba, sientan que los cambios van a ser permanentes, tal y ocurre en China, "que estén seguros de que jurídicamente se van a respetar los contratos que se hagan con el gobierno y se van a respetar los derechos de propiedad". Otras condiciones, como el descontento de la población con la situación económica o contar con un contexto internacional favorable a la apertura, ya se dan.

Ulied no tiene tan claro cuál será el modelo que Cuba elegirá para llevar a cabo esa transformación. "Es difícil pensar que el actual gobierno cubano inicie una transición económica como la que llevaron a cabo los antiguos países socialistas, ya que haría saltar por los aires en muy breve plazo cincuenta años de revolución socialista. A medio plazo, una alternativa viable sería la de aplicar el modelo socialista de China y Vietnam. Sin embargo, este camino nunca fue bien visto por Fidel Castro y estructuralmente estos países difieren mucho de Cuba".

Macías tampoco cree que China sea el mejor ejemplo a seguir. Si bien China adoptó un modelo de economía socialista de mercado, desde que así lo decidió el Partido Comunista Chino en 1989, "esta extraña combinación que solo China podría llevar a cabo, no es el mejor referente para Cuba. Cuba transitará hacia el mercado ortodoxo de manera lenta, necesita una generación para hacerlo", asegura.


Los retos de la economía cubana


Y es que pasar de una economía socialista a una economía de mercado no es una tarea fácil. Cuba tendrá que superar muchos obstáculos. Ulied explica que la economía socialista cubana difiere notablemente de las economías que caracterizaban a los países socialistas europeos. El sistema económico cubano ha sido descrito como un sistema "que se distingue en el manejo de la pobreza, pero falla en la creación de riqueza". En consecuencia, señala que el principal reto que tiene la economía cubana es el de crear riqueza y productividad económica. "Cuba necesita urgentemente descentralizar el sistema y desarrollar la creación de capital, en especial capital doméstico y promover la participación de su capital humano en el arranque de la economía transformándoles en activos participes del progreso económico".

Y añade que "los fundamentos de la transformación del sistema económico tienen que venir dados por reformas de carácter microeconómico. Entre otras, deberán eliminarse las limitaciones en la creación de empresas, permitir la contratación de empleados, iniciar una cierta liberalización del sistema financiero, facilitar el proceso de compra y venta de propiedades manteniendo un registro adecuado y garantizando el título, además de desarrollar un sistema fiscal efectivo, etc".

El profesor del IE explica que el sucesor de Fidel tendrá que resolver un sinfín de problemas, entre los que destaca "el desastroso sistema de transporte, el desabastecimiento de alimentos, un sector agrícola atrasado y de muy baja productividad, la necesidad de incorporar la tecnología y los conocimientos a la creación de bienes y servicios, una industria obsoleta, desempleo y la desigualdad entre los cubanos que disfrutan del peso convertible y los que sólo tienen acceso a pesos cubanos que les permiten comprar muy pocas cosas".


Las relaciones con América Latina y China


Con Fidel Castro fuera de la escena política, ¿cómo serán las relaciones de Cuba con el resto de países latinoamericanos? Ulied comenta que la historia de los últimos cincuenta años de América Latina ha estado marcada por la figura de Castro: El triunfo de la Revolución cubana impregnó a todo el continente. En la actualidad, tan sólo el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega reivindican la herencia de Castro.

Lo primero que hizo Raúl tras ser nombrado presidente fue ponerse en contacto con Chávez, cuenta Malamud , "lo cuál demuestra que la preocupación por el tema energético es muy importante, porque de Chávez depende el abastecimiento de energía a la isla, pero podría ocurrir que hubiera una relación un poco menos carnal entre Cuba y Venezuela. Esto habrá que verlo". Pampillón también cree que Raúl no conecta con Chávez con la misma energía que su hermano Fidel. A pesar de que el vínculo entre los dos mandatarios no podrá repetirse con la misma intensidad entre Chávez y Raúl, Ulied piensa que es muy posible que el apoyo económico del dirigente venezolano hacia Cuba no cambie tras la retirada de Fidel Castro.

El otro jugador a tener en cuenta en las relaciones entre Cuba y América Latina es Brasil. Malamud dice que Lula estuvo hace poco visitando el país y, "aparentemente, las relaciones van por buen camino. El presidente brasileño podría jugar un papel moderador". Además de Brasil, otros países como Argentina o Chile podrían facilitar la transición abriendo espacios de dialogo entre el Gobierno cubano y sectores de la oposición, destaca Ulied.

Los portavoces de Exteriores de China, un país cuya cooperación con Cuba ha sido esencial en los últimos años, aseguraron que, pese a la salida del poder de Fidel, el Gobierno de Pekín "continuará fortaleciendo y cultivando relaciones de amistad y cooperación" con La Habana. El gigante asiático es el segundo socio comercial de Cuba, después de Venezuela, según datos del Gobierno chino, en 2006, con un volumen anual de intercambios de 2.000 millones de dólares. "Este enorme país le ha tendido un puente a Cuba con el otorgamiento de créditos blandos que han permitido un respiro vital a la isla en estas épocas difíciles", concluye Macías.



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