text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

Expertos de la U. Nacional le siguieron el rastro a la cultura mafiosa

      
El espejo que devuelve la desastrosa imagen de una película de gánsters al estilo siciliano se encuentra en las conclusiones elaboradas por el Grupo de Investigación Cultura Política, Instituciones y Globalización de la Universidad Nacional (UN) en Bogotá, en un foro dirigido a estudiantes de Ciencias Políticas de la UN en Medellín. <br/><br/> Pablo Reyes, estudiante de Maestría en Estudios Políticos, explicó que la preocupación surge al interrogar la cultura política en Colombia que empieza a relacionarse con las nuevas manifestaciones que se están dando a nivel urbano. Culturas como la mafiosa se caracterizan principalmente por el rebusque, la obtención fácil y con el mínimo esfuerzo de lo ajeno, manejando un facilismo moral que premia al que no se esfuerza. <br/><br/> Según los investigadores, el clientelismo empezó desde el Frente Nacional a montar en puestos destacados a la gente más cercana al poder. <br/><br/> El grupo ilustró las manifestaciones de la cultura del atajo con ejemplos como los pagos ilegales de la seguridad privada en lugar de los impuestos; las amenazas y sobornos contra la justicia; la consigna de consiga plata honrada, mijo. Como sea pero consiga. <br/><br/> También el soborno para cancelar trámites o multas, corrupción en contratación (y competencia desleal entre empresas privadas), eludir impuestos y hasta parquear los vehículos sobre el andén y cruzar calle por lugares indebidos. <br/><br/> Patricia León, miembro del grupo y también estudiante de posgrado, atribuyó la facilitación de la corrupción en las regiones al intento de modernizar el Estado colombiano con la Constitución de 1991, al dar más autonomía para la administración de recursos locales y departamentales. <br/><br/> Los integrantes del grupo de investigación resaltaron que el clientelismo en Colombia no ha superado el caciquismo y el gamonalismo, que se apropian de los recursos estatales. <br/><br/> Además, se dan contratos negociados privadamente, es decir, se otorgan licitaciones a personas particulares, no idóneas para desarrollar un tipo de proyecto o trabajo, a cambio de obtener un beneficio económico. <br/><br/> Lo anterior se agrava porque no hay ciudadanía en el país que denuncie o fiscalice el uso y destino de los recursos estatales.
El espejo que devuelve la desastrosa imagen de una película de gánsters al estilo siciliano se encuentra en las conclusiones elaboradas por el Grupo de Investigación Cultura Política, Instituciones y Globalización de la Universidad Nacional (UN) en Bogotá, en un foro dirigido a estudiantes de Ciencias Políticas de la UN en Medellín.

Pablo Reyes, estudiante de Maestría en Estudios Políticos, explicó que "la preocupación surge al interrogar la cultura política en Colombia que empieza a relacionarse con las nuevas manifestaciones que se están dando a nivel urbano. Culturas como la mafiosa se caracterizan principalmente por el rebusque, la obtención fácil y con el mínimo esfuerzo de lo ajeno, manejando un facilismo moral que premia al que no se esfuerza".

Según los investigadores, el clientelismo empezó desde el Frente Nacional a montar en puestos destacados a la gente más cercana al poder.

El grupo ilustró las manifestaciones de la cultura del atajo con ejemplos como los pagos ilegales de la seguridad privada en lugar de los impuestos; las amenazas y sobornos contra la justicia; la consigna de "consiga plata honrada, mijo. Como sea pero consiga".

También el soborno para cancelar trámites o multas, corrupción en contratación (y competencia desleal entre empresas privadas), eludir impuestos y hasta parquear los vehículos sobre el andén y cruzar calle por lugares indebidos.

Patricia León, miembro del grupo y también estudiante de posgrado, atribuyó la facilitación de la corrupción en las regiones al intento de modernizar el Estado colombiano con la Constitución de 1991, al dar más autonomía para la administración de recursos locales y departamentales.

Los integrantes del grupo de investigación resaltaron que el clientelismo en Colombia no ha superado el caciquismo y el gamonalismo, que se apropian de los recursos estatales.

Además, se dan contratos negociados privadamente, es decir, se otorgan licitaciones a personas particulares, no idóneas para desarrollar un tipo de proyecto o trabajo, a cambio de obtener un beneficio económico.

Lo anterior se agrava porque no hay ciudadanía en el país que denuncie o fiscalice el uso y destino de los recursos estatales.
  • Fuente:


Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.