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Imagen de un país de narcos se vende bien en los medios

      
La afirmación de la investigadora fue hecha durante su intervención en el ciclo de conferencias Colombia, reflexiones sobre el conflicto y la sociedad, organizado por estudiantes de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional en Medellín. Su conferencia se tituló Héroes urbanos, imaginarios y consumo del narcotraficante. <br/><br/> En su disertación, la docente señaló lo difícil de la desaparición del fenómeno en las películas, series de televisión, noticieros y hasta de la memoria colectiva de muchos extranjeros que ven al país como la tierra de la coca y la guerrilla. Por ejemplo, en la serie de acción Miami Vice, todos los antagonistas son colombianos. <br/><br/> En los años 40, e incluso hasta los 60, se decía que Colombia era el Tíbet de Suramérica, pues era un país enclaustrado, desconectado, muy poco conocido en el mundo, destacó la profesora, egresada de historia de la Universidad Nacional de Colombia. <br/><br/> De hecho, era también conocido como un país idílico, donde Juan Valdez, acompañado por su mula, viajaba por entre los cafetales en casonas campesinas de puertas rojas. <br/><br/> Pero todo eso se desdibuja cuando aparece el negocio consolidado del narcotráfico; fundamentalmente cuando se empieza a negociar con otros países y a importar gustos, artículos y objetos que se convertían en modelos de representación e, incluso, en modelos urbanos de los centros comerciales a partir de sus visitas a Miami, la 'meca' del fenómeno, argumentó la docente Cardona. <br/><br/><b><br/>Narcos anónimos</b><br/><br/> En sus primeros años, el narcotraficante era más ingenuo: un hombre que quiere hacerse rico. Hoy es una organización donde no sobresalen nombres, es altamente sofisticada y compleja, armada, con nexos en muchas partes del mundo, con los rusos y con los turcos, entre otros muchos. Incluso, tienen nexos con empresas que garantizan el envío de la droga hasta el destino final, explicó. <br/><br/> Contrario a la década de los ochenta, cuando se conocía a los capos de la droga por su nombre, como Pablo Escobar, ahora se habla de narcotraficantes en plural. Según resaltó Cardona, el fenómeno sigue existiendo igual de fuerte, dinámico y consolidado, como lo fue hace 20 años, pero es menos visible y se ha mimetizado muy fuertemente con la guerrilla y los paramilitares en un tipo de organización distinta. <br/><br/> Una de las razones por las que los narcos manejan ese bajo perfil es porque ahora es considerado un delito, distinto a como sucedía dos décadas atrás. Su imagen está muy desvirtuada, el narcotraficante tiene estatus de delincuente. Las personas se sienten incómodas y violentadas, pues muchos de los conflictos que actualmente enfrenta el país son una consecuencia directa del narcotráfico que lo desestabilizó obteniendo conciencias, dignidad, políticos, en pocas palabras: comprando todo, aseguró Cardona. <br/><br/> La historiadora enfatizó en que otra de las razones de ese anonimato se demuestra al compararlo con los narcos en los 70 y 80, pues exhibían unos gustos, gestos y consideraciones estéticas que ahora son consideradas carnavalescas como la cadena de oro, una casa en el campo, carros vistosos y electrodomésticos importados que demostraban ascenso económico. <br/><br/> La obtención de objetos materiales fue la señal para alcanzar éxito, salud, distinción, elegancia y hasta belleza. De hecho, hasta los medios los mostraban como una especie de 'Robin Hood' criollos que ayudaban a los más pobres, pero todo eso hacía parte de una estrategia para mantenerse en el negocio. <br/><br/> Con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, Ministro de Justicia durante la presidencia de Belisario Betancur, el 30 de abril de 1984, el periódico El Espectador inició una campaña para acabar con esa imagen de héroe que tenían los narcotraficantes y convertirla en una de delincuentes. <br/><br/> Así empezó Colombia a mostrarse al mundo como un país violento, donde había grandes urbes como Medellín y Cali en las cuales imperaba la muerte, la mafia, el sicariato y el consumo de droga, estigmas que difícilmente se acabarán, concluyó la investigadora e historiadora Cardona.
La afirmación de la investigadora fue hecha durante su intervención en el ciclo de conferencias "Colombia, reflexiones sobre el conflicto y la sociedad", organizado por estudiantes de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional en Medellín. Su conferencia se tituló "Héroes urbanos, imaginarios y consumo del narcotraficante".

En su disertación, la docente señaló lo difícil de la desaparición del fenómeno en las películas, series de televisión, noticieros y hasta de la memoria colectiva de muchos extranjeros que ven al país como la tierra de la coca y la guerrilla. Por ejemplo, en la serie de acción "Miami Vice", todos los antagonistas son colombianos.

"En los años 40, e incluso hasta los 60, se decía que Colombia era el Tíbet de Suramérica, pues era un país enclaustrado, desconectado, muy poco conocido en el mundo", destacó la profesora, egresada de historia de la Universidad Nacional de Colombia.

De hecho, era también conocido como un país idílico, donde Juan Valdez, acompañado por su mula, viajaba por entre los cafetales en casonas campesinas de puertas rojas.

Pero todo eso se desdibuja cuando aparece el negocio consolidado del narcotráfico; fundamentalmente cuando se empieza a negociar con otros países y a importar gustos, artículos y objetos que se convertían en modelos de representación e, incluso, en modelos urbanos de los centros comerciales a partir de sus visitas a Miami, la 'meca' del fenómeno, argumentó la docente Cardona.


Narcos anónimos


"En sus primeros años, el narcotraficante era más ingenuo: un hombre que quiere hacerse rico. Hoy es una organización donde no sobresalen nombres, es altamente sofisticada y compleja, armada, con nexos en muchas partes del mundo, con los rusos y con los turcos, entre otros muchos. Incluso, tienen nexos con empresas que garantizan el envío de la droga hasta el destino final", explicó.

Contrario a la década de los ochenta, cuando se conocía a los capos de la droga por su nombre, como Pablo Escobar, ahora se habla de narcotraficantes en plural. Según resaltó Cardona, el fenómeno sigue existiendo igual de fuerte, dinámico y consolidado, como lo fue hace 20 años, pero es menos visible y se ha mimetizado muy fuertemente con la guerrilla y los paramilitares en un tipo de organización distinta.

Una de las razones por las que los narcos manejan ese bajo perfil es porque ahora es considerado un delito, distinto a como sucedía dos décadas atrás. "Su imagen está muy desvirtuada, el narcotraficante tiene estatus de delincuente. Las personas se sienten incómodas y violentadas, pues muchos de los conflictos que actualmente enfrenta el país son una consecuencia directa del narcotráfico que lo desestabilizó obteniendo conciencias, dignidad, políticos, en pocas palabras: comprando todo", aseguró Cardona.

La historiadora enfatizó en que otra de las razones de ese anonimato se demuestra al compararlo con los narcos en los 70 y 80, pues exhibían unos gustos, gestos y consideraciones estéticas que ahora son consideradas carnavalescas como la cadena de oro, una casa en el campo, carros vistosos y electrodomésticos importados que demostraban ascenso económico.

La obtención de objetos materiales fue la señal para alcanzar éxito, salud, distinción, elegancia y hasta belleza. De hecho, hasta los medios los mostraban como una especie de 'Robin Hood' criollos que ayudaban a los más pobres, pero todo eso hacía parte de una estrategia para mantenerse en el negocio.

Con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, Ministro de Justicia durante la presidencia de Belisario Betancur, el 30 de abril de 1984, el periódico El Espectador inició una campaña para acabar con esa imagen de héroe que tenían los narcotraficantes y convertirla en una de delincuentes.

Así empezó Colombia a mostrarse al mundo como un país violento, donde había grandes urbes como Medellín y Cali en las cuales imperaba la muerte, la mafia, el sicariato y el consumo de droga, estigmas que difícilmente se acabarán, concluyó la investigadora e historiadora Cardona.
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