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Educación superior, valores comunes y diálogo entre culturas

      
Aziza Bennani considera que la educación superior debe replantear algunos de sus aspectos para favorecer que sus alumnos sean capaces de dialogar en entornos culturales diferentes. En su opinión, el problema de hoy no es el choque de valores, sino la ausencia de valores comunes, entre todas las culturas. Además considera que los grandes momentos de las grandes culturas han coincidido en el momento en que el hombre está en el centro de las preocupaciones.

¿Cuáles son los valores amenazados hoy en día por la globalización?
Este es un tema fundamental para el mundo de hoy, que es un mundo marcado por grandes progresos científicos y tecnológicos, y por ello un mundo muy esperanzador, pero por otro lado, es también un mundo muy materialista. Es un mundo con cambios profundos y cambios que se aceleran, lo que plantea a todas las sociedades y a todas las culturas grandes desafíos. Desafíos entre los que precisamente está el desafío de tener valores comunes en el mundo de hoy, ya que todas las sociedades y las culturas están en situación de intercambio, de interdependencia. Los valores no son un patrimonio fijo, grabado en el mármol.

Como lo dijo el escritor argelino Mohamed Arkoun, "los valores deben refundirse continuamente a causa de las pérdidas de sentido que sufren-. Los valores necesitan un cuestionamiento crítico permanente, sobre todo en un momento en que la sociedad, y el entorno en el que nos movemos evoluciona, y evoluciona rápidamente. He citado a un escritor argelino, árabe, porque cuando se leen muchos escritos de estos temas uno tiene la impresión de que es una reflexión que se lleva sólo en el mundo occidental, que en el mundo árabe, islámico, todo está cuajado, grabado en mármol; en cambio los escritos de Arkoun son muy importantes en este sentido, y coinciden perfectamente con los pensadores occidentales sobre el tema. Por eso es interesante cotejar por ejemplo lo que dice Arkoun con lo que dice Paul Ricoeur: "los valores se sitúan a medio camino entre las convicciones duraderas de una comunidad histórica y las reevaluaciones incesantes que exigen los cambios de época y de circunstancias con la emergencia de nuevos problemas-. Creo que este es un tema fundamental, hoy, para la convivencia en el mundo globalizado en el que estamos.

Respecto a lo que comenta, ¿Las universidades podrían tener un papel en esta lectura crítica permanente, de lectura de los valores?
Por supuesto, no sólo pueden, sino que deben hacerlo.

¿Y lo están haciendo?
En parte, sí. Porque como dijo el Informe Mundial sobre educación que dirigió Delors, hace ya años, la educación, de una forma general, y la educación superior de una forma particular, son un "tesoro escondido- que constituye la utopía posible para anticipar soluciones para el porvenir. La universidad tiene ese papel. Ésta es la cuestión. Puede y debe hacerlo. Algunas universidades lo hacen más que otras, pero el problema de las universidades es que la misión de la universidad se dirige en dos ramas, la docencia y la investigación. Se ha ligado, y es algo importante, el mundo de la educación superior con el mundo del trabajo, del mercado. Pero ahora nos damos cuenta que algunas consecuencias de esa unión son en cierta medida negativas; porque la enseñanza está demasiado vinculada al mercado. El papel de la universidad es anticipar soluciones para el porvenir en el dominio de la investigación, enseñar a los estudiantes a reaccionar en su contexto de hoy, a adaptarse y a preguntarse sobre el sentido de las cosas de nu estro entorno.

¿En torno a qué valores se tendría que trabajar más en la universidad?
Se habla mucho de "choque de valores- hoy, pero no hay choque de valores. Eso es una teoría encaminada hacia unos objetivos ideológicos determinados. El problema de hoy no es el choque de valores, sino la ausencia de valores comunes, entre todas las culturas. Encontrar estos valores es una urgencia para la universidad. Es importante para la seguridad y para la paz.


¿Qué tipo de valores?
Quisiera puntualizar primero que disponemos de una base teórica para hacer evolucionar nuestros valores. Tenemos por ejemplo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, tenemos también la Declaración de la Unesc sobre Diversidad Cultural y el Convenio sobre Diversidad Cultural, entre otros textos. Los valores necesarios para la sociedad de hoy están en el centro de la misión de la Unesco, por ejemplo, que son los valores de justicia, de igualdad, de libertad, de respeto a la diversidad cultural. La educación superior debe ayudarles a superar y a analizar el sentimiento profundo que sienten algunos grupos, sociedades, culturas y que desemboca muchas veces en violencia, incomprensión, rechazo del otro, etc.

¿Cómo puede la universidad ayudar a este proceso de comprensión del otro?
Este es un tema de gran actualidad. A veces bien tratado, y otras, tratado para fines ajenos a la problemática esencial. Esta comprensión es precisamente lo que se llama el diálogo de culturas, de civilizaciones, de pueblos, de religiones. Hay muchas instituciones de la sociedad civil y universidades que están trabajando para este diálogo. También está el dossier de la Alianza de Civilizaciones, a iniciativa de España, y que ha sido avalada por Naciones Unidas. Se ha constituido un grupo de alto nivel para reflexionar sobre cómo llegar a ese diálogo y que ha publicado sus recomendaciones. En su informe destaca la educación como un sector fundamental para trabajar en la vía del diálogo entre culturas. Es decir, que la educación es central, y sobre todo, la educación universitaria.

¿Cómo puede un profesor universitario ayudar a este diálogo entre culturas?
La cuestión no es lo que pueda hacer un profesor, la cuestión se relaciona con un replanteamiento de los sistemas curriculares. Por una parte, la educación superior necesita una reforma, una adaptación a este contexto inquietante del mundo de hoy. La universidad puede replantear entonces sus sistemas curriculares, su sistema educativo, de una forma general. Es necesario dar a las asignaturas humanísticas la importancia que deben tener, y que antes tenían en la enseñanza, pero poco a poco han sido un poco marginadas para valorar más lo científico, lo tecnológico. Estos aspectos son muy importantes, porque estamos en una sociedad del conocimiento, pero hay que replantear la enseñanza humanística; es fundamental.

En este marco, la enseñanza de la historia, la filosofía, la religión, la educación a la ciudadanía son importantes, pero deben replantearse para contribuir a la tan necesaria cultura de la paz.

Es necesaria una educación para los Derechos Humanos, una educación para el desarrollo sostenible, para saber respetar el medio ambiente, una educación para la diversidad cultural. Todo eso prepara la seguridad y la paz en el mundo. La universidad tiene un papel fundamental en este tema, pero la verdad es que no se ha involucrado lo suficiente todavía.

¿Cuáles son las dificultades que se deberían superar para que la universidad se involucrase de manera eficaz en este tema?
Lo que se debería superar, sobre todo, es la idea de que la universidad, hoy por hoy, todavía es la depositaria del conocimiento. Ahora Internet por ejemplo abre tantas posibilidades desde las que se puede tener acceso al conocimiento. La universidad debe reformarse para seguir por supuesto desarrollando la misión para la que existe, tomando en consideración una serie de realidades relacionadas con la globalización. La universidad ahora, hoy por hoy, es un núcleo de la diversidad cultural, es un microcosmos de la diversidad del mundo, de la pluralidad del mundo en que vivimos, y por eso es un terreno favorable para el ejercicio de este diálogo, de este conocimiento del otro, de esta comprensión del otro. La reforma de la universidad, la reforma de los sistemas curriculares, requiere una formación de formadores, ya que estos deben ser unos elementos transversales en todas las disciplinas. Y no todos los profesores tienen la formación adecuada para hacerlo.

Y para resumir, todo lo que hemos dicho nos lleva a la conclusión siguiente: que el mundo de hoy necesita un nuevo contrato social, cultural, humano. Necesita una nueva ética. Todo esto debe ir encaminado a la difusión de la idea de que pertenecemos a la misma familia humana, que tenemos un destino común. Si trabajamos en este mismo sentido, podemos asegurar un porvenir mejor para la Humanidad y construir un nuevo mundo en el que el ser humano ocupa un lugar central. Los grandes momentos de las grandes culturas han coincidido en el momento en que el hombre está en el centro de las preocupaciones.

* Aziza Bennani
Doctora en Letras y Literatura Hispánica por la Universidad de Paris X. Estudió Lengua y Literatura española en la Universidad Mohamed V de Rabat. Actualmente es la Embajadora Delegada Permanente de Marruecos ante la Unesco. Es miembro del Consejo Ejecutivo de la Unesco desde el año 2000 y miembro de diversos Comités, Comisiones y órganos subsidiarios del Consejo Ejecutivo y de la Conferencia General de la Unesco. Además, es Miembro del Consejo de Administración de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, Asesora de la Fundación El Legado Andalusí (Granda) Rectora de la Universidad de verano Al-Mu"Tamid Inm Abbad d"Asilah, de Marruecos y miembro del Jurado Internacional de las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, entre otros cargos. Fue Decana de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de Mohammedia, Marruecos. Es autora de varias publicaciones en casas editoriales y revistas marroquíes y extranjeras.


* Artículo publicado originalmente en el boletín electrónico de la GUNI, Global University Network for Innovation. Para más artículos y suscripción gratuita al boletín, visite este enlace.

Este artículo está basado en una conversación mantenida con el Secretariado de la GUNI. No es una trascripción literal de la entrevista.

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