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Un científico en plena evolución

      
El primero porque, como dice Guhl, hoy el darwinismo está vigente. Admiro la obra de Charles Darwin no sólo porque cambió el rumbo del pensamiento occidental sino porque sus métodos fueron rigurosos, expresa con un dejo de devoción en medio de su oficina que, más que un frío salón administrativo, parece el estudio de una casa con una biblioteca que tapiza las paredes con parte de su colección personal de libros y máscaras, plantas como biólogo que se respete, una pequeña nevera, café recién hecho que aromatiza el ambiente y un computador. <br/><br/> Y el segundo apellido porque a la enfermedad de Chagas -el brasilero Carlos Chagas descubrió el parásito transmisor en 1909-, Guhl se vinculó desde los 70 con sus estudios sobre el control del vector (mosquito) y el parásito (Trypanozoma cruzi) y sobre su prevención y tratamiento. <br/><br/> Precisamente por sus aportes científicos fue invitado como conferencista por el Consejo Británico y la Biblioteca Real de Alejandría (Egipto) a Herencia viva de Darwin: una conferencia internacional sobre evolución y sociedad, que congregó a los más destacados investigadores de cerca de 30 países en noviembre de 2009 a raíz de los 200 años del natalicio de Darwin y los 150 años de publicación de El origen de las especies. <br/><br/> El darwinismo toca todas las disciplinas, incluyendo estas investigaciones sobre la enfermedad de Chagas: es evolución, el eje de las ciencias biológicas, explica Guhl, profesor emérito de Los Andes -recientemente nombrado-, miembro numerario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales y director del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical (Cimpat), también de Los Andes. <br/><br/> Su ponencia, Tendencias evolutivas de Trypanosoma cruzi: ¿alguna relación con la enfermedad de Darwin? <br/><br/> En el diario de Darwin, cuando estaba en Mendoza, en las costas argentinas, después de pasar por el estrecho de Magallanes, él cuenta que se mareaba en los barcos. Decidió hacer una caminata de varios meses por Argentina y describió su contacto con insectos que -hoy se sabe- transmiten la enfermedad de Chagas. <br/><br/> No sólo los ubicó taxonómicamente, sino que estuvo en estrecho contacto con los insectos en el barco durante meses, tanto que los alimentó. Aunque no sabemos si Darwin murió de enfermedad de Chagas -la única manera de saberlo sería exhumar sus restos, en la Abadía de Westminster en Londres-, sí es probable por sus síntomas cuando regresó a Londres (insuficiencia cardíaca) y por haber estado en contacto con estos insectos, seguramente infectados con Trypanozoma cruzi, explica. <br/><br/> Y añade que esto se infiere hoy de los datos de prevalencia y porque más del 70 por ciento de los insectos en esa área estaban infectados. Este fue uno de los dos ángulos de su charla en Alejandría. El otro se enfocó en los estudios que adelanta en el Cimpat sobre la evolución del Trypanozoma cruzi, es decir, cuáles son los orígenes de este parásito exclusivo de Latinoamérica y cuáles han sido sus rutas y tendencias evolutivas. <br/><br/> Esto permitirá hallar más luces sobre el comportamiento del parásito en los ciclos epidemiológicos, encontrar nuevos blancos moleculares para tratamientos efectivos y nuevas pruebas de diagnóstico para pronosticar el estado de la enfermedad en pacientes infectados, dice. <br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> Gorgona, Cimpat y momias</span><br/> Desde niño, Guhl hizo salidas de campo a lo largo y ancho de Colombia, gracias a su padre, el geógrafo Ernesto Guhl, a quien el país le debe la organización territorial. No sólo era geógrafo sino naturalista. Me contaminé, recibí esa formación de salir y mirar también la parte humana. Mi papá tenía un eslogan durante sus 56 años de profesor en la Universidad Nacional: la ciencia sin humanismo, no es ciencia y eso quedó grabado en mí. La ciencia debe proyectarse hacia la comunidad, afirma. <br/><br/> Fiel a esta convicción, sus primeros pinitos de investigación los hizo en los 70 en Gorgona en biología marina (describió nuevas especies, en particular de cangrejos marinos) y posteriormente con las expediciones Zula (llamadas así por las aves endémicas de la isla) apoyadas por Los Andes y el Instituto Smithsonian de Panamá. Allá incursionó en la fauna terrestre de la mano de Federico Menem, quien hizo los principales estudios de fauna herpetológica de Colombia. Los resultados de estas investigaciones de Guhl fueron la base para que en los 80 el Inderena convirtiera la isla en Parque Nacional Natural. <br/><br/> Luego, el profesor holandés Cornellis Marinkelle, quien trabajaba en la creación del Microbiological and Parasitological Center con el apoyo del gobierno de los Países Bajos, lo invitó a ese proyecto que luego se llamó Laboratorio de Microbiología y Parasitología, y posteriormente Cimpat. Marinkelle había sido mi profesor. Tengo esta oportunidad -me dijo-, necesito que estudie la maestría en Microbiología como becario. Cuando terminé, coincidió con la ida de Marinkelle a Cartagena y desde 1977 asumí la dirección del Cimpat, recuerda. <br/><br/> De esta manera, Guhl evolucionó hasta convertirse en uno de los principales luchadores contra la enfermedad de Chagas. Ha sido asesor de la Organización Mundial de la Salud en políticas púbicas para esta enfermedad y preside la Asociación Latinoamericana de Parasitología. <br/><br/> Ha recorrido más de 70 países y así como habla ante el Parlamento Europeo, otro día dicta una conferencia ante colegas. Así conoció al paleopatólogo Arthur Aufderheide de la Universidad de Minessota a través del antropólogo Felipe Cárdenas. Ellos habían estudiado la parte biométrica y antropológica de momias de la cultura chinchorro (desierto de Atacama). <br/><br/> Sin embargo, como faltaba el análisis en biología molecular para conocer posibles infecciones, con Guhl encontraron el Trypanozoma cruzi en momias de 9.000 años. El hombre lleva de 10 a 12 mil años en Latinoamérica. Tenemos las momias más antiguas del mundo y evidencias sobre las primeras infecciones que sufrió el hombre americano. <br/><br/> Pero lo más importante fue encontrar el parásito y compararlo con los de hoy. Desde el punto de vista evolutivo nos ayudó a esclarecer la gran variedad del Trypanosoma cruzi en Latinoamérica. No es un parásito sino muchos y distintos. Por eso es que nos hemos quedado en el Trypanozoma cruzi y el tiempo no nos da tanto para otras cosas, concluye. <br/><br/>
El primero porque, como dice Guhl, hoy el darwinismo está vigente. "Admiro la obra de Charles Darwin no sólo porque cambió el rumbo del pensamiento occidental sino porque sus métodos fueron rigurosos", expresa con un dejo de devoción en medio de su oficina que, más que un frío salón administrativo, parece el estudio de una casa con una biblioteca que "tapiza" las paredes con parte de su colección personal de libros y máscaras, plantas como biólogo que se respete, una pequeña nevera, café recién hecho que aromatiza el ambiente y un computador.

Y el segundo apellido porque a la enfermedad de Chagas -el brasilero Carlos Chagas descubrió el parásito transmisor en 1909-, Guhl se vinculó desde los 70 con sus estudios sobre el control del vector (mosquito) y el parásito (Trypanozoma cruzi) y sobre su prevención y tratamiento.

Precisamente por sus aportes científicos fue invitado como conferencista por el Consejo Británico y la Biblioteca Real de Alejandría (Egipto) a "Herencia viva de Darwin: una conferencia internacional sobre evolución y sociedad", que congregó a los más destacados investigadores de cerca de 30 países en noviembre de 2009 a raíz de los 200 años del natalicio de Darwin y los 150 años de publicación de El origen de las especies.

"El darwinismo toca todas las disciplinas, incluyendo estas investigaciones sobre la enfermedad de Chagas: es evolución, el eje de las ciencias biológicas", explica Guhl, profesor emérito de Los Andes -recientemente nombrado-, miembro numerario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales y director del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical (Cimpat), también de Los Andes.

Su ponencia, Tendencias evolutivas de "Trypanosoma cruzi": ¿alguna relación con la enfermedad de Darwin?

"En el diario de Darwin, cuando estaba en Mendoza, en las costas argentinas, después de pasar por el estrecho de Magallanes, él cuenta que se mareaba en los barcos. Decidió hacer una caminata de varios meses por Argentina y describió su contacto con insectos que -hoy se sabe- transmiten la enfermedad de Chagas".

"No sólo los ubicó taxonómicamente, sino que estuvo en estrecho contacto con los insectos en el barco durante meses, tanto que los alimentó. Aunque no sabemos si Darwin murió de enfermedad de Chagas -la única manera de saberlo sería exhumar sus restos, en la Abadía de Westminster en Londres-, sí es probable por sus síntomas cuando regresó a Londres (insuficiencia cardíaca) y por haber estado en contacto con estos insectos, seguramente infectados con Trypanozoma cruzi", explica.

Y añade que esto se infiere hoy de los datos de prevalencia y porque más del 70 por ciento de los insectos en esa área estaban infectados. Este fue uno de los dos ángulos de su charla en Alejandría. El otro se enfocó en los estudios que adelanta en el Cimpat sobre la evolución del Trypanozoma cruzi, es decir, cuáles son los orígenes de este parásito exclusivo de Latinoamérica y cuáles han sido sus rutas y tendencias evolutivas.

"Esto permitirá hallar más luces sobre el comportamiento del parásito en los ciclos epidemiológicos, encontrar nuevos blancos moleculares para tratamientos efectivos y nuevas pruebas de diagnóstico para pronosticar el estado de la enfermedad en pacientes infectados", dice.

Gorgona, Cimpat y momias
Desde niño, Guhl hizo salidas de campo a lo largo y ancho de Colombia, gracias a su padre, el geógrafo Ernesto Guhl, a quien el país le debe la organización territorial. "No sólo era geógrafo sino naturalista. Me "contaminé", recibí esa formación de salir y mirar también la parte humana. Mi papá tenía un eslogan durante sus 56 años de profesor en la Universidad Nacional: "la ciencia sin humanismo, no es ciencia" y eso quedó grabado en mí. La ciencia debe proyectarse hacia la comunidad", afirma.

Fiel a esta convicción, sus primeros pinitos de investigación los hizo en los 70 en Gorgona en biología marina (describió nuevas especies, en particular de cangrejos marinos) y posteriormente con las expediciones Zula (llamadas así por las aves endémicas de la isla) apoyadas por Los Andes y el Instituto Smithsonian de Panamá. Allá incursionó en la fauna terrestre de la mano de Federico Menem, quien hizo los principales estudios de fauna herpetológica de Colombia. Los resultados de estas investigaciones de Guhl fueron la base para que en los 80 el Inderena convirtiera la isla en Parque Nacional Natural.

Luego, el profesor holandés Cornellis Marinkelle, quien trabajaba en la creación del Microbiological and Parasitological Center con el apoyo del gobierno de los Países Bajos, lo invitó a ese proyecto que luego se llamó Laboratorio de Microbiología y Parasitología, y posteriormente Cimpat. "Marinkelle había sido mi profesor. "Tengo esta oportunidad -me dijo-, necesito que estudie la maestría en Microbiología como becario". Cuando terminé, coincidió con la ida de Marinkelle a Cartagena y desde 1977 asumí la dirección del Cimpat", recuerda.

De esta manera, Guhl evolucionó hasta convertirse en uno de los principales luchadores contra la enfermedad de Chagas. Ha sido asesor de la Organización Mundial de la Salud en políticas púbicas para esta enfermedad y preside la Asociación Latinoamericana de Parasitología.

Ha recorrido más de 70 países y así como habla ante el Parlamento Europeo, otro día dicta una conferencia ante colegas. Así conoció al paleopatólogo Arthur Aufderheide de la Universidad de Minessota a través del antropólogo Felipe Cárdenas. Ellos habían estudiado la parte biométrica y antropológica de momias de la cultura chinchorro (desierto de Atacama).

Sin embargo, como faltaba el análisis en biología molecular para conocer posibles infecciones, con Guhl encontraron el Trypanozoma cruzi en momias de 9.000 años. "El hombre lleva de 10 a 12 mil años en Latinoamérica. Tenemos las momias más antiguas del mundo y evidencias sobre las primeras infecciones que sufrió el hombre americano".

"Pero lo más importante fue encontrar el parásito y compararlo con los de hoy. Desde el punto de vista evolutivo nos ayudó a esclarecer la gran variedad del Trypanosoma cruzi en Latinoamérica. No es un parásito sino muchos y distintos. Por eso es que nos hemos quedado en el Trypanozoma cruzi y el tiempo no nos da tanto para otras cosas", concluye.

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