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Copenhague, puerta de entrada a una nueva oportunidad para la Tierra

      
Copenhague, puerta de entrada a una nueva oportunidad para la Tierra
La pregunta, planteada por el profesor Michel Hermelin Arbaux, adscrito al Departamento de Geología de EAFIT, pone en evidencia el problema que en la actualidad afronta la humanidad debido a las abundantes emisiones de dióxido de carbono arrojadas a la atmósfera en las últimas décadas, asunto que tiene a la ciencia en alerta porque, de no tomarse correctivos, las consecuencias podrían ser, sencillamente, catastróficas.

Una situación como la anterior hace que millones de miradas se dirijan a la capital danesa, Copenhague, ciudad que hasta el 18 de diciembre recibió la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático. "Se espera que allí se tomen decisiones por parte de los gobernantes acerca de algo que ya está evidenciado, es decir, hay evidencias suficientes para decir que por primera vez hay un cambio climático causado por el hombre", reitera Hermelin, un convencido de que el problema, desde lo científico, está bien planteado.

Para este ingeniero geólogo, el acuerdo al que llegaron hace dos años cerca de 3.000 climatólogos y profesionales de diversas disciplinas de las ciencias de la Tierra es preciso: "Que el cambio climático es consecuencia del hombre no lo puede refutar nadie".

En ese sentido, Copenhague se convierte en una esperanza para la vida en el planeta, pues de sus conclusiones dependerá que las grandes potencias empiecen a bajar sus emisiones de CO2 a la atmósfera y haya una mejor voluntad con respecto a lo que sucedió en Kioto en 1997, pues como lo recuerda el docente de EAFIT, ese acuerdo lo cumplieron pocos países, mientras que uno de los principales productores, Estados Unidos, no lo hizo.

Para que haya un retorno
Otra voz que se suma al análisis es la de José Ignacio Martínez Rodríguez, docente del Departamento de Geología de EAFIT, y quien se muestra poco optimista de lo que en la actualidad ocurre en el planeta. "De seguir así, el nivel del mar continuará subiendo, es más, los osos polares ya están en aprietos", indica para referirse a que también el derretimiento de los glaciares es un fenómeno que ya, en la actualidad, afecta a algunas especies terrestres.

Y así como los osos polares ven que su hábitat no es el mismo de tiempo atrás, el hombre tiene ante sí un reto muy serio para evitar que se llegue a la irreversibilidad en el clima, lo que de igual manera afectaría su hábitat. "Los ecólogos y los biólogos utilizan un término, la resiliencia, que es la capacidad de recuperación de un sistema. Pero esa resiliencia tiene un límite, por lo que en el instante en que se alcanza un punto crítico el sistema no puede volver atrás", resalta el profesor Martínez.

De igual manera, advierte que hubo un momento, hace 50 millones de años, en el que la temperatura era altísima, tan alta que hasta en latitudes medias había un clima tropical. "Ese aspecto se ha estudiado con mucho detalle y podría suceder en el futuro. Es el punto del no retorno, sería algo catastrófico y significaría la extinción de muchas especies, un asunto que nos llevaría a una condición extrema".

Soluciones existen, el hecho es asumirlas
Ante un panorama como el ya mencionado, es más que obvio que deben buscarse soluciones que le hagan frente al problema pero que al mismo tiempo le permitan al mundo mantener su dinámica productiva.

"Las decisiones que se asuman, desde lo político y desde lo económico, deben evitar que siga aumentando el nivel del mar y el derretimiento de los glaciares, entre otros aspectos. Y el método uno es, sencillamente, suspender el consumo de hidrocarburos, lo que es prácticamente imposible pensarlo; lo segundo es reducirlo; y lo tercero es capturar el CO2 que está en la atmósfera", sostiene Michel Hermelin.

Agrega el docente que, con base en lo anterior, la pregunta sería cómo hacerlo sin que las economías mundiales, ya golpeadas por la crisis reciente, no lleguen a otro momento similar o a una pérdida tal que no sea sostenible. "El problema no es de buenas intenciones. Aquí hay un problema de tipo económico y es que usted no puede parar la máquina productiva del mundo. Además, esa máquina está basada, en más de un 50%, en la producción de energía a partir de combustibles fósiles".

Por esta razón, Hermelin habla de soluciones a mediano y a largo plazo, pues las inmediatas no se ven muy claras. "Es posible que se busquen alternativas a través de más investigaciones para capturar el CO2 o a través de tecnologías como el carro que funcione con hidrógeno o el que funcione con electricidad".

En el mar puede estar la respuesta
A lo dicho por Michel Hermelin se le suma una hipótesis que trae a colación José Ignacio Martínez, basada en una investigación relacionada con el hierro que existe en los mares. Científicos encontraron que este elemento químico podría ser la solución para absorber el CO2 que hay en la atmósfera.

"Se planteó que si se sembraba hierro en el océano no solo aumentaría la vida sino que habría más captura de dióxido de carbono. Por lo anterior, se hicieron siembras en el Océano Pacífico ecuatorial y en la Antártica. El problema es que el sistema terrestre, con todo el conocimiento científico, todavía no conoce las consecuencias de esto, es decir, entender cómo va a reaccionar el sistema biológico", opina.

Lo cierto es que, en palabras de Michel Hermelin, se requieren muchas campañas de educación para que el consumo se gradúe en todo el planeta. "Hay naciones donde el derroche energético es muy grande, por lo que habría que empezar por cambiar la mentalidad", menciona, al mismo tiempo que explica que ya existen métodos para capturar el CO2, uno de ellos es por medio de la instalación de un sistema que filtre la totalidad de los gases, después de la combustión, a la salida de una planta térmica.

El hecho es que Copenhague, según lo analizado por ambos docentes de EAFIT, es la puerta de entrada para empezar a encontrar una solución que le permita a la humanidad respirar tranquila y con la mira puesta en que la vida siga su curso normal.

Colombia sufre las consecuencias
Colombia aporta el 0.3% del total del dióxido de carbono arrojado a la atmósfera en el mundo, una cifra insignificante si se tiene en cuenta que Estados Unidos y otros países, como la China, aportan cerca del 30%.

Para Michel Hermelin, las consecuencias en el país serían gravísimas si continúa el fenómeno. "Puede haber un aumento del dengue y del paludismo, y bueno, los vectores son mosquitos, y esos mosquitos se ubican dentro de cierto rango climático, y si la temperatura sube, obviamente dentro de la topografía colombiana, los mosquitos van a subir también".

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