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Razones personales para crear un mundo

      
Foto: Universidad de Los Andes
También reci- birá un estímulo económico de 25 millones de pesos.

Desde la distancia

Llegué a Nueva York el primero de enero de 2006, después de pasar las doce de la noche en el avión, porque era el vuelo más barato. Vivo aquí desde entonces.

Aún me falta un mínimo de tres años para terminar mi doctorado, así que los proyectos todavía son vagos; pero ya tengo cosas claras. Quiero volver a Colombia a enseñar, así sea por una temporada. También quiero tomarme un tiempo para preparar una nueva traducción al castellano y un comentario de la Divina comedia. Es un proyecto en el que comencé a trabajar con un equipo muy bueno durante mi pregrado, y que no se pudo concluir por razones ajenas a nosotros. A mí me quedó la espinita.

Ser escritor

Siempre estoy escribiendo; la literatura es un vicio deliciosamente implacable. Estoy trabajando en un libro de cuentos y comenzando una nueva novela.

Escribir Razones personales para destruir una ciudad me tomó, estrictamente hablando, ocho meses, pero la estaba intentando comenzar desde que escribí mi primer cuento. Me obsesionaba la idea de un personaje que inventara un mundo desaforadamente concreto, que lo urdiera como una especie de desafío íntimo a su vida real, y al que le ocurriera algo que lo obligara a destruir ese espacio de ensueño. Los mil intentos que hice no querían cuajar, porque los espacios de ensueño que me quise inventar, como les suele pasar a ese tipo de espacios, carecían de sustancia. La comencé por enésima vez en Venecia, en el verano del 2009, durante un curso para el doctorado.

Esa ciudad fue un hallazgo inesperado; un lugar palpable y vivible, completamente ajeno a lo que conocía, un poco imposible y casi separado del tiempo, pero a la vez contaminado hermosamente, en decadencia, untado hasta la médula de lo humano. Comencé a escribir con la idea de que Venecia fuera la inspiración para la ciudad imaginaria de mi personaje, y la novela, contra todo pronóstico, me floreció agresivamente en las manos. Trabajé como un poseso durante esos tres meses, e hice muy poco de lo que tenía que hacer para el curso. Luego la terminé en Nueva York, robándole horas aquí y allá a mi trabajo académico. A veces quise tomarme un respiro, pero la novela no me quiso soltar y tuve que obedecerle. Ahora que la terminé me parece que se escribió sola, y que me usó a mí para darse a luz sólo porque necesitaba un chivo expiatorio.

Natalia

Algunos amigos se han aprovechado del hecho de que haya firmado la novela con un seudónimo femenino para hacerme sugerencias. He tenido que decepcionarlos. Natalia es la narradora y protagonista de la novela, y la razón por la que usé su nombre para el seudónimo es que me pareció incorrecto robarle la voz a una persona que, para mí, tiene una existencia muy verdadera, que se ganó a fuerza de jorobarme la vida para que se la ayudara a cifrar en palabras.

Natalia, entonces, es una maestra de un colegio rural de Cundinamarca, que ha leído muchos más libros de los que yo jamás podré leer, y no se las da, a diferencia mía. Tiene cuarenta y dos años, y más de la mitad de ellos los ha empleado, además de enseñar, en crear para sí misma una ciudad imaginaria y escribir historias que suceden en ella. En el momento en que comienza la novela, Natalia se está sintiendo terriblemente culpable por un error que la existencia de la ciudad la ha forzado a cometer, y está escribiendo para explicar las razones que la obligan a destruirla. El riesgo es grande, porque a los 42 años, o tal vez a cualquier edad, destruir de un solo golpe el trabajo de toda una vida es una especie de suicidio. Pero Natalia siente que no tiene alternativa.

Reconocimientos anteriores

Un par. En mi segundo semestre en Los Andes me gané un segundo puesto en un premio de poesía, y me publicaron unos versos en El Boletoso, que era el diario estudiantil de esa época. El nombre del periódico les cuadra a esos poemas. En el 2009 gané elPremio Nacional de Cuentode la revista La Movida Literaria.Pero nunca había recibido un premio de este calibre. No me lo esperaba y aún estoy un poco mareado.

Con una prima bromeábamos que ahora me puedo permitir andar con una tarjeta de presentación, diseñada cuidadosamente siguiendo el modelo de la de Wile E. Coyote: “Humberto Ballesteros, escritor reconocido a nivel nacional”. Así, cuando quiera pedirle algo a un desconocido, la puedo desenfundar como un arma secreta. “¿Cómo está? Soy Humberto Ballesteros, usted no tiene idea de quién soy, pero resulta que soy un escritor reconocido a nivel nacional. Esta es mi tarjeta. ¿Me regala un cigarrillo?”.

El premio

Sé que este premio es decisivo para mi carrera literaria, pero la idea misma de que exista algo como una carrera literaria nunca me ha cabido completamente en la cabeza. Creo que la importancia que tiene para mí es mucho más íntima que pública. Es un incentivo para seguir trabajando, una razón para la esperanza en esos momentos abisales que tenemos los escritores, cuando nos miramos a nosotros mismos desperdiciando las horas frente al papel, luchando para pulir nuestras elaboradas quimeras, y nos sentimos esquizofrénicos o simplemente idiotas. Pero al mismo tiempo me parece importante tomármelo con una buena dosis de ironía. Sería insensato creer que, porque me dieron un premio nacional de literatura, soy de improviso un escritor importante, cuando lo que soy y seré siempre es un aficionado con suerte. Esa suerte que es lo único que me diferencia del ‘Coyote’.

En cuanto al dinero que recibí por el premio… En mi casa las cosas de plata las maneja mi esposa. Yo la conjugación del verbo ‘invertir’ nunca la aprendí, porque soy extremadamente alérgico a unos cuantos verbos de procedencia latina y acepciones de doble filo. Eso sí, ya aparté lo necesario para mi Divina Comedia de lujo de Mondadori y mi summa en pasta dura de Calvin y Hobbes.
Dice el jurado

Un jurado conformado por los escritores Juan David Correa, Carolina Sanín y Melba Escobar, luego de leer las 89 obras participantes, declaró como ganadora lanovela Razones personales para destruir una ciudad. Sus razones: “Impecablemente escrita, es una novela poética, inteligente, en la que la protagonista, Natalia, explora su capacidad inventiva en tanto que conversa consigo misma o con ese otro yo hospedado en su conciencia. La narradora traza una ciudad imaginaria, Venecia, para escenificar y narrar el deseo, las pulsiones, las motivaciones ocultas y, también, su curiosidad por el mundo y la realidad que trasciende lo doméstico. El autor ha creado el mundo de una mujer capaz de imaginar una ciudad durante toda su vida para escapar de un universo familiar que se derrumba a su lado. La prosa es bella, el ritmo, cuidado y la estructura, pensada”.


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