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Globalización de la educación superior: crítica de su figura ideológica

      

Los flujos de conocimiento, información e ideas a nivel global presuponen oportunidades y mejoras a toda economía que invierta en la educación terciaria, institucionalmente representada por la universidad como modelo ideal de laES. Sin embargo, este mundo de información y conocimiento, ¿realmente es más igualitario?, ¿acaso los flujos de ideas y publicaciones se han vuelto más simétricos?, ¿las instituciones de rango mundial están realmente al alcance de todos los países? En la geopolítica global, ¿qué papel juega América Latina de cara a la sociedad del conocimiento? Hoy predomina una ideología —en el sentido de ‘falsa conciencia’— que exalta hasta el límite de lo inverosímil la importancia clave, el valor estratégico y, sobre todo, las enormes oportunidades y beneficios que la educación superior traería consigo.

Se sostiene que ella es una pieza vital para la competitividad de las economías; la movilidad social entre generaciones y la cohesión de las sociedades; la racionalización sustantiva (de fines) y técnica (de medios) de la acción social; la clarificación argumentativa de las opciones en la esfera pública; la elaboración de políticas y programas basados en la evidencia proporcionada por la investigación científica; la gobernanza de las naciones y la comunidad internacional; la reflexividad de las sociedades posmodernas y la producción de bienes públicos globales que permitirían enfrentar los graves problemas de la humanidad en su conjunto, como el calentamiento global, la pobreza, las crisis financieras, las oleadas migratorias y otros ‘riesgos manufacturados’ por nuestra civilización...

No debe sorprender, por tanto, que las universidades —las instituciones que a lo largo de los siglos se han identificado con la educación superior— ocupen un lugar prominente en el imaginario social, ya no sólo de las elites y los grupos acomodados, sino también del ‘hombre medio’ y las masas, como Ortega y Gasset previó que ocurriría hace casi un siglo. Más aún, la conciencia contemporánea deposita su fe —por secularizada que se encuentre— en la información, el conocimiento y las ciencias, bienes que identifica con la institución universitaria como proveedora de estos servicios y como formadora del personal encargado de su administración.

Trabajo preparado por José-Joaquín Brunner para la Revista Iberoamericana de Educación Superior - RIES.

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