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El desarrollo de la comunidad como fin último de la empresa en Latinoamérica

      
El cuestionamiento surge a raíz de que la <a href=https://noticias.universia.net.co/tag/empresa/ target=_blank><strong>empresa</strong></a> ha sido recientemente criticada por no asumir un rol social más participativo ante las grandes diferencias sociales y económicas que viven los países <a href=https://noticias.universia.net.co/tag/latinoamericanos/ target=_blank><strong>latinoamericanos</strong></a>.<br/><br/> En México, por ejemplo, vive el hombre más rico del mundo según la revista Forbes (Carlos Slim)2 y, a pesar de ello, el país tiene un índice de<a href=https://noticias.universia.net.co/tag/pobreza/ target=_blank><strong> pobreza </strong></a>que rebasa el 50%3. A esta diferencia en oportunidades se le suma la deficiente recaudación de impuestos, el aumento del comercio informal y un sistema político frágil e incapaz de establecer leyes justas que promuevan la distribución de la riqueza.<br/><br/> Por otro lado, además, —tal y como lo ha señalado recientemente Michael Porter—, las empresas, entre más han tratado de hacer crecer su <a href=https://noticias.universia.net.co/tag/Responsabilidad-Social/ target=_blank><strong>responsabilidad social</strong></a>, más han sido culpadas por los fracasos sociales (Porter, Michael y Kramer, Mark, 2011).<br/><br/> Lea el artículo completo en <a href=https://ubr.universia.net/pdfs_web/UBR30010-10.pdf target=_blank><strong>Universia Business Review</strong></a>.<br/><br/>
El cuestionamiento surge a raíz de que la empresa ha sido recientemente criticada por no asumir un rol social más participativo ante las grandes diferencias sociales y económicas que viven los países latinoamericanos.

En México, por ejemplo, vive el hombre más rico del mundo según la revista Forbes (Carlos Slim)2 y, a pesar de ello, el país tiene un índice de pobreza que rebasa el 50%3. A esta diferencia en oportunidades se le suma la deficiente recaudación de impuestos, el aumento del comercio informal y un sistema político frágil e incapaz de establecer leyes justas que promuevan la distribución de la riqueza.

Por otro lado, además, —tal y como lo ha señalado recientemente Michael Porter—, las empresas, entre más han tratado de hacer crecer su responsabilidad social, más han sido culpadas por los fracasos sociales (Porter, Michael y Kramer, Mark, 2011).

Lea el artículo completo en Universia Business Review.


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