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Educación y formación profesional de los jóvenes

      
Asegurar los dividendos del progreso educativo y los cambios demográficos requiere estrategias de educación y formación efi caces, así como políticas intersectoriales coherentes.<br/><br/> En octubre de 2007, la Unesco acogió el Foro de la Juventud como parte de su Conferencia General en París. Esta reunión brindó una oportunidad para que los jóvenes expresaran sus preocupaciones, dieran sus ideas e hicieran recomendaciones sobre los problemas que los aquejan. El debate hizo hincapié en la educación y el desarrollo económico, una dimensión clave en la transición de la escuela al mundo del trabajo.<br/><br/> También se concentró en la ciencia y la tecnología para el desarrollo sostenible, una cuestión a la que los jóvenes son particularmente sensibles.<br/><br/> A escala mundial, la situación de los jóvenes es una preocupación de la sociedad y un tema de debate de política nacional e internacional.<br/><br/> Las Naciones Unidas define el término juventud como las personas entre 15 y 24 años, que corresponde al complejo período de transición de la escuela al mundo del trabajo y de la niñez a la adultez.<br/><br/> Como resultado de la expansión de la educación, la transición de la escuela al mundo del trabajo se produce más tardíamente, pues los jóvenes prolongan sus estudios. Sin embargo, a pesar del significativo progreso en la participación escolar y la formación, el desempleo juvenil sigue siendo un problema importante. <br/><br/> Los jóvenes enfrentan aún graves dificultades para integrarse en el mercado de trabajo, incluso en los países en que el número de jóvenes ha disminuido debido a la transición demográfica. Por consiguiente, el paso de la escuela al mundo del trabajo es un área importante y activa para la política pública, así como un campo de pesquisa fértil para la investigación social y el cambio educacional.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Un mundo cambiante</span><br/> La globalización ha tenido efectos profundos sobre los mercados laborales. Mientras que algunos países se han beneficiado de una mayor competencia y comercio internacional, otros han sufrido un mayor desempleo y subempleo.<br/><br/> La migración de los jóvenes constituye otra dimensión de la globalización y es particularmente aguda en los estados insulares pequeños, donde el mercado laboral interno ofrece pocas oportunidades de empleo. Al mismo tiempo, sin embargo, la migración y la transferencia de conocimientos, ideas, competencias y tecnología debido al retorno de los migrantes y la movilidad general cada vez más se reconocen como contribuciones valiosas y a veces vitales. <br/><br/> Hacer que la migración se convierta en un instrumento eficaz de desarrollo para los países con una alta emigración es una preocupación política importante en algunos países en desarrollo. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> Juventud desencantada</span><br/> La juventud trabajadora, especialmente femenina, es particularmente sensible al deterioro de las condiciones del mercado de trabajo. En este contexto, mientras que las tasas de desempleo y empleo se utilizan como los principales indicadores de las condiciones de participación de la juventud en el mercado de trabajo, cada vez se presta más atención a quienes salen de la población activa cuando los empleos se tornan muy escasos. <br/><br/> Por esta razón, frecuentemente se utiliza un indicador que se atribuye a todos los que no participan en la educación ni en el empleo. Los jóvenes que abandonan la escuela sin calificaciones tienen más probabilidades de estar en esta situación y constituyen el grupo de jóvenes con una situación de mayor riesgo en el mercado de trabajo.<br/><br/> El gran número de jóvenes que no participa en la educación, el trabajo o la formación se percibe cada vez más como un problema de seguridad. Desencantados, son presas fáciles de conflictos armados, el terrorismo y el crimen. En situaciones posteriores a conflictos, los jóvenes guerreros desmovilizados y los niños soldados retornarán a la violencia, si no se les ofrece acceso a la educación y la formación que facilita su transición al mundo del trabajo.<br/><br/> Además de la criminalidad y la violencia, los jóvenes vulnerables están expuestos especialmente a riesgos como el embarazo juvenil, el abuso de drogas, y el VIH y el Sida.<br/><br/> La educación no es la única variable que determina la transición de la escuela al mundo del trabajo. Características demográficas y sociales tales como la etnia, el género y la clase social tienen una incidencia significativa sobre las perspectivas de trabajo y las experiencias de vida de los jóvenes.<br/><br/> Sin embargo, la evidencia empírica muestra que los jóvenes mejor educados tienen más probabilidades de encontrar un empleo decente y menos probabilidades de exponerse a la pobreza.<br/><br/> Como lo ilustra la experiencia de América Latina, es necesario implementar programas con poblaciones objetivo bien definidas como parte de políticas sociales más amplias para la juventud.<br/><br/> En esta región, muchos jóvenes abandonan la escuela con poca o ninguna calificación. Como el nivel educativo aumenta, los costos del abandono son más altos que nunca, debido a menores oportunidades de empleo para los no calificados.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Desafíos de política</span><br/> La integración de los jóvenes en el mercado de trabajo enfrenta aún importantes retos de política, incluyendo la oferta de oportunidades adecuadas de una educación posprimaria de calidad, la superación de obstáculos tales como los costos y la diversificación de las pasarelas de aprendizaje.<br/><br/> Aunque relativamente costosa, la educación y la formación técnica y profesional (EFTP) es un rubro importante en la agenda de política educacional. Estructurar la financiación en este campo supone, en primer lugar, mejorar los sistemas de datos e información sobre el costo y la financiación.<br/><br/> La EFTP brinda a los estudiantes las competencias, habilidades y actitudes requeridas por el mercado de trabajo y, por tanto, facilita el acceso al empleo.<br/><br/> Los estados insulares pequeños en desarrollo, como Cabo Verde, están realizando progresos significativos en esta dirección.<br/><br/> El verdadero reto consiste en preparar a los jóvenes para el aprendizaje a lo largo de toda la vida a fin de mantener su empleabilidad en el largo plazo y facilitar una ciudadanía activa. <br/><br/> Más allá de las necesidades inmediatas del mercado de trabajo, una transición exitosa supone prepararlos para que aprendan en el curso de toda la vida, en un contexto de creciente inestabilidad del mercado de trabajo y rápido cambio tecnológico.<br/><br/> Posibilitar que los jóvenes que abandonaron prematuramente la escuela se reincorporen al sistema, facilitar el reciclamiento de los trabajadores para actualizar sus competencias o prepararlos para nuevas ocupaciones, y satisfacer la demanda de aprendizaje del uso del tiempo libre son retos cruciales.<br/><br/> Abordar esta realidad supone reestructurar los sistemas de calificación y reconocer formalmente el aprendizaje no formal e informal.<br/><br/> En síntesis, sabemos que más altos niveles de educación y formación de los jóvenes contribuyen a un mejor crecimiento económico y del empleo, mejora de la salud y un compromiso político constructivo. Sin embargo, la naturaleza multidimensional de las relaciones entre educación de los jóvenes y desarrollo hace que los efectos de las políticas públicas sean difíciles de evaluar e incluso más difíciles de predecir.<br/><br/>David Atchoarena <br/>d.atchoarena@iiep.unesco.org<br/><br/><br/>
Asegurar los dividendos del progreso educativo y los cambios demográficos requiere estrategias de educación y formación efi caces, así como políticas intersectoriales coherentes.

En octubre de 2007, la Unesco acogió el Foro de la Juventud como parte de su Conferencia General en París. Esta reunión brindó una oportunidad para que los jóvenes expresaran sus preocupaciones, dieran sus ideas e hicieran recomendaciones sobre los problemas que los aquejan. El debate hizo hincapié en la educación y el desarrollo económico, una dimensión clave en la transición de la escuela al mundo del trabajo.

También se concentró en la ciencia y la tecnología para el desarrollo sostenible, una cuestión a la que los jóvenes son particularmente sensibles.

A escala mundial, la situación de los jóvenes es una preocupación de la sociedad y un tema de debate de política nacional e internacional.

Las Naciones Unidas define el término "juventud" como "las personas entre 15 y 24 años", que corresponde al complejo período de transición de la escuela al mundo del trabajo y de la niñez a la adultez.

Como resultado de la expansión de la educación, la transición de la escuela al mundo del trabajo se produce más tardíamente, pues los jóvenes prolongan sus estudios. Sin embargo, a pesar del significativo progreso en la participación escolar y la formación, el desempleo juvenil sigue siendo un problema importante.

Los jóvenes enfrentan aún graves dificultades para integrarse en el mercado de trabajo, incluso en los países en que el número de jóvenes ha disminuido debido a la transición demográfica. Por consiguiente, el paso de la escuela al mundo del trabajo es un área importante y activa para la política pública, así como un campo de pesquisa fértil para la investigación social y el cambio educacional.

Un mundo cambiante
La globalización ha tenido efectos profundos sobre los mercados laborales. Mientras que algunos países se han beneficiado de una mayor competencia y comercio internacional, otros han sufrido un mayor desempleo y subempleo.

La migración de los jóvenes constituye otra dimensión de la globalización y es particularmente aguda en los estados insulares pequeños, donde el mercado laboral interno ofrece pocas oportunidades de empleo. Al mismo tiempo, sin embargo, la migración y la transferencia de conocimientos, ideas, competencias y tecnología debido al retorno de los migrantes y la movilidad general cada vez más se reconocen como contribuciones valiosas y a veces vitales.

Hacer que la migración se convierta en un instrumento eficaz de desarrollo para los países con una alta emigración es una preocupación política importante en algunos países en desarrollo.

Juventud desencantada
La juventud trabajadora, especialmente femenina, es particularmente sensible al deterioro de las condiciones del mercado de trabajo. En este contexto, mientras que las tasas de desempleo y empleo se utilizan como los principales indicadores de las condiciones de participación de la juventud en el mercado de trabajo, cada vez se presta más atención a quienes salen de la población activa cuando los empleos se tornan muy escasos.

Por esta razón, frecuentemente se utiliza un indicador que se atribuye a todos los que no participan en la educación ni en el empleo. Los jóvenes que abandonan la escuela sin calificaciones tienen más probabilidades de estar en esta situación y constituyen el grupo de jóvenes con una situación de mayor riesgo en el mercado de trabajo.

El gran número de jóvenes que no participa en la educación, el trabajo o la formación se percibe cada vez más como un problema de seguridad. Desencantados, son presas fáciles de conflictos armados, el terrorismo y el crimen. En situaciones posteriores a conflictos, los jóvenes guerreros desmovilizados y los niños soldados retornarán a la violencia, si no se les ofrece acceso a la educación y la formación que facilita su transición al mundo del trabajo.

Además de la criminalidad y la violencia, los jóvenes vulnerables están expuestos especialmente a riesgos como el embarazo juvenil, el abuso de drogas, y el VIH y el Sida.

La educación no es la única variable que determina la transición de la escuela al mundo del trabajo. Características demográficas y sociales tales como la etnia, el género y la clase social tienen una incidencia significativa sobre las perspectivas de trabajo y las experiencias de vida de los jóvenes.

Sin embargo, la evidencia empírica muestra que los jóvenes mejor educados tienen más probabilidades de encontrar un empleo decente y menos probabilidades de exponerse a la pobreza.

Como lo ilustra la experiencia de América Latina, es necesario implementar programas con poblaciones objetivo bien definidas como parte de políticas sociales más amplias para la juventud.

En esta región, muchos jóvenes abandonan la escuela con poca o ninguna calificación. Como el nivel educativo aumenta, los costos del abandono son más altos que nunca, debido a menores oportunidades de empleo para los no calificados.

Desafíos de política
La integración de los jóvenes en el mercado de trabajo enfrenta aún importantes retos de política, incluyendo la oferta de oportunidades adecuadas de una educación posprimaria de calidad, la superación de obstáculos tales como los costos y la diversificación de las pasarelas de aprendizaje.

Aunque relativamente costosa, la educación y la formación técnica y profesional (EFTP) es un rubro importante en la agenda de política educacional. Estructurar la financiación en este campo supone, en primer lugar, mejorar los sistemas de datos e información sobre el costo y la financiación.

La EFTP brinda a los estudiantes las competencias, habilidades y actitudes requeridas por el mercado de trabajo y, por tanto, facilita el acceso al empleo.

Los estados insulares pequeños en desarrollo, como Cabo Verde, están realizando progresos significativos en esta dirección.

El verdadero reto consiste en preparar a los jóvenes para el aprendizaje a lo largo de toda la vida a fin de mantener su empleabilidad en el largo plazo y facilitar una ciudadanía activa.

Más allá de las necesidades inmediatas del mercado de trabajo, una transición exitosa supone prepararlos para que aprendan en el curso de toda la vida, en un contexto de creciente inestabilidad del mercado de trabajo y rápido cambio tecnológico.

Posibilitar que los jóvenes que abandonaron prematuramente la escuela se reincorporen al sistema, facilitar el reciclamiento de los trabajadores para actualizar sus competencias o prepararlos para nuevas ocupaciones, y satisfacer la demanda de aprendizaje del uso del tiempo libre son retos cruciales.

Abordar esta realidad supone reestructurar los sistemas de calificación y reconocer formalmente el aprendizaje no formal e informal.

En síntesis, sabemos que más altos niveles de educación y formación de los jóvenes contribuyen a un mejor crecimiento económico y del empleo, mejora de la salud y un compromiso político constructivo. Sin embargo, la naturaleza multidimensional de las relaciones entre educación de los jóvenes y desarrollo hace que los efectos de las políticas públicas sean difíciles de evaluar e incluso más difíciles de predecir.

David Atchoarena
d.atchoarena@iiep.unesco.org


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