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¿Somos lo que comemos?

      
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Compartir hábitos alimentarios, tales como la forma de comportarse en la mesa, preferencias y aversiones alimentarias proporcionan sentido de pertenencia y de identidad.

El hombre hace 2.000 ingestas al año aproximadamente en múltiples contextos y los alimentos sufren cambios de contenido, lógica y significado, según el momento.

Así, según el antropólogo español Jesús Contreras, los nuevos estilos de vida dan lugar a cierta individualización y simplificación de las comidas: aumentan el número de comidas que se hacen en solitario, amplían las franjas horarias de las ingestas y diversifican los lugares donde se realizan.

Durante mucho tiempo se ha dicho que “somos lo que comemos”, tanto en un sentido biológico, como en un sentido cultural y de identidad. “Sin embargo, en los últimos 40 años nos hemos hecho cada vez más parecidos, más homogéneos. Se han perdido las especificidades, las particularidades, y los alimentos no son la excepción. Por supuesto, somos lo que comemos, y eso nos diferencia a unos de otros, de lo contrario todos comeríamos lo mismo y preparado de igual manera”, afirma.

La tecnología, el mercado, la salud, la medicina y la nutrición, han dado lugar a una progresiva homogeneización nutricional.Pero, curiosamente, hay otros movimientos que, en respuesta al contexto, valoran las especificidades y las costumbres en un proceso de recuperación y mantenimiento de las particularidades de las comidas.

Según Contreras, históricamente, las prácticas alimentarias han servido para señalar diferencias sociales o culturales y para clasificar o jerarquizar a personas y grupos, así como para marcar las formas de entender el mundo.

Asimismo, compartir hábitos alimentarios, modos de comportarse en la mesa y tener ciertas preferencias y aversiones alimentarias proporcionan el mismo sentido de pertenencia y de identidad y, por lo tanto, de diferenciación con respecto a los demás.

Igualmente, los individuos juzgan los alimentos según las tradicionales categorías de fresco, natural, artesanal, sabroso, etc. E independientemente de la aparición de nuevas categorías, su consumo depende directamente de la percepción de las necesidades y objetivos de cada individuo.

Finalmente, según el antropólogo, sí seguimos siendo lo que comemos, pero nuestra identidad ha cambiado: ahora la nutrición está más regida e influenciada por las tendencias sociales.

“Seguimos siendo lo que comemos, solo que hoy somos muchas y diferentes personas a lo largo de la vida.  Se trata de una identidad plural, todavía en construcción, o en construcción permanente, y que todavía no hemos sabido caracterizar ni comprender en toda su extensión y complejidad”, afirma.

 


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