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Compromiso con el saber ancestral

      
Aunque lleva más de 20 años en el mundo de los blancos, para Eudocio Becerra su naturaleza Uitoto no ha cambiado: Todo lo que aprendí del abuelo ahí lo tengo; y si es que no alcanzo a volver a la comunidad, entonces quedarán los libros. Espero que eso le guste a la comunidad.<br/><br/> No obstante, su vida dio un giro drástico desde su viaje de Puerto Leguízamo (Putumayo) a Bogotá, en 1984, cuando empezó a ser informante de su lengua para la Universidad Nacional. Después de cuatro años, se vinculó por tiempo completo como experto III e inició su carrera de profesor y asesor en el área de Lingüística. Ahí él empezó a preocuparse por la tradición, por su propia cultura, no como lo hace cualquier indígena, sino a fondo, explica el filósofo Fernando Urbina, quien lo conoció en 1971, en su primer viaje a Puerto Leguízamo, durante la preparación de un libro sobre la mitología Uitoto. Se hicieron amigos de inmediato.<br/><br/> Y Eudocio reconoce este cambio de perspectiva. Inicialmente mi afán era el de conocer otro mundo; pero estar aquí me sirvió para aprender la parte social, mítica, el lenguaje chamánico y la medicina tradicional de mi comunidad.<br/><br/> Para empezar a impartir sus cursos de Uitoto fueron básicos los conocimientos que sobre lingüística aprendió de Gabriele Petersen; al tiempo, ella aprendió a la perfección la lengua de Eudocio. Juntos emprendieron proyectos importantes, como la traducción de la recopilación de mitos Uitoto del etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss.<br/><br/> Como asesor, acompaña los seminarios de Etnolingüística y Lingüística Antropológica, cuyos estudiantes lo recuerdan con afecto. Para dar ejemplos de las reglas sintácticas que se usan en la etnolingüística, nos contaba anécdotas. Es muy divertido, asegura Miguel Contreras, egresado de Antropología.<br/><br/> Él se acuerda de muchas cosas, sobre todo de las más chistosas, que son las que uno procura olvidar -como las metidas de pata-. Tiene un anecdotario extraordinario que puede hacer morir de las carcajadas a todo el mundo. Aunque hay otras cosas en las que los Uitoto son muy estrictos, son maravillosos mamadores de gallo, característica de la que Eudocio es un excelente representante, comenta Fernando Urbina.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Resguardo lingüístico</span><br/><br/> La importancia que para la academia ha tenido contar con la presencia de un Uitoto es que a través del conocimiento de la lengua se pudo conocer y preservar de forma escrita aspectos de una cultura que, por el contacto con Occidente, está perdiendo rápidamente sus tradiciones y su lengua.<br/><br/> Frente a ese contacto de culturas, su actitud no es de rechazo. Son épocas que nos corresponde conocer eso, ya estamos en otro tiempo. Sin embargo, las cosas se tornan color de hormiga, porque el niño en vez de crecer al lado del abuelo o los papás -de quienes aprende la parte mítica, los ritos- está con un profesor que le dice: Usted tiene que aprender a hablar español, ¡usted viene a hablar español! Así va a entender cómo es la ciudad, cómo viven ellos, su geografía, su matemática. Y se le prohíbe hablar la lengua materna. Actualmente la educación de los Uitoto está en manos de los cristianos.<br/><br/> El mismo Eudocio es producto de la formación que se imparte en estas escuelas; en aquel tiempo eran los curas y las monjas lauritas quienes inculcaban los saberes de los blancos unidos a la religión católica y la urbanidad. Y los interiorizó a punta de garrote, como dice él. Sin embargo, Eudocio viene de una línea de sabedores de punta: cuenta que sus tres abuelos, aunque padecieron la guerra cauchera y los primeros contactos con Occidente, de niños fueron testigos de la vieja tradición.<br/><br/> Los futuros jóvenes o abuelos ya no saben nada de tradiciones. Yo creo que la época de los que alcanzaron a hablar con el abuelo fue la mía, la de los 50, 60 y hasta 70. Hoy no vamos a encontrar ritos, porque la mayoría hacen bailes de acá con vallenatos o corridos. Parte del conocimiento de la comunidad se fue.<br/><br/> La conciencia sobre estos hechos llevó a Eudocio a colaborar con otros investigadores realizando él mismo trabajos sobre aspectos clave de su cultura: la relación de la oralidad con el territorio; los sitios sagrados; los hidrónimos; el poder de la palabra; la preservación, recuperación y manejo de la selva tropical amazónica; las plantas del bosque húmedo; el uso del veneno barbasco en los caños y quebradas; la formación y preparación del sabedor entre los Uitoto murui; el ritual de cacería, entre otros.<br/><br/> Las cosas se nos van de las manos… Si yo no logro recuperar algo escrito, allá se muere porque se muere; la cultura occidental se absorbe muy rápido. Además hay que hablar mucho con ellos; yo les muestro una realidad y les digo que estamos equivocados si creen que todo lo que se ve se puede tomar. Es un espejismo, es nada.<br/><br/> El último trabajo de Eudocio, y que está próximo a ser publicado, es el diccionario Uitoto, en el que ha invertido cerca de seis años. Su propósito es llevarlo a la comunidad. Por eso precisamente quiero regresar, para explicar lo que está contenido en este listado de palabras; cómo las vamos a usar, en qué lugar y dónde están contenidas: si es en un mito, entonces se busca el mito y se lee.<br/><br/> Su diccionario sería un aporte para empezar a apropiar de nuevo la lengua y la tradición entre los jóvenes. Que llegue al fondo de estos muchachos que sueñan con venir a la ciudad. A los jóvenes que ya partieron, les dice que procuren elaborar su propio pensamiento sin dejar de lado su identidad, sin olvidar que tienen que preservar sus tradiciones a pesar de su encuentro con la ciudad; un lugar al que él llegó hace dos décadas, y que le ha permitido valorar y conocer mejor su cultura, pero del que también añora separase para estar de nuevo entre su comunidad.
Aunque lleva más de 20 años en el mundo de "los blancos", para Eudocio Becerra su naturaleza Uitoto no ha cambiado: "Todo lo que aprendí del abuelo ahí lo tengo; y si es que no alcanzo a volver a la comunidad, entonces quedarán los libros. Espero que eso le guste a la comunidad".

No obstante, su vida dio un giro drástico desde su viaje de Puerto Leguízamo (Putumayo) a Bogotá, en 1984, cuando empezó a ser informante de su lengua para la Universidad Nacional. Después de cuatro años, se vinculó por tiempo completo como experto III e inició su carrera de profesor y asesor en el área de Lingüística. "Ahí él empezó a preocuparse por la tradición, por su propia cultura, no como lo hace cualquier indígena, sino a fondo", explica el filósofo Fernando Urbina, quien lo conoció en 1971, en su primer viaje a Puerto Leguízamo, durante la preparación de un libro sobre la mitología Uitoto. Se hicieron amigos de inmediato.

Y Eudocio reconoce este cambio de perspectiva. "Inicialmente mi afán era el de conocer otro mundo; pero estar aquí me sirvió para aprender la parte social, mítica, el lenguaje chamánico y la medicina tradicional de mi comunidad".

Para empezar a impartir sus cursos de Uitoto fueron básicos los conocimientos que sobre lingüística aprendió de Gabriele Petersen; al tiempo, ella aprendió a la perfección la lengua de Eudocio. Juntos emprendieron proyectos importantes, como la traducción de la recopilación de mitos Uitoto del etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss.

Como asesor, acompaña los seminarios de Etnolingüística y Lingüística Antropológica, cuyos estudiantes lo recuerdan con afecto. "Para dar ejemplos de las reglas sintácticas que se usan en la etnolingüística, nos contaba anécdotas. Es muy divertido", asegura Miguel Contreras, egresado de Antropología.

"Él se acuerda de muchas cosas, sobre todo de las más chistosas, que son las que uno procura olvidar -como las "metidas de pata"-. Tiene un anecdotario extraordinario que puede hacer morir de las carcajadas a todo el mundo. Aunque hay otras cosas en las que los Uitoto son muy estrictos, son maravillosos mamadores de gallo, característica de la que Eudocio es un excelente representante", comenta Fernando Urbina.


Resguardo lingüístico

La importancia que para la academia ha tenido contar con la presencia de un Uitoto es que a través del conocimiento de la lengua se pudo conocer y preservar de forma escrita aspectos de una cultura que, por el contacto con Occidente, está perdiendo rápidamente sus tradiciones y su lengua.

Frente a ese contacto de culturas, su actitud no es de rechazo. "Son épocas que nos corresponde conocer eso, ya estamos en otro tiempo". Sin embargo, "las cosas se tornan color de hormiga, porque el niño en vez de crecer al lado del abuelo o los papás -de quienes aprende la parte mítica, los ritos- está con un profesor que le dice: "Usted tiene que aprender a hablar español, ¡usted viene a hablar español! Así va a entender cómo es la ciudad, cómo viven ellos, su geografía, su matemática". Y se le prohíbe hablar la lengua materna". Actualmente la educación de los Uitoto está en manos de los cristianos.

El mismo Eudocio es producto de la formación que se imparte en estas escuelas; en aquel tiempo eran los curas y las monjas lauritas quienes inculcaban los saberes de los "blancos" unidos a la religión católica y la urbanidad. Y los interiorizó "a punta de garrote", como dice él. Sin embargo, Eudocio viene de una línea de sabedores de punta: cuenta que sus tres abuelos, aunque padecieron la guerra cauchera y los primeros contactos con Occidente, de niños fueron testigos de la vieja tradición.

"Los futuros jóvenes o abuelos ya no saben nada de tradiciones. Yo creo que la época de los que alcanzaron a hablar con el abuelo fue la mía, la de los 50, 60 y hasta 70. Hoy no vamos a encontrar ritos, porque la mayoría hacen bailes de acá con vallenatos o corridos. Parte del conocimiento de la comunidad se fue".

La conciencia sobre estos hechos llevó a Eudocio a colaborar con otros investigadores realizando él mismo trabajos sobre aspectos clave de su cultura: la relación de la oralidad con el territorio; los sitios sagrados; los hidrónimos; el poder de la palabra; la preservación, recuperación y manejo de la selva tropical amazónica; las plantas del bosque húmedo; el uso del veneno barbasco en los caños y quebradas; la formación y preparación del sabedor entre los Uitoto murui; el ritual de cacería, entre otros.

"Las cosas se nos van de las manos… Si yo no logro recuperar algo escrito, allá se muere porque se muere; la cultura occidental se absorbe muy rápido. Además hay que hablar mucho con ellos; yo les muestro una realidad y les digo que estamos equivocados si creen que todo lo que se ve se puede tomar. Es un espejismo, es nada".

El último trabajo de Eudocio, y que está próximo a ser publicado, es el diccionario Uitoto, en el que ha invertido cerca de seis años. Su propósito es llevarlo a la comunidad. "Por eso precisamente quiero regresar, para explicar lo que está contenido en este listado de palabras; cómo las vamos a usar, en qué lugar y dónde están contenidas: si es en un mito, entonces se busca el mito y se lee".

Su diccionario sería un aporte para empezar a apropiar de nuevo la lengua y la tradición entre los jóvenes. "Que llegue al fondo de estos muchachos que sueñan con venir a la ciudad". A los jóvenes que ya partieron, les dice que procuren elaborar su propio pensamiento sin dejar de lado su identidad, sin olvidar que tienen que preservar sus tradiciones a pesar de su encuentro con la ciudad; un lugar al que él llegó hace dos décadas, y que le ha permitido valorar y conocer mejor su cultura, pero del que también añora separase para estar de nuevo entre su comunidad.
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