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Invento para escuchar el ruido sísmico

      
<span style=font-weight: bold;>Nelly Mendivelso</span><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> UN Periódico, Unimedios</span><br/><br/> Hace aproximadamente 20 mil años, Bogotá era un gran lago que lentamente se fue vaciando por el quebrantamiento de uno de sus bordes. El rezago de aquel pasado se evidencia en los humedales que circundan hoy la ciudad, pero sobre todo en la cuenca sedimentaria que la soporta, cuyo frágil subsuelo -comparable con una gelatina- amplifica cualquier onda sísmica, provocando que un evento con mucha energía afecte severamente la urbe.<br/><br/> De otro lado, reportes de la Red Sismológica Nacional y evidencias geológicas regionales sugieren que las fallas del Sistema Frontal de la Cordillera Oriental, la Falla Salinas, y en menor grado la Falla de Ibagué, afectan a la capital. Uno de los ejemplos más evidentes fue el sismo de Tauramena (Arauca) ocurrido el 19 de enero de 1995, con magnitud local 6,5 grados en la escala de Richter, que a pesar de su ubicación (150 km al noroccidente de Bogotá), generó daños en esta ciudad y en muchas localidades de la Sabana. Incluso históricamente se tienen registros de eventos destructores como el del 31 de agosto de 1917 que ocasionó graves daños y llevó abajo cientos de edificaciones en el Centro y numerosas quintas en Chapinero.<br/><br/> No en vano, quienes saben, dicen que la liberación de energía de un terremoto es equivalente a la explosión de varias bombas atómicas en conjunto, solo que, como el evento ocurre a cientos de kilómetros de profundidad, cuando emerge se ha atenuado.<br/><br/> Si a los episodios anteriores que revelan un riesgo sísmico para la ciudad, se aúnan la importancia de ésta como centro de la actividad política y económica del país, con un alto número de habitantes, no hay duda que es necesario un estudio completo que se aproxime a las condiciones reales de amenaza sísmica para Bogotá y sus alrededores. Más cuando la vulnerabilidad de las edificaciones está condicionada a la época en que fueron construidas, a la calidad de sus materiales, uso, estrato socioeconómico y mantenimiento, entre otros aspectos.<br/><br/> Un paso importante lo dio recientemente el geofísico César Augusto Valdés Meneses, quien diseñó una estación portátil, a bajo costo, para medir el ruido sísmico de Bogotá, como parte de los desarrollos que sigue la línea de trabajo del Posgrado en Geofísica de la Universidad Nacional.<br/><br/> El profesional diseñó e implementó un prototipo de estación sismológica portátil soportado en una computadora de mano (Pocket Pc), con tecnología de bajo consumo energético, capaz de adquirir adecuadamente las señales provenientes de un sismómetro triaxial (sensor que traduce las ondas sísmicas que se propagan en las tres direcciones Norte-Sur, Este-Oeste, y arriba-abajo en señales eléctricas). Los datos obtenidos son sincronizados con el tiempo universal entregado por un navegador -sistema de posicionamiento global (GPS)- acoplado al sistema de adquisición, aspecto necesario a la hora de poner en marcha una red de estaciones encaminadas a la determinación espacio-temporal de sismos (hora de ocurrencia, epicentro).<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Invento a prueba</span><br/><br/> El ruido sísmico se refiere a las vibraciones elásticas del subsuelo producido por causas naturales como el viento (al presentarse fricción con el suelo, árboles, construcciones) y las olas del mar. Y otras, más dominantes, producidas por el hombre (industria, vehículos, construcciones).<br/><br/> El propósito de César fue establecer zonas con mayor viabilidad para la futura instalación de estaciones simológicas que lleguen a constituir la Red Sismológica de la Sabana de Bogotá, un proyecto liderado por la Universidad Nacional que busca detectar con mayor detalle la sismicidad de la zona e incorporar nueva información en los modelos que precisarán la estimación de la amenaza sísmica.<br/><br/> La idea era monitorear en el subsuelo rocoso, pues al generarse un evento la onda que proviene de éste modifica menos sus características en comparación con la que atraviesa un medio como la cuenca sedimentaria que soporta la ciudad; por eso, la estación se puso a prueba en 12 sitios aledaños a Bogotá: los cerros de Cota, Chía, Tabio, Cajicá, el Alto del Vino, Sibaté, inmediaciones a Cáqueza, La Calera, Sindamanoy cerca de Altos de Yerbabuena, la sede El Vivero de la Universidad Distrital por la salida a Choachí, Bojacá y Sesquilé.<br/><br/> En cada punto se adquirieron datos de ruido sísmico durante periodos que oscilaron entre 3 y 10 horas. "Se obtuvieron 200 archivos con los cuales se evaluó la densidad espectral de potencia estableciéndose que los cerros de Bojacá, Sibaté, Cota, Cajicá y Sesquilé eran las zonas potenciales para la instalación de estaciones permanentes, pues presentaron niveles bajos de ruido, lo cual permitiría la distinción de microsismos o eventos de pequeña magnitud, que al presentarse repetidamente, pueden ser indicio de un fenómeno mayor que se esté dando en profundidad", señala César.<br/><br/> Las otras zonas se descartaron por sus niveles elevados de ruido provocados por la influencia del viento y la vegetación, sobre todo las que se ubican en los Cerros Orientales de Bogotá. "Ello afecta considerablemente las componentes horizontales (Norte-Sur-Oeste), por tanto no son recomendados para la instalación de una estación", agrega el geofísico.<br/><br/> De esta manera el equipo desarrollado por César Valdés, que va camino a ser patentado, "se constituye en un punto de continuidad en la búsqueda de soluciones tecnológicas que permitan la implementación de la Red, a bajo costo y acoplada a las condiciones de sismicidad y clima de esta región", señala el profesor Carlos Vargas, geofísico e integrante del proyecto.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;>De presentarse un sismo…</span><br/><br/> Bogotá se encuentra en una zona de amenaza sísmica intermedia. Según el Estudio microzonificación sísmica de Bogotá (Ingeominas, 1997), de ocurrir un evento sísmico que genere importantes intensidades en Bogotá, la estimación de daños y pérdidas para la condición más crítica sería: 3.500 muertos, 20.000 heridos en el día y 26.000 si ocurriera en la noche, 3.380 hectáreas destruidas, 74.000 damnificados.En contraste, el Estudio para la prevención de desastres para Bogotá y ocho municipios aledaños, realizado por la Agencia Internacional de Cooperación (JICA), la Oficina de Prevención y Atención de Emergencias de Cundinamarca y el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias de Bogotá (2002), reporta los siguientes daños por sismo: 38.700 muertos y 270.000 heridos aproximadamente, con edificaciones dañadas entre el 45% y 48% del total existente en Bogotá. Los daños esperados en las redes de líneas vitales son superiores a los niveles críticos de interrupción del servicio, y al menos 50 puentes vehiculares sufrirían daño severo.<br/><br/><a title=https://unperiodico.unal.edu.co/ediciones/91/11.htm target=_blank href=https://unperiodico.unal.edu.co/ediciones/91/11.htm>Más UN Periódico</a><br/>
Nelly Mendivelso
UN Periódico, Unimedios

Hace aproximadamente 20 mil años, Bogotá era un gran lago que lentamente se fue vaciando por el quebrantamiento de uno de sus bordes. El rezago de aquel pasado se evidencia en los humedales que circundan hoy la ciudad, pero sobre todo en la cuenca sedimentaria que la soporta, cuyo frágil subsuelo -comparable con una gelatina- amplifica cualquier onda sísmica, provocando que un evento con mucha energía afecte severamente la urbe.

De otro lado, reportes de la Red Sismológica Nacional y evidencias geológicas regionales sugieren que las fallas del Sistema Frontal de la Cordillera Oriental, la Falla Salinas, y en menor grado la Falla de Ibagué, afectan a la capital. Uno de los ejemplos más evidentes fue el sismo de Tauramena (Arauca) ocurrido el 19 de enero de 1995, con magnitud local 6,5 grados en la escala de Richter, que a pesar de su ubicación (150 km al noroccidente de Bogotá), generó daños en esta ciudad y en muchas localidades de la Sabana. Incluso históricamente se tienen registros de eventos destructores como el del 31 de agosto de 1917 que ocasionó graves daños y llevó abajo cientos de edificaciones en el Centro y numerosas quintas en Chapinero.

No en vano, quienes saben, dicen que la liberación de energía de un terremoto es equivalente a la explosión de varias bombas atómicas en conjunto, solo que, como el evento ocurre a cientos de kilómetros de profundidad, cuando emerge se ha atenuado.

Si a los episodios anteriores que revelan un riesgo sísmico para la ciudad, se aúnan la importancia de ésta como centro de la actividad política y económica del país, con un alto número de habitantes, no hay duda que es necesario un estudio completo que se aproxime a las condiciones reales de amenaza sísmica para Bogotá y sus alrededores. Más cuando la vulnerabilidad de las edificaciones está condicionada a la época en que fueron construidas, a la calidad de sus materiales, uso, estrato socioeconómico y mantenimiento, entre otros aspectos.

Un paso importante lo dio recientemente el geofísico César Augusto Valdés Meneses, quien diseñó una estación portátil, a bajo costo, para medir el ruido sísmico de Bogotá, como parte de los desarrollos que sigue la línea de trabajo del Posgrado en Geofísica de la Universidad Nacional.

El profesional diseñó e implementó un prototipo de estación sismológica portátil soportado en una computadora de mano (Pocket Pc), con tecnología de bajo consumo energético, capaz de adquirir adecuadamente las señales provenientes de un sismómetro triaxial (sensor que traduce las ondas sísmicas que se propagan en las tres direcciones Norte-Sur, Este-Oeste, y arriba-abajo en señales eléctricas). Los datos obtenidos son sincronizados con el tiempo universal entregado por un navegador -sistema de posicionamiento global (GPS)- acoplado al sistema de adquisición, aspecto necesario a la hora de poner en marcha una red de estaciones encaminadas a la determinación espacio-temporal de sismos (hora de ocurrencia, epicentro).


Invento a prueba

El ruido sísmico se refiere a las vibraciones elásticas del subsuelo producido por causas naturales como el viento (al presentarse fricción con el suelo, árboles, construcciones) y las olas del mar. Y otras, más dominantes, producidas por el hombre (industria, vehículos, construcciones).

El propósito de César fue establecer zonas con mayor viabilidad para la futura instalación de estaciones simológicas que lleguen a constituir la Red Sismológica de la Sabana de Bogotá, un proyecto liderado por la Universidad Nacional que busca detectar con mayor detalle la sismicidad de la zona e incorporar nueva información en los modelos que precisarán la estimación de la amenaza sísmica.

La idea era monitorear en el subsuelo rocoso, pues al generarse un evento la onda que proviene de éste modifica menos sus características en comparación con la que atraviesa un medio como la cuenca sedimentaria que soporta la ciudad; por eso, la estación se puso a prueba en 12 sitios aledaños a Bogotá: los cerros de Cota, Chía, Tabio, Cajicá, el Alto del Vino, Sibaté, inmediaciones a Cáqueza, La Calera, Sindamanoy cerca de Altos de Yerbabuena, la sede El Vivero de la Universidad Distrital por la salida a Choachí, Bojacá y Sesquilé.

En cada punto se adquirieron datos de ruido sísmico durante periodos que oscilaron entre 3 y 10 horas. "Se obtuvieron 200 archivos con los cuales se evaluó la densidad espectral de potencia estableciéndose que los cerros de Bojacá, Sibaté, Cota, Cajicá y Sesquilé eran las zonas potenciales para la instalación de estaciones permanentes, pues presentaron niveles bajos de ruido, lo cual permitiría la distinción de microsismos o eventos de pequeña magnitud, que al presentarse repetidamente, pueden ser indicio de un fenómeno mayor que se esté dando en profundidad", señala César.

Las otras zonas se descartaron por sus niveles elevados de ruido provocados por la influencia del viento y la vegetación, sobre todo las que se ubican en los Cerros Orientales de Bogotá. "Ello afecta considerablemente las componentes horizontales (Norte-Sur-Oeste), por tanto no son recomendados para la instalación de una estación", agrega el geofísico.

De esta manera el equipo desarrollado por César Valdés, que va camino a ser patentado, "se constituye en un punto de continuidad en la búsqueda de soluciones tecnológicas que permitan la implementación de la Red, a bajo costo y acoplada a las condiciones de sismicidad y clima de esta región", señala el profesor Carlos Vargas, geofísico e integrante del proyecto.


De presentarse un sismo…

Bogotá se encuentra en una zona de amenaza sísmica intermedia. Según el Estudio microzonificación sísmica de Bogotá (Ingeominas, 1997), de ocurrir un evento sísmico que genere importantes intensidades en Bogotá, la estimación de daños y pérdidas para la condición más crítica sería: 3.500 muertos, 20.000 heridos en el día y 26.000 si ocurriera en la noche, 3.380 hectáreas destruidas, 74.000 damnificados.En contraste, el Estudio para la prevención de desastres para Bogotá y ocho municipios aledaños, realizado por la Agencia Internacional de Cooperación (JICA), la Oficina de Prevención y Atención de Emergencias de Cundinamarca y el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias de Bogotá (2002), reporta los siguientes daños por sismo: 38.700 muertos y 270.000 heridos aproximadamente, con edificaciones dañadas entre el 45% y 48% del total existente en Bogotá. Los daños esperados en las redes de líneas vitales son superiores a los niveles críticos de interrupción del servicio, y al menos 50 puentes vehiculares sufrirían daño severo.

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