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Los sembradores de la buena semilla

      
El Centro de Producción Audiovisual de la Universidad del Norte se dio a la tarea de entrevistar y reconstruir de la mano de la rica memoria de sus protagonistas, cómo germinó y creció el proyecto de la Universidad del Norte. El informativo Un Norte recoge estos valiosos testimonios y los presenta como un documento cargado de historia, tesón y civismo.<br/><br/> Corrían los años sesenta cuando un grupo de empresarios e industriales de la ciudad, gestó un ambicioso proyecto de fundar una universidad privada para Barranquilla. Una idea que resultaba algo pretenciosa para buena parte de la sociedad costeña de la época, entre quienes había hecho carrera la frase de que aquí no hay ambiente de estudio. <br/><br/> Decidios a luchar contra ese escepticismo y con el sueño como único patrimonio, fundadores y rectores empezaron una serie de reuniones en los que definían reglas, estatus y aterrizaban su ilusión. En enero de 1966 se firmó el acta de constitución de la Universidad del Norte como centro de educación superior. <br/><br/> Nos costó un poco de trabajo porque la gente no creía que aquí hubiera ambiente para estudiar, pero yo decía ¿qué es primero el huevo o la gallina?. No puede haber ambiente de estudio si no hay Universidad, recuerda don Álvaro Jaramillo, quien en representación de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), junto a la fundación Mario Santo Domingo y el Instituto Colombiano de Administración (Incolda) suscribieron el acta de creación. <br/><br/> Además de don Álvaro, de aquel comité promotor de la Universidad, liderado por don Karl C. Parrich, hicieron pare Gastón Abello, Ernesto Cortissoz, Sergio Martínez Aparicio, Jorge Rocha, José Román y Alfonso Jara, entre otros activos dirigentes empresariales del momento. <br/><br/> La primera sede de la Universidad fue una casa ubicada en la Cra 53 entre las calles 82 y 84, donada por el empresario Daniel Peláez., nos cobraba un alquiler simbólico dado nuestro estado de pobreza franciscana, recuerda Álvaro Jaramillo. <br/><br/> En esa casa y con sólo 58 alumnos de Administración de Empresas e Ingeniería, comenzó a cumplirse el sueño. Por eso a don Álvaro Jaramillo le parece más que acertada esa frase institucional que habla de una semilla de un roble que se plantó hace 40 años. <br/><br/> Imagínese hoy tenemos más de 16 mil egresados y cerca de 10 mil jóvenes adelantando estudios de pre y postgrado; la semilla dio buen resultado, afirma con orgullo este hombre que hoy desde la Presidencia del Consejo Directivo de la Universidad, se declara impresionado pro la magnifica labor que ha hecho la rectoría actual a lo largo de los últimos 25 años, por el énfasis que da la Norte a las investigaciones y por sus modernas instalaciones. El edificio de postgrados es una maravilla, asegura. <br/><br/> Su mensaje para los egresados es que quieran y defiendan a la Universidad. Deben tener un sello indeleble de ética y honestidad. Tras su enorme contribución para que éste sueño se hiciera realidad, don Álvaro aún tiene ganas de seguir aportando y concluye con humor: De no ser por la limitación del almanaque, espero hacer mucho más. <br/><br/><b><br/>Más sembradores con buena mano</b><br/><br/> Cuando uno escucha a don Ernesto Cortissoz a sus 89 años hablar de las investigaciones científicas que adelanta el Centro de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad del Atlántico, el cual gerencia, y lo oye decir todavía que estudiar le nace del alma, es fácil entender por qué esa semilla que sembraron él y el grupo de empresarios precursores de la Universidad del Norte hace 40 años dio tan buena cosecha. <br/><br/> La idea que teníamos de fundar una universidad privada en Barranquilla era para que sirviera de estímulo y las demás la tomaran como ejemplo. Debía servir de patrón para que las públicas la igualaran o la sobrepasaran, afirma don Ernesto. <br/><br/> Ingeniero químico, educado en Estados Unidos, se desempeñaba como Gerente de la firma Celanesse en la ciudad en la época en que se gestó el proyecto de la Universidad del Norte. Recuerda las decenas de tardes en la que, junto a otros dirigentes empresariales, trabajaban durante horas para discutir la reglamentación que regiría a estudiantes y profesores. Se hizo una campaña en la que cada directivo se comprometía a gestionar y a buscar determinado número de patrocinadores. Cada cual escogió las empresas con posibilidades para gestionar recursos, dependiendo de la influencia que tuviera. <br/><br/> Después de constituida, y ya con el lote sobre la antigua carretera a Puerto Colombia, definido como el sitio donde se levantaría el campus de la Universidad, entraron a debatir cómo sería la edificación. Fueron discusiones largas sobre qué clase de edificios se crearían, y se decidió que se harían edificios modestos, sin lujos, con sobriedad, allí no había mármol, sólo bloques desnudos, pero elegantes, enfatiza. <br/><br/> De esos primeros años de clases, Cortissoz recuerda con gracia el único brote de actividad política en el campus. Se trataba de un estudiante argentino con ideas comunistas que intentó alborotar el ambiente estudiantil. Eso se controló rápidamente y se dejaba claro a la hora de matricularse, que aquí no se venía a hacer política ni liberal, ni conservadora, ni de izquierda ni de derecha, sino a estudiar, hasta que fueran embriones de ciudadanos partícipes de su comunidad. <br/><br/> Hoy, don Ernesto declara emocionado que la Universidad del Norte es una de las grandes satisfacciones de su vida. Mi orgullo es mi participación en la Universidad del Norte, pues ha cumplido con la misión para la cual se creó. Es responsable de que otras estén mejorando; con una ventaja más, y es que aquí no hay beneficiario exclusivo, sino toda la comunidad. <br/><br/><b><br/>Amor por la tierra</b><br/><br/> Boris Rosanía Salive siempre se ha sentido un hombre afortunado porque la vida le ha brindado la oportunidad de servir a la ciudad. Este ingeniero civil, antes de vincularse a la Universidad del Norte como su tercer rector participó en el Plan de Desarrollo de la ciudad en 1957, trabajó como empresario constructor, ingeniero y diseñador en firmas constructoras de Bogotá y Barranquilla. En 1973, los doctores Karl C. Parrich y Francisco Posada De La Peña lo invitaron a formar parte de la familia uninorteña. Acepté con mucho honor porque fue una bonita oportunidad para servir a mi tierra, afirma. <br/><br/> De su época en la rectoría, donde permaneció siete años, recuerda la gran calidad humana de las personas vinculadas. La Universidad del Norte es el resultado de la gran calidad humana de su gente. Teníamos dos mil estudiantes de administración, de ingenierías mecánica, industrial, civil, sistemas y eléctrica, quienes debían culminar los últimos semestres en la Universidad de los Andes, cuenta Rosanía Salive. <br/><br/> En ese entonces surgió la necesidad de tener asesores y se contó con la colaboración de Tito de Subiría, y Gabriel Betancourt Mejía, quienes visitaban la Universidad y como pares evaluadores hacían recomendaciones. Néstor H. Parra, Ph.D en Educación nos señaló caminos para adelantar proyectos y consolidar la institución en lo académico. La Universidad siempre tuvo claro su norte, trazamos un Plan de Desarrollo que fue un trabajo conjunto con decanos, docentes y estudiantes como una gran familia, señala el Ex Rector. <br/><br/> Así se consolidaron el programa de Ingeniería Civil y los laboratorios de Ingeniería Mecánica e Industrial. Del mismo modo se inició el programa de Medicina en 1976, como un gran reto por su complejidad pero con un éxito extraordinario que le dio a la Universidad otra dimensión. Y con el apoyo de José Omar abrimos el programa de Educación Preescolar. Le apuntamos también a los cursos de postgrado para los docentes. Iniciamos contactos y convenios internacionales con la Fundación Bernard Van Leer, que se han mantenido hasta el día de hoy, señala Rosanía Salive. <br/><br/> En su administración se creó además el Centro de Educación Continua (CEC), con el fin de ofrecer capacitación a profesionales y no profesionales, y que es hoy día uno de los proyectos líderes de la Universidad. <br/><br/> En ese entonces se trabajó de la mano de Pedro Obregón, en el área administrativa y desarrollo del campus y se sembraron alrededor de 500 árboles: sembramos para el futuro y hoy en día es uno de los más acogedores y bellos de la región. <br/><br/> Sobre el tema, Obregón, para la época Director Administrativo de la Universidad, asegura que la intención era hacer un campus universitario acogedor, hacer sentir al estudiantes en casa, entre flores, árboles y un ambiente limpio. A él también le toco arreglar la casa por dentro e impulsó una administración de puertas abiertas. Había un poquito de desorden entre el profesorado y los estudiantes que no se entendías unos con otros . Y cambiando eso de que al alumno hay que rajarlo aprendimos que lo que había que hacer era formar con rigor. Saber enseñar es un arte, resalta Obregón. <br/><br/> Para el ingeniero Rosanía, la Universidad del Norte se ha mantenido por su gente: Fue creada por un grupo excepcional de personas, como una universidad que es propiedad de todos y no de nadie en especial. Es una institución seria, comprometida con el desarrollo de la región, que sigue manteniendo esa calidad humana que la hace dinámica, eficaz y fuerte desarrollándose con paso firme. ¿Y su futuro? Su futuro está relacionado con la investigación, sentencia convencido. <br/><br/>
El Centro de Producción Audiovisual de la Universidad del Norte se dio a la tarea de entrevistar y reconstruir de la mano de la rica memoria de sus protagonistas, cómo germinó y creció el proyecto de la Universidad del Norte. El informativo Un Norte recoge estos valiosos testimonios y los presenta como un documento cargado de historia, tesón y civismo.

Corrían los años sesenta cuando un grupo de empresarios e industriales de la ciudad, gestó un ambicioso proyecto de fundar una universidad privada para Barranquilla. Una idea que resultaba algo "pretenciosa" para buena parte de la sociedad costeña de la época, entre quienes había hecho carrera la frase de que "aquí no hay ambiente de estudio".

Decidios a luchar contra ese escepticismo y con el "sueño" como único patrimonio, fundadores y rectores empezaron una serie de reuniones en los que definían reglas, estatus y aterrizaban su ilusión. En enero de 1966 se firmó el acta de constitución de la Universidad del Norte como centro de educación superior.

"Nos costó un poco de trabajo porque la gente no creía que aquí hubiera ambiente para estudiar, pero yo decía ¿qué es primero el huevo o la gallina?. No puede haber ambiente de estudio si no hay Universidad", recuerda don Álvaro Jaramillo, quien en representación de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), junto a la fundación Mario Santo Domingo y el Instituto Colombiano de Administración (Incolda) suscribieron el acta de creación.

Además de don Álvaro, de aquel comité promotor de la Universidad, liderado por don Karl C. Parrich, hicieron pare Gastón Abello, Ernesto Cortissoz, Sergio Martínez Aparicio, Jorge Rocha, José Román y Alfonso Jara, entre otros activos dirigentes empresariales del momento.

La primera sede de la Universidad fue una casa ubicada en la Cra 53 entre las calles 82 y 84, donada por el empresario Daniel Peláez., "nos cobraba un alquiler simbólico dado nuestro estado de pobreza franciscana", recuerda Álvaro Jaramillo.

En esa casa y con sólo 58 alumnos de Administración de Empresas e Ingeniería, comenzó a cumplirse el sueño. Por eso a don Álvaro Jaramillo le parece más que acertada esa frase institucional que habla de "una semilla de un roble que se plantó hace 40 años".

"Imagínese hoy tenemos más de 16 mil egresados y cerca de 10 mil jóvenes adelantando estudios de pre y postgrado; la semilla dio buen resultado", afirma con orgullo este hombre que hoy desde la Presidencia del Consejo Directivo de la Universidad, se declara impresionado pro la "magnifica labor" que ha hecho la rectoría actual a lo largo de los últimos 25 años, por el énfasis que da la Norte a las investigaciones y por sus modernas instalaciones. "El edificio de postgrados es una maravilla", asegura.

Su mensaje para los egresados es que quieran y defiendan a la Universidad. "Deben tener un sello indeleble de ética y honestidad". Tras su enorme contribución para que éste sueño se hiciera realidad, don Álvaro aún tiene ganas de seguir aportando y concluye con humor: "De no ser por la limitación del almanaque, espero hacer mucho más".


Más sembradores con buena mano


Cuando uno escucha a don Ernesto Cortissoz a sus 89 años hablar de las investigaciones científicas que adelanta el Centro de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad del Atlántico, el cual gerencia, y lo oye decir todavía que "estudiar le nace del alma", es fácil entender por qué esa semilla que sembraron él y el grupo de empresarios precursores de la Universidad del Norte hace 40 años dio tan buena cosecha.

"La idea que teníamos de fundar una universidad privada en Barranquilla era para que sirviera de estímulo y las demás la tomaran como ejemplo. Debía servir de patrón para que las públicas la igualaran o la sobrepasaran", afirma don Ernesto.

Ingeniero químico, educado en Estados Unidos, se desempeñaba como Gerente de la firma Celanesse en la ciudad en la época en que se gestó el proyecto de la Universidad del Norte. Recuerda las decenas de tardes en la que, junto a otros dirigentes empresariales, trabajaban durante horas para discutir la reglamentación que regiría a estudiantes y profesores. "Se hizo una campaña en la que cada directivo se comprometía a gestionar y a buscar determinado número de patrocinadores. Cada cual escogió las empresas con posibilidades para gestionar recursos, dependiendo de la influencia que tuviera".

Después de constituida, y ya con el lote sobre la antigua carretera a Puerto Colombia, definido como el sitio donde se levantaría el campus de la Universidad, entraron a debatir cómo sería la edificación. "Fueron discusiones largas sobre qué clase de edificios se crearían, y se decidió que se harían edificios modestos, sin lujos, con sobriedad, allí no había mármol, sólo bloques desnudos, pero elegantes", enfatiza.

De esos primeros años de clases, Cortissoz recuerda con gracia el único brote de actividad política en el campus. Se trataba de un estudiante argentino con ideas comunistas que intentó alborotar el ambiente estudiantil. "Eso se controló rápidamente y se dejaba claro a la hora de matricularse, que aquí no se venía a hacer política ni liberal, ni conservadora, ni de izquierda ni de derecha, sino a estudiar, hasta que fueran embriones de ciudadanos partícipes de su comunidad".

Hoy, don Ernesto declara emocionado que la Universidad del Norte es una de las grandes satisfacciones de su vida. "Mi orgullo es mi participación en la Universidad del Norte, pues ha cumplido con la misión para la cual se creó. Es responsable de que otras estén mejorando; con una ventaja más, y es que aquí no hay beneficiario exclusivo, sino toda la comunidad".


Amor por la tierra


Boris Rosanía Salive siempre se ha sentido un hombre afortunado porque la vida le ha brindado la oportunidad de servir a la ciudad. Este ingeniero civil, antes de vincularse a la Universidad del Norte como su tercer rector participó en el Plan de Desarrollo de la ciudad en 1957, trabajó como empresario constructor, ingeniero y diseñador en firmas constructoras de Bogotá y Barranquilla. En 1973, los doctores Karl C. Parrich y Francisco Posada De La Peña lo invitaron a formar parte de la familia uninorteña. "Acepté con mucho honor porque fue una bonita oportunidad para servir a mi tierra", afirma.

De su época en la rectoría, donde permaneció siete años, recuerda la gran calidad humana de las personas vinculadas. "La Universidad del Norte es el resultado de la gran calidad humana de su gente. Teníamos dos mil estudiantes de administración, de ingenierías mecánica, industrial, civil, sistemas y eléctrica, quienes debían culminar los últimos semestres en la Universidad de los Andes", cuenta Rosanía Salive.

"En ese entonces surgió la necesidad de tener asesores y se contó con la colaboración de Tito de Subiría, y Gabriel Betancourt Mejía, quienes visitaban la Universidad y como pares evaluadores hacían recomendaciones. Néstor H. Parra, Ph.D en Educación nos señaló caminos para adelantar proyectos y consolidar la institución en lo académico. La Universidad siempre tuvo claro su norte, trazamos un Plan de Desarrollo que fue un trabajo conjunto con decanos, docentes y estudiantes como una gran familia", señala el Ex Rector.

Así se consolidaron el programa de Ingeniería Civil y los laboratorios de Ingeniería Mecánica e Industrial. Del mismo modo se inició el programa de Medicina en 1976, como un gran reto por su complejidad pero con un éxito extraordinario que le dio a la Universidad otra dimensión. "Y con el apoyo de José Omar abrimos el programa de Educación Preescolar. Le apuntamos también a los cursos de postgrado para los docentes. Iniciamos contactos y convenios internacionales con la Fundación Bernard Van Leer, que se han mantenido hasta el día de hoy", señala Rosanía Salive.

En su administración se creó además el Centro de Educación Continua (CEC), con el fin de ofrecer capacitación a profesionales y no profesionales, y que es hoy día uno de los proyectos líderes de la Universidad.

En ese entonces se trabajó de la mano de Pedro Obregón, en el área administrativa y desarrollo del campus y se sembraron alrededor de 500 árboles: "sembramos para el futuro y hoy en día es uno de los más acogedores y bellos de la región".

Sobre el tema, Obregón, para la época Director Administrativo de la Universidad, asegura que la intención era hacer un campus universitario acogedor, "hacer sentir al estudiantes en casa, entre flores, árboles y un ambiente limpio". A él también le toco arreglar la casa por dentro e impulsó una administración de puertas abiertas. "Había un poquito de desorden entre el profesorado y los estudiantes que no se entendías unos con otros . Y cambiando eso de que al alumno hay que rajarlo aprendimos que lo que había que hacer era formar con rigor. Saber enseñar es un arte", resalta Obregón.

Para el ingeniero Rosanía, la Universidad del Norte se ha mantenido por su gente: "Fue creada por un grupo excepcional de personas, como una universidad que es propiedad de todos y no de nadie en especial. Es una institución seria, comprometida con el desarrollo de la región, que sigue manteniendo esa calidad humana que la hace dinámica, eficaz y fuerte desarrollándose con paso firme. ¿Y su futuro? Su futuro está relacionado con la investigación", sentencia convencido.

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