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Archivo Distrital de Bogotá

      
El archivo alberga cerca de 1'500.000 de documentos, los más antiguos son las Actas del Ramo de Propios del Cabildo de Santafé, que datan del año 1597.<br/><br/> Germán Rodrigo Mejía, historiador javeriano y director del archivo desde su fundación, hace un interesante recorrido por las instalaciones. Es un enorme edificio y su nombre se ve pequeño en medio de tantos ladrillos. Está cubierto por gruesos muros de cemento, enorme puertas con vidrios que parecen diseñados para detener balas, con sensores, y sin embargo, es sencillo entrar. Un carruaje que sirvió de transporte público halado por burros a finales del siglo XIX, llama la atención especialmente por su excelente estado de conservación. <span style=font-style: italic;>Es el único que queda. Lo sacamos de una bodega oxidado y derruido, pero lo arreglamos</span>, afirma el director.<br/><br/> Las dimensiones de esta entidad, ubicada en pleno centro, a pocas cuadras del Archivo Nacional, generan una imagen de respeto e impotencia. Son 56 depósitos, 7 pisos, 8 archivos por piso, todo dividido en tres edificios. Su construcción costó cerca de 20.000 millones de pesos. Tiene capacidad par almacenar 100 mil metros de papel , miles de cintas de video, audio y hasta ahora cuenta con 20 mil planos y cerca de 70 mil fotos y retratos. También existen estudios de grabación, edición, revelado de fotos y auditorios (estos últimos se usan prácticamente a diario). Además, el primer piso es exclusivo para la limpieza, cuidado y restauración de los documentos recibidos. <br/><br/> En varios laboratorios trabajan diferentes profesionales (microbiólogos, químicos, restauradores) encargados de tratar libros y planos que llevaban varios años guardados en cualquier parte. <span style=font-style: italic;>Esto es peligroso. Hay hongos que pueden enfermar y hasta matar a quien los huela</span>, advierte Mejía. Cada libro debe ser limpiado página por página, con una aspiradora especial que los libra de los hongos y los impregna con sustancias limpiadoras. <span style=font-style: italic;>Es un trabajo arduo, pero necesario, ya que estos documentos tienen valor histórico</span>.<br/><br/> Conservar documentos que tengan valor histórico es la principal labor del Archivo Distrital de Bogotá. Otra tarea es la de organizar todos los archivos de las entidades del distrito. Según Germán Mejía, no hacerlo es f<span style=font-style: italic;>oco de corrupción y de confusiones en varias entidades. Si no hay un registro de tal o cual cosa, o si dicho documento ya no existe o no es válido por su deterioro, cualquiera puede decir que eso no se hizo. Y una ciudad como Bogotá genera al día miles de papeles de esa clase. Muchos no son importantes y se desechan una vez se vencen los términos, pero otro si lo son. Nuestro comité de clasificación y evaluación determina el valor y los guardamos. Así la ciudad no corre tanto riesgo de perder demandas, y se pueden resolver conflictos. El Archivo le ahorra dinero a la ciudad</span>.<br/><br/> Mejía agrega que el valor no es monetario, sino simbólico, razón por la cual la entidad no compra documentos. <span style=font-style: italic;>Si alguien me dice que tiene una carta firmada por Simón Bolívar y que me la vende, le pido el favor que me deje escanearla o microfilmarla y se la devuelvo, pero no le damos plata. Lo que sí se compra son libros raros y antiguos</span>.<br/><br/><span style=font-style: italic;>Cualquier persona puede venir a ver el papel que quiera. De hecho, no recibimos nada si su propietario nos pide no dejarlo ver. Pero para preservarlos, lo que le damos es una copia sea escaneada o en microfilm. Contamos con varias salas de consulta con este último sistema</span>.<br/><br/> El Archivo también debe asesorar las diversas entidades a la hora de guardar sus documentos. <span style=font-style: italic;>La empresa de teléfonos estaba gastando millones de pesos al mes en el bodegaje de todos los recibos. Aquí se decidió que estos no eran útiles, ahorrándole a dicha institución todo ese dinero. Ese es uno de los principales deberes del archivo, ya que al ponerle orden a las cosas, se gasta menos</span>.<br/><br/> Después de hacer el recorrido por el Archivo Distrital de Bogotá de la mano de Germán Mejía, queda la sensación de haberse visitado un enorme y mágico baúl de recuerdos que se puede consultar y valorar por siempre.<br/><br/><br/>
El archivo alberga cerca de 1'500.000 de documentos, los más antiguos son las Actas del Ramo de Propios del Cabildo de Santafé, que datan del año 1597.

Germán Rodrigo Mejía, historiador javeriano y director del archivo desde su fundación, hace un interesante recorrido por las instalaciones. Es un enorme edificio y su nombre se ve pequeño en medio de tantos ladrillos. Está cubierto por gruesos muros de cemento, enorme puertas con vidrios que parecen diseñados para detener balas, con sensores, y sin embargo, es sencillo entrar. Un carruaje que sirvió de transporte público halado por burros a finales del siglo XIX, llama la atención especialmente por su excelente estado de conservación. "Es el único que queda. Lo sacamos de una bodega oxidado y derruido, pero lo arreglamos", afirma el director.

Las dimensiones de esta entidad, ubicada en pleno centro, a pocas cuadras del Archivo Nacional, generan una imagen de respeto e impotencia. Son 56 depósitos, 7 pisos, 8 archivos por piso, todo dividido en tres edificios. Su construcción costó cerca de 20.000 millones de pesos. Tiene capacidad par almacenar 100 mil metros de papel , miles de cintas de video, audio y hasta ahora cuenta con 20 mil planos y cerca de 70 mil fotos y retratos. También existen estudios de grabación, edición, revelado de fotos y auditorios (estos últimos se usan prácticamente a diario). Además, el primer piso es exclusivo para la limpieza, cuidado y restauración de los documentos recibidos.

En varios laboratorios trabajan diferentes profesionales (microbiólogos, químicos, restauradores) encargados de tratar libros y planos que llevaban varios años guardados en cualquier parte. "Esto es peligroso. Hay hongos que pueden enfermar y hasta matar a quien los huela", advierte Mejía. Cada libro debe ser limpiado página por página, con una aspiradora especial que los libra de los hongos y los impregna con sustancias limpiadoras. "Es un trabajo arduo, pero necesario, ya que estos documentos tienen valor histórico".

Conservar documentos que tengan valor histórico es la principal labor del Archivo Distrital de Bogotá. Otra tarea es la de organizar todos los archivos de las entidades del distrito. Según Germán Mejía, no hacerlo es "foco de corrupción y de confusiones en varias entidades. Si no hay un registro de tal o cual cosa, o si dicho documento ya no existe o no es válido por su deterioro, cualquiera puede decir que eso no se hizo. Y una ciudad como Bogotá genera al día miles de papeles de esa clase. Muchos no son importantes y se desechan una vez se vencen los términos, pero otro si lo son. Nuestro comité de clasificación y evaluación determina el valor y los guardamos. Así la ciudad no corre tanto riesgo de perder demandas, y se pueden resolver conflictos. El Archivo le ahorra dinero a la ciudad".

Mejía agrega que el valor no es monetario, sino simbólico, razón por la cual la entidad no compra documentos. "Si alguien me dice que tiene una carta firmada por Simón Bolívar y que me la vende, le pido el favor que me deje escanearla o microfilmarla y se la devuelvo, pero no le damos plata. Lo que sí se compra son libros raros y antiguos".

"Cualquier persona puede venir a ver el papel que quiera. De hecho, no recibimos nada si su propietario nos pide no dejarlo ver. Pero para preservarlos, lo que le damos es una copia sea escaneada o en microfilm. Contamos con varias salas de consulta con este último sistema".

El Archivo también debe asesorar las diversas entidades a la hora de guardar sus documentos. "La empresa de teléfonos estaba gastando millones de pesos al mes en el bodegaje de todos los recibos. Aquí se decidió que estos no eran útiles, ahorrándole a dicha institución todo ese dinero. Ese es uno de los principales deberes del archivo, ya que al ponerle orden a las cosas, se gasta menos".

Después de hacer el recorrido por el Archivo Distrital de Bogotá de la mano de Germán Mejía, queda la sensación de haberse visitado un enorme y mágico baúl de recuerdos que se puede consultar y valorar por siempre.


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