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El conocimiento, un negocio más entre estudiantes

      
Por eso han aparecido varias modalidades que le aseguran a cualquier estudiante que ganará la materia, sin tener que pensar, estudiar, ni hacer los trabajos del semestre. Entre las más usadas están: las excusas, el 'buen amigo' y la venta de trabajos.<br/><br/> Las excusas son usadas por aquellos estudiantes perezosos que nunca cumplen con la entrega de ningún trabajo, pero siempre encuentran la excusa perfecta para lograr ampliar el plazo e incluso que se les disminuya la labor que tenían que hacer. Aquí se encuentran las tradicionales muertes de los tíos, las enfermedades de cualquier familiar, los daños del computador, etc.<br/><br/> Según Gabriel Cardona, profesor de Deportes de la Universidad de Antioquia, UdeA, "las excusas de los estudiantes son una salida para evitar el trabajo impuesto, pero no se pueden tomar a la ligera, hay que indagar el por qué no quieren trabajar, muchas veces eso tiene otros problemas de fondo como discusiones familiares, depresiones o problemas físicos y hay que comprenderlos y ayudarlos, pero desafortunadamente la mayoría de las excusas son sólo mentiras".<br/><br/> Andrés Saldaña, estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), dice que "sacar excusas es una opción, pero el problema es que ya a muchos profesores no les importan los pretextos y desconfían incluso de situaciones reales, por eso reciben los trabajos posteriormente, pero los califican sobre una nota más baja y así no aguanta".<br/><br/> La rebaja de notas ha disminuido la proliferación de esta modalidad, pero no la extermina en su totalidad, por el contrario, revela un problema mayor y es la importancia de la nota para los estudiantes, pues a todos les interesa sacar notas altas para mantener un buen promedio, tener oportunidades laborales o simplemente tener contentos a sus padres.<br/><br/><br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;>Los grandes 'amigos'<br/><br/></span> Por eso, tener un 'buen amigo' más conocido como el compañero 'marrano' se convierte en otra posibilidad. "Para ganar una materia fácil, uno busca hacerse amigo del mejor de la clase y le gasta en rumbas y salidas y él a cambio de la amistad y la amplitud, le ayuda a uno en lo académico", cuenta Adriana Gómez, estudiante de Matemáticas de la U de A.<br/><br/> Esta modalidad tiene varios problemas, el primero es que es muy difícil encontrar un alumno que sea bueno para todas las áreas y el segundo, es que finalmente, después de un tiempo el amigo 'marrano' se siente usado y no vuelve a ayudarle al mal estudiante.<br/><br/> La tercera modalidad suele ser más efectiva que las anteriores, es la compra de trabajos. Acá no se hieren susceptibilidades y no es necesario inventar pretextos para lograr plazos, ni concesiones. Se Trata simplemente que el estudiante contrate por un precio los servicios de otro estudiante o profesional, para que realice el trabajo que le corresponde, con la condición de ponerle su nombre y mantenerlo en secreto.<br/><br/> "Ya no es necesario estresarse tanto con el estudio. Si uno no sabe algo, pues le paga a alguien que sepa y que le ayude a uno, si aprende pues rico, pero lo importante es ganar, porque que pereza estar repitiendo materias y la idea no es matarse estudiando", dice Camilo Bedoya1, estudiante de Derecho de la UdeA.<br/><br/> Para Laura Vélez, estudiante de Psicología de la Fundación Universitaria Luis Amigó (Funlam), pagar por un trabajo no es por no saber, simplemente es por falta de tiempo, "en mi carrera exigen coger un número determinado de materias y en todas ponen muchos trabajos para las mismas fechas y es imposible cumplir con todos, por eso asumís perderlos o simplemente pagas los de menos importancia".<br/><br/> Las razones para pagar un trabajo varían, las más reconocidas son: por dificultad, como los ejercicios de matemáticas o ingeniería. Por tiempo, como en el caso de Laura; por la nota, en el caso de Camilo; o por pereza, como cuando pagan por no tener que pensar, ni ocuparse. Esta última razón es muy discutible por psicólogos, médicos y algunos profesores, pues basados en investigaciones como las del doctor Mel Levine, autor del libro Mentes diferentes, aprendizajes diferentes, el problema real no es la pereza, sino una disfunción psicológica y por eso existen estudiantes con producción deficiente, que por no buscar ayuda para superar esto, se refugian en salidas fáciles, que complican cada vez más el problema.<br/><br/> El asunto es que comprar trabajos es cada vez más común entre los estudiantes de las universidades; y aunque es considerado un fraude y tiene sanciones severas, la modalidad está en apogeo y la solución para frenarla está en quienes acceden a vender estos trabajos, pues algunos no lo hacen por gusto, o por evitar que el otro aprenda, sino por un beneficio propio que es ganar dinero.<br/><br/> "Es una manera para beneficiarse económicamente. Uno no vive de esos trabajos pero cuando aparecen uno aprovecha, por ejemplo, yo no cobro barato, porque la idea de ese gran esfuerzo es ganar y si el otro está dispuesto a pagar pues de malas, uno pone las condiciones y él verá si acepta", dice Carolina López,, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia.<br/><br/> Otros estudiantes venden trabajos según la dificultad del mismo y de quién lo solicite, pues si son conocidos les cobran menos que a quienes vienen de otras facultades o universidades. Por ejemplo, un ensayo sobre cualquier tema, varía entre los 20.000 y los 80.000 pesos, un ejercicio matemático entre los 15.000 y 50.000 pesos y una plancha de dibujo entre 50.000 y 100.000 pesos; estos precios pueden duplicarse según el porcentaje del trabajo, o si se sabe que quien lo compra tiene dinero o es de otra universidad.<br/><br/> "Yo no compro trabajos porque para mí es importante aprender de todo, pero cuando estudiaba sí los vendía en la universidad, porque otros compañeros pagaban para su propia ignorancia y muy bien", cuenta Alejandra Garcés, Publicista de la UPB.<br/><br/> Las modalidades para evadir trabajos son un asunto más complejo de lo que se cree. Por eso, profesores y directivos de todas las universidades deben tomar medidas que no sean normas que sólo castiguen los hechos, sino soluciones claras, que busquen la concientización de alumnos sobre la importancia de estudiar por el propio esfuerzo, de quitar la concepción general que la nota es lo importante y sobre todo, de frenar la formación de profesionales facilistas, mediocres y mentirosos, que encuentran en el dinero salida a todos los problemas.<br/><br/><br/><font size=1> * Lina Marcela Gallego Moreno, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia.</font><br/><br/><br/>
Por eso han aparecido varias modalidades que le aseguran a cualquier estudiante que ganará la materia, sin tener que pensar, estudiar, ni hacer los trabajos del semestre. Entre las más usadas están: las excusas, el 'buen amigo' y la venta de trabajos.

Las excusas son usadas por aquellos estudiantes perezosos que nunca cumplen con la entrega de ningún trabajo, pero siempre encuentran la excusa perfecta para lograr ampliar el plazo e incluso que se les disminuya la labor que tenían que hacer. Aquí se encuentran las tradicionales muertes de los tíos, las enfermedades de cualquier familiar, los daños del computador, etc.

Según Gabriel Cardona, profesor de Deportes de la Universidad de Antioquia, UdeA, "las excusas de los estudiantes son una salida para evitar el trabajo impuesto, pero no se pueden tomar a la ligera, hay que indagar el por qué no quieren trabajar, muchas veces eso tiene otros problemas de fondo como discusiones familiares, depresiones o problemas físicos y hay que comprenderlos y ayudarlos, pero desafortunadamente la mayoría de las excusas son sólo mentiras".

Andrés Saldaña, estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), dice que "sacar excusas es una opción, pero el problema es que ya a muchos profesores no les importan los pretextos y desconfían incluso de situaciones reales, por eso reciben los trabajos posteriormente, pero los califican sobre una nota más baja y así no aguanta".

La rebaja de notas ha disminuido la proliferación de esta modalidad, pero no la extermina en su totalidad, por el contrario, revela un problema mayor y es la importancia de la nota para los estudiantes, pues a todos les interesa sacar notas altas para mantener un buen promedio, tener oportunidades laborales o simplemente tener contentos a sus padres.



Los grandes 'amigos'

Por eso, tener un 'buen amigo' más conocido como el compañero 'marrano' se convierte en otra posibilidad. "Para ganar una materia fácil, uno busca hacerse amigo del mejor de la clase y le gasta en rumbas y salidas y él a cambio de la amistad y la amplitud, le ayuda a uno en lo académico", cuenta Adriana Gómez, estudiante de Matemáticas de la U de A.

Esta modalidad tiene varios problemas, el primero es que es muy difícil encontrar un alumno que sea bueno para todas las áreas y el segundo, es que finalmente, después de un tiempo el amigo 'marrano' se siente usado y no vuelve a ayudarle al mal estudiante.

La tercera modalidad suele ser más efectiva que las anteriores, es la compra de trabajos. Acá no se hieren susceptibilidades y no es necesario inventar pretextos para lograr plazos, ni concesiones. Se Trata simplemente que el estudiante contrate por un precio los servicios de otro estudiante o profesional, para que realice el trabajo que le corresponde, con la condición de ponerle su nombre y mantenerlo en secreto.

"Ya no es necesario estresarse tanto con el estudio. Si uno no sabe algo, pues le paga a alguien que sepa y que le ayude a uno, si aprende pues rico, pero lo importante es ganar, porque que pereza estar repitiendo materias y la idea no es matarse estudiando", dice Camilo Bedoya1, estudiante de Derecho de la UdeA.

Para Laura Vélez, estudiante de Psicología de la Fundación Universitaria Luis Amigó (Funlam), pagar por un trabajo no es por no saber, simplemente es por falta de tiempo, "en mi carrera exigen coger un número determinado de materias y en todas ponen muchos trabajos para las mismas fechas y es imposible cumplir con todos, por eso asumís perderlos o simplemente pagas los de menos importancia".

Las razones para pagar un trabajo varían, las más reconocidas son: por dificultad, como los ejercicios de matemáticas o ingeniería. Por tiempo, como en el caso de Laura; por la nota, en el caso de Camilo; o por pereza, como cuando pagan por no tener que pensar, ni ocuparse. Esta última razón es muy discutible por psicólogos, médicos y algunos profesores, pues basados en investigaciones como las del doctor Mel Levine, autor del libro Mentes diferentes, aprendizajes diferentes, el problema real no es la pereza, sino una disfunción psicológica y por eso existen estudiantes con producción deficiente, que por no buscar ayuda para superar esto, se refugian en salidas fáciles, que complican cada vez más el problema.

El asunto es que comprar trabajos es cada vez más común entre los estudiantes de las universidades; y aunque es considerado un fraude y tiene sanciones severas, la modalidad está en apogeo y la solución para frenarla está en quienes acceden a vender estos trabajos, pues algunos no lo hacen por gusto, o por evitar que el otro aprenda, sino por un beneficio propio que es ganar dinero.

"Es una manera para beneficiarse económicamente. Uno no vive de esos trabajos pero cuando aparecen uno aprovecha, por ejemplo, yo no cobro barato, porque la idea de ese gran esfuerzo es ganar y si el otro está dispuesto a pagar pues de malas, uno pone las condiciones y él verá si acepta", dice Carolina López,, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia.

Otros estudiantes venden trabajos según la dificultad del mismo y de quién lo solicite, pues si son conocidos les cobran menos que a quienes vienen de otras facultades o universidades. Por ejemplo, un ensayo sobre cualquier tema, varía entre los 20.000 y los 80.000 pesos, un ejercicio matemático entre los 15.000 y 50.000 pesos y una plancha de dibujo entre 50.000 y 100.000 pesos; estos precios pueden duplicarse según el porcentaje del trabajo, o si se sabe que quien lo compra tiene dinero o es de otra universidad.

"Yo no compro trabajos porque para mí es importante aprender de todo, pero cuando estudiaba sí los vendía en la universidad, porque otros compañeros pagaban para su propia ignorancia y muy bien", cuenta Alejandra Garcés, Publicista de la UPB.

Las modalidades para evadir trabajos son un asunto más complejo de lo que se cree. Por eso, profesores y directivos de todas las universidades deben tomar medidas que no sean normas que sólo castiguen los hechos, sino soluciones claras, que busquen la concientización de alumnos sobre la importancia de estudiar por el propio esfuerzo, de quitar la concepción general que la nota es lo importante y sobre todo, de frenar la formación de profesionales facilistas, mediocres y mentirosos, que encuentran en el dinero salida a todos los problemas.


* Lina Marcela Gallego Moreno, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia.


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