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Egresado de la Esap ganó concurso de crónica en Brasil

      
Ganador del segundo lugar, Luis Fernando, compitió con textos de toda América Latina. El primer lugar fue para un escritor peruano.<br/><br/> Este concurso, organizado por el Instituto de Cultura de Brasil, Ibraco, propuso para esta edición una temática simple, pero donde se debía desplegar todo el amor por la crónica periodística. <br/><br/> Los encargados de escoger a los ganadores fueron Eduardo González (Premio de Novela del Perú), la periodista Marianne Ponsford (Escocia) y el escritor colombiano Daniel Samper Pizano. <br/><br/> Luis Fernando Espinal es un administrador Público Territorial que ya había participado en varios concursos de crónica para universitarios, habiendo sido ganador en cinco ocasiones. Actualmente trabaja en una entidad cultural independiente de la ciudad de Pereira, llamada Cine Club Borges.<br/><br/> Esta fue la crónica ganadora: <br/><br/><span style=font-weight: bold;> En la mañana soy un niño del fútbol </span><br/> Yo soy uno de los niños futbolistas del cuadro de Cándido Portinari, el único que tiene los brazos pegados al cuerpo, el que más que jugar simplemente observa el partido, ¿Y qué otra cosa puedo hacer si difícilmente puedo tocar el balón?<br/><br/> Lo recuerdo muy bien, quizás en un sueño que tuve o en un instante de fantasía que se me hizo realidad: Aquello ocurrió en un cálido campo de juego sin arcos, sin árbitros y sin torcidas; allí los espectadores eran algunas vacas y cabras, no había premios para el equipo ganador, pero se pateaba el balón con los pies y con el alma, como si fuese la final del Campeonato Mundial.<br/><br/> Nadie lo había notado, pero allí, luciendo una camiseta roja, como el más pequeño de los pequeños, con una dimensión casi de pajarillo, un niño de pies torcidos emprende veloz carrera, casi su vuelo, en pos del balón. Lo que pasó después también está muy claro en mi mente: los otros chicos, sorprendidos con la habilidad del niño ave, me pidieron un apodo para él, y ¡sí!, fui yo quien lo nombró Garrincha.<br/><br/> ¿Y los otros niños? claramente recuerdo algunos de sus nombres: Luiz Nazario da Lima, Edson Arantes, Ronaldo Assis, Waldir Pereira, Jair Ventura. Ellos y otros pequeños me acompañaron en ese partido atemporal; todos venían de barrios populares, con sus camisetas llenas de remiendos, pero con sus corazones rebosantes de sueños de gloria.<br/><br/> Ahora viene a mi memoria algo de los niños cuyos nombres no tengo claros, todos dijeron venir de la Ciudad de Deus y me contaron que también tenían anhelos, no necesariamente de gloria y fama, pero sí de esperanza y de un futuro mejor.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> En la tarde camino por Río de Janeiro </span><br/> Ese mismo día, pero unas pocas horas más tarde me encontré caminando por Río de Janeiro. Yo ya no era más un niño, todo en mí era distinto y cada parte de mi ser comprendió que estar allí era vivir nuevas sensaciones. <br/><br/> Mis oídos fueron mimados con la voz de Astrud Gilberto, mi cuerpo se fortaleció pues allí en cada persona sigue latente el valor que tuvo Tiradentes hasta el último instante de su vida, mis manos atraparon un balón que acababa de romper la red en el Maracaná, mi cuerpo sintió el abrazo del Cristo Redentor de Corcovado que por primera vez cerró sus brazos para acogerme como a un hijo propio, mi nariz percibió el sin par aroma del mar que el viento arrastró, mi boca sintió el hogareño sabor de la feijoada, mis pupilas tuvieron que dilatarse para admirar la majestuosa presencia del cerro de Pan de Azúcar, mis piernas cobraron vida propia cuando de repente el ritmo de la samba carnavalera se impuso en medio de la calma, y luego mi corazón se aceleró como nunca antes, cuando vi pasar a una preciosa garota de cuerpo dorado en un dulce balanceo camino del mar. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> En la noche soy un abuelo </span><br/> Llegó la noche llena de estrellas, mi cabello se colmó de canas y el sabor del chimarrao y los ecos de un canto candomblé me invitan a buscar las voces de la tradición, por eso decidí pasar terminar el día en medio de la selva del Amazonas. Fui afortunado, presencié esa noche una reunión de viejos sabios tapuyas, botocudos, Kayapós, timbiras, suyás y gorotires. Escuché relatos sobre la sabiduría de los animales, sobre la magia de los árboles, sobre la razón del color de las flores, sobre el origen del hombre, sobre las cosas que dicen las aves y aprendí a interpretar los mapas que vienen dibujados en las alas de las mariposas. Con ellos y con todo lo que viví en ese sueño (que a veces creo real) , aprendí exactamente lo que significa la palabra saudade.<br/><br/><br/>
Ganador del segundo lugar, Luis Fernando, compitió con textos de toda América Latina. El primer lugar fue para un escritor peruano.

Este concurso, organizado por el Instituto de Cultura de Brasil, Ibraco, propuso para esta edición una temática simple, pero donde se debía desplegar todo el amor por la crónica periodística.

Los encargados de escoger a los ganadores fueron Eduardo González (Premio de Novela del Perú), la periodista Marianne Ponsford (Escocia) y el escritor colombiano Daniel Samper Pizano.

Luis Fernando Espinal es un administrador Público Territorial que ya había participado en varios concursos de crónica para universitarios, habiendo sido ganador en cinco ocasiones. Actualmente trabaja en una entidad cultural independiente de la ciudad de Pereira, llamada Cine Club Borges.

Esta fue la crónica ganadora:

En la mañana soy un niño del fútbol
Yo soy uno de los niños futbolistas del cuadro de Cándido Portinari, el único que tiene los brazos pegados al cuerpo, el que más que jugar simplemente observa el partido, ¿Y qué otra cosa puedo hacer si difícilmente puedo tocar el balón?

Lo recuerdo muy bien, quizás en un sueño que tuve o en un instante de fantasía que se me hizo realidad: Aquello ocurrió en un cálido campo de juego sin arcos, sin árbitros y sin torcidas; allí los espectadores eran algunas vacas y cabras, no había premios para el equipo ganador, pero se pateaba el balón con los pies y con el alma, como si fuese la final del Campeonato Mundial.

Nadie lo había notado, pero allí, luciendo una camiseta roja, como el más pequeño de los pequeños, con una dimensión casi de pajarillo, un niño de pies torcidos emprende veloz carrera, casi su vuelo, en pos del balón. Lo que pasó después también está muy claro en mi mente: los otros chicos, sorprendidos con la habilidad del "niño ave", me pidieron un apodo para él, y ¡sí!, fui yo quien lo nombró Garrincha.

¿Y los otros niños? claramente recuerdo algunos de sus nombres: Luiz Nazario da Lima, Edson Arantes, Ronaldo Assis, Waldir Pereira, Jair Ventura. Ellos y otros pequeños me acompañaron en ese partido atemporal; todos venían de barrios populares, con sus camisetas llenas de remiendos, pero con sus corazones rebosantes de sueños de gloria.

Ahora viene a mi memoria algo de los niños cuyos nombres no tengo claros, todos dijeron venir de la "Ciudad de Deus" y me contaron que también tenían anhelos, no necesariamente de gloria y fama, pero sí de esperanza y de un futuro mejor.

En la tarde camino por Río de Janeiro
Ese mismo día, pero unas pocas horas más tarde me encontré caminando por Río de Janeiro. Yo ya no era más un niño, todo en mí era distinto y cada parte de mi ser comprendió que estar allí era vivir nuevas sensaciones.

Mis oídos fueron mimados con la voz de Astrud Gilberto, mi cuerpo se fortaleció pues allí en cada persona sigue latente el valor que tuvo Tiradentes hasta el último instante de su vida, mis manos atraparon un balón que acababa de romper la red en el Maracaná, mi cuerpo sintió el abrazo del Cristo Redentor de Corcovado que por primera vez cerró sus brazos para acogerme como a un hijo propio, mi nariz percibió el sin par aroma del mar que el viento arrastró, mi boca sintió el hogareño sabor de la feijoada, mis pupilas tuvieron que dilatarse para admirar la majestuosa presencia del cerro de Pan de Azúcar, mis piernas cobraron vida propia cuando de repente el ritmo de la samba carnavalera se impuso en medio de la calma, y luego mi corazón se aceleró como nunca antes, cuando vi pasar a una preciosa garota de cuerpo dorado en un dulce balanceo camino del mar.

En la noche soy un abuelo
Llegó la noche llena de estrellas, mi cabello se colmó de canas y el sabor del chimarrao y los ecos de un canto candomblé me invitan a buscar las voces de la tradición, por eso decidí pasar terminar el día en medio de la selva del Amazonas. Fui afortunado, presencié esa noche una reunión de viejos sabios tapuyas, botocudos, Kayapós, timbiras, suyás y gorotires. Escuché relatos sobre la sabiduría de los animales, sobre la magia de los árboles, sobre la razón del color de las flores, sobre el origen del hombre, sobre las cosas que dicen las aves y aprendí a interpretar los mapas que vienen dibujados en las alas de las mariposas. Con ellos y con todo lo que viví en ese sueño (que a veces creo real) , aprendí exactamente lo que significa la palabra "saudade".


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