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Entre Los Andes y los ruedos

      
<i>Por: Miguel Vargas<br/> Periodista Oficina de Comunicaciones<br/> Universidad de Los Andes<br/> Nota Uniandina<br/> Miguel-v@uniandes.edu.co</i><br/><br/> Su pasión nació en la Plaza de Toros de Cañaveralejo en Cali, que tiene una capacidad para cerca de 17.000 personas y es reconocida como una plaza de primera categoría. En una feria en esa ciudad un tío suyo lo invitó a ver una corrida de toros y a partir de ese momento los disfraces para el día de las brujas siempre fueron de torero y su programa de televisión preferido fue <i>Puerta Grande</i>, sobre la vida de César Rincón. Desde entonces nació su sueño de ser torero. <br/><br/> Sus padres lo apoyaron con la única condición de que no abandonara sus estudios. En su colegio sufrió la burla de muchos compañeros por querer ser torero, pero con el tiempo les demostró su talento en las becerradas. Me divertía pero sabía que si realmente quería dedicarme al toreo tendría que empezar a practicar en serio, por eso cuando terminé el bachillerato fui a estudiar a la Escuela de Tauromaquia Santiago de Cali.<br/><br/> Durante seis meses entrenó diariamente en esa escuela bajo la dirección de Alfonso Vásquez, conocido en el mundo taurino como Vásquez II. Allí, asegura Juan Camilo, recibió una formación integral que incluía ejercicios de educación física para, por ejemplo, aprender a correr rápido hacia atrás y así no perder de vista al toro. También asistía a conferencias sobre ganadería e historia de la tauromaquia y, finalmente, ponía en práctica toda la teoría del toreo en el ruedo de la plaza de Cañaveralejo. <br/><br/> Además, gracias al buen nombre de la escuela, los alumnos eran invitados a los tentaderos en los que, explica Juan Camilo, los ganaderos prueban a las vacas para ver si van a ser vientres de la ganadería y a la vez para tantear su bravura. Allí podíamos poner en práctica todo lo que aprendíamos en la escuela, asegura este joven que, cumpliendo con la promesa que les hizo a sus padres, decidió estudiar de noche en la Universidad Icesi en Cali. Escoger la carrera no fue una decisión difícil, asegura, pues tenía claro que si estudiaba Administración podría, en un futuro, aplicar esos conocimientos académicos para organizar y manejar su propia ganadería. <br/><br/> Sin embargo, en Cali empezó a sentir nostalgia por su casa, por sus amigos y decidió regresar a Bogotá a estudiar en Los Andes, según él, por influencia de su hermana y porque en la Universidad podría cuadrar su horario para seguir entrenando. No podía ir cada seis meses a Cali a entrenarme en la escuela porque no resultaba beneficioso para mi aprendizaje, por eso cuando regresé me puse en contacto con Jairo Antonio Castro, un torero colombiano que actualmente es mi entrenador, afirma Juan Camilo.<br/><br/> El tiempo libre que le queda de sus estudios en la Universidad lo utiliza para entrenar. Por lo menos una vez a la semana torea en fincas de amigos ganaderos que lo apoyan o en la cancha de fútbol de su colegio. Además, mantiene una disciplina diaria de correr o montar bicicleta por lo menos una hora, pues, según su experiencia, la lidia de toros exige mucho. <br/><br/> Esas largas horas de entrenamiento ya han producido resultados positivos. El 6 de agosto de 2005, Juan Camilo toreó por primera vez en una plaza de primera categoría: La Santamaría, en Bogotá. Es uno de los mejores recuerdos que tengo. Me fue bien en esa tarde, a la gente le gustó mucho mi estilo y definitivamente eso me abrió muchas puertas para que la gente del medio taurino me conociera. Un año después triunfó de nuevo en Bogotá, lo que le permitirá torear a final de año en Manizales y en Cali, y además, cuenta con la posibilidad de hacerlo en Cartagena. <br/><br/> Justamente en alguna de esas plazas quiere ascender de categoría. Uno empieza como becerrista, luego pasa a ser novillero sin picadores, que es donde estoy actualmente, luego con picadores y finalmente torero. En Colombia ascender de categoría toma tiempo porque en el país solo hay corridas por temporadas, por ejemplo la de Bogotá, la de Manizales o la de Cali, aclara Juan Camilo. <br/><br/> Ser un torero reconocido, como sus ídolos Enrique Ponce y César Rincón, no es fácil pero es la principal meta que persigue este joven uniandino. Según él, la tauromaquia implica un gran sacrificio que incluye además una elevada inversión económica (entrenamientos en haciendas y costos como los del traje de luces, el cual puede tener un precio de hasta 12 millones de pesos). Es una relación de costo-beneficio. Los toreros reconocidos son pocos y los que no lo son terminan toreando en ferias de pueblos. Yo no he trabajado todo este tiempo para eso. Tengo que aprovechar este momento e intentarlo, esto también es cuestión de suerte, reconoce. <br/><br/> Si la suerte no está de su lado, este estudiante asegura que no se va a sentir frustrado porque conoce las dificultades por las que tiene que pasar un torero para sobre salir. Sabe que la tauromaquia tiene detractores y que para el caso específico de nuestro país la gente tiene una imagen muy deteriorada de los toreros. Yo no puedo cambiar esa imagen, yo me juego la vida en el ruedo y mantengo viva esta pasión por hacer lo que hago. Tengo el apoyo de mi familia, de mi novia, de mis amigos. Algún día reuniré el suficiente capital para tener mi ganadería y seguir así vinculado con la tauromaquia.
Por: Miguel Vargas
Periodista Oficina de Comunicaciones
Universidad de Los Andes
Nota Uniandina
Miguel-v@uniandes.edu.co


Su pasión nació en la Plaza de Toros de Cañaveralejo en Cali, que tiene una capacidad para cerca de 17.000 personas y es reconocida como una plaza de primera categoría. En una feria en esa ciudad un tío suyo lo invitó a ver una corrida de toros y a partir de ese momento los disfraces para el día de las brujas siempre fueron de torero y su programa de televisión preferido fue Puerta Grande, sobre la vida de César Rincón. Desde entonces nació su sueño de ser torero.

Sus padres lo apoyaron con la única condición de que no abandonara sus estudios. En su colegio sufrió la burla de muchos compañeros por querer ser torero, pero con el tiempo les demostró su talento en las becerradas. "Me divertía pero sabía que si realmente quería dedicarme al toreo tendría que empezar a practicar en serio, por eso cuando terminé el bachillerato fui a estudiar a la Escuela de Tauromaquia Santiago de Cali".

Durante seis meses entrenó diariamente en esa escuela bajo la dirección de Alfonso Vásquez, conocido en el mundo taurino como "Vásquez II". Allí, asegura Juan Camilo, recibió una formación integral que incluía ejercicios de educación física para, por ejemplo, aprender a correr rápido hacia atrás y así no perder de vista al toro. También asistía a conferencias sobre ganadería e historia de la tauromaquia y, finalmente, ponía en práctica toda la teoría del toreo en el ruedo de la plaza de Cañaveralejo.

Además, gracias al buen nombre de la escuela, los alumnos eran invitados a los tentaderos en los que, explica Juan Camilo, los ganaderos prueban a las vacas para ver si van a ser vientres de la ganadería y a la vez para tantear su bravura. "Allí podíamos poner en práctica todo lo que aprendíamos en la escuela", asegura este joven que, cumpliendo con la promesa que les hizo a sus padres, decidió estudiar de noche en la Universidad Icesi en Cali. Escoger la carrera no fue una decisión difícil, asegura, pues tenía claro que si estudiaba Administración podría, en un futuro, aplicar esos conocimientos académicos para organizar y manejar su propia ganadería.

Sin embargo, en Cali empezó a sentir nostalgia por su casa, por sus amigos y decidió regresar a Bogotá a estudiar en Los Andes, según él, por influencia de su hermana y porque en la Universidad podría cuadrar su horario para seguir entrenando. "No podía ir cada seis meses a Cali a entrenarme en la escuela porque no resultaba beneficioso para mi aprendizaje, por eso cuando regresé me puse en contacto con Jairo Antonio Castro, un torero colombiano que actualmente es mi entrenador", afirma Juan Camilo.

El tiempo libre que le queda de sus estudios en la Universidad lo utiliza para entrenar. Por lo menos una vez a la semana torea en fincas de amigos ganaderos que lo apoyan o en la cancha de fútbol de su colegio. Además, mantiene una disciplina diaria de correr o montar bicicleta por lo menos una hora, pues, según su experiencia, la lidia de toros exige mucho.

Esas largas horas de entrenamiento ya han producido resultados positivos. El 6 de agosto de 2005, Juan Camilo toreó por primera vez en una plaza de primera categoría: La Santamaría, en Bogotá. "Es uno de los mejores recuerdos que tengo. Me fue bien en esa tarde, a la gente le gustó mucho mi estilo y definitivamente eso me abrió muchas puertas para que la gente del medio taurino me conociera". Un año después triunfó de nuevo en Bogotá, lo que le permitirá torear a final de año en Manizales y en Cali, y además, cuenta con la posibilidad de hacerlo en Cartagena.

Justamente en alguna de esas plazas quiere ascender de categoría. "Uno empieza como becerrista, luego pasa a ser novillero sin picadores, que es donde estoy actualmente, luego con picadores y finalmente torero. En Colombia ascender de categoría toma tiempo porque en el país solo hay corridas por temporadas, por ejemplo la de Bogotá, la de Manizales o la de Cali", aclara Juan Camilo.

Ser un torero reconocido, como sus ídolos Enrique Ponce y César Rincón, no es fácil pero es la principal meta que persigue este joven uniandino. Según él, la tauromaquia implica un gran sacrificio que incluye además una elevada inversión económica (entrenamientos en haciendas y costos como los del traje de luces, el cual puede tener un precio de hasta 12 millones de pesos). "Es una relación de costo-beneficio. Los toreros reconocidos son pocos y los que no lo son terminan toreando en ferias de pueblos. Yo no he trabajado todo este tiempo para eso. Tengo que aprovechar este momento e intentarlo, esto también es cuestión de suerte", reconoce.

Si la suerte no está de su lado, este estudiante asegura que no se va a sentir frustrado porque conoce las dificultades por las que tiene que pasar un torero para sobre salir. Sabe que la tauromaquia tiene detractores y que para el caso específico de nuestro país la gente tiene una imagen muy deteriorada de los toreros. "Yo no puedo cambiar esa imagen, yo me juego la vida en el ruedo y mantengo viva esta pasión por hacer lo que hago. Tengo el apoyo de mi familia, de mi novia, de mis amigos. Algún día reuniré el suficiente capital para tener mi ganadería y seguir así vinculado con la tauromaquia".
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