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El hospital de los libros

      
Separados del resto de la Biblioteca por una división de madera y vidrio, a la vista de todo el que pase por allí, hay un grupo de siete mujeres y un hombre con tapabocas, rodeados de libros, papel, percalina, cartón, cartulina, pegante, celulosa, tijeras, cuchillas, pinceles y unas pocas máquinas. Sumadas a la paciencia del artesano y el amor a los libros, estas son las armas que usan para librar una batalla sin tregua contra el deterioro de las colecciones bibliográficas.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Maltrato literal</span><br/><br/> Según Fanny Valderrama, quien coordina el departamento que se encarga de mantener los libros en las mejores condiciones posibles para que puedan ser aprovechados por miles de lectores ávidos de conocimiento, hay varios factores que influyen en el desgaste de las colecciones bibliográficas.<br/><br/> El primero de ellos es, desde luego, el uso continuado e intensivo de ciertos libros, principalmente los de consulta en medicina, química, física, matemática e ingeniería. Sin embargo, son las malas prácticas de estudio, como el subrayado con resaltador o las anotaciones con esfero, las que causan más daño a los tomos.<br/><br/> Valderrama refiere que al taller han llegado ejemplares que parecen un arco iris, subrayados desde la primera hasta la última página, y algunos tienen incluso tinta de distintos colores para destacar un mismo párrafo, sin contar los resúmenes escritos en el borde blanco de las páginas.<br/><br/> Otras prácticas frecuentes que aumentan el trabajo del Departamento de Mantenimiento de Colecciones son el fotocopiado, que termina por descoser el libro y dejar las páginas sueltas; la costumbre de humedecerse el dedo para pasar las páginas, que produce hongos en el papel, al igual que la lluvia y la humedad; la mala separación de páginas, que se realiza con flores, pasto, servilletas y otros objetos inadecuados, o doblando las esquinas de las hojas.<br/><br/> Los niños menores y las mascotas también suelen dejar huellas de su paso, que se aprecian en las páginas masticadas o convertidas en lienzos donde los más pequeños de la casa aplican sus temperas, marcadores, colores y crayolas.<br/><br/> Finalmente, Valderrama señala que algunos estudiantes no ven inconveniente en mutilar los libros con cuchillas de bisturí, en lugar de sacar una fotocopia de las páginas que necesitan. Cuando esto sucede, el material pierde su integridad y deja de ser apto para consulta y estudio, pues lo más probable es que el lector no encuentre lo que buscaba o lo haga solo parcialmente.<br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Prevención y restauración</span><br/><br/> Dos tipos de libros llegan a las manos del equipo de mantenimiento de colecciones: las adquisiciones (libros nuevos) y los "pacientes", como llaman ellos a los que han sufrido deterioro y necesitan restauración.<br/><br/>Con los nuevos, el proceso consiste en adecuar el material que entregan las editoriales para que resista el uso y el abuso. El primer paso es desencuadernar el libro para coser las hojas y reducir así la posibilidad de que se suelten al abrirlo mucho, como ocurre al momento de fotocopiarlo.<br/><br/> A continuación, se decide si se volverá a encuadernar en rústica (pasta blanda) o en pasta dura. La primera opción se aplica a los libros pequeños, cuya pasta original se fortalece con guardas de cartulina y papel. La pasta dura se emplea para los grandes y los que se consultan con más frecuencia. En este caso, se hacen pastas y lomo en cartón, guardas de papel y se forra el libro con percalina, de color verde por lo general. Por último, se estampa en el lomo, con papel oro falso y calor, la información que permite identificar el material en los estantes de las bibliotecas. <br/><br/> En cuanto a los libros usados, el proceso inicia con una valoración, en la que se determina el porcentaje de daño sufrido por el ejemplar. Cuando el deterioro es superior al 70%, el material es dado de baja. En caso contrario, es entregado a los restauradores, que se encargan de "curarlo" hasta donde sea posible.<br/><br/> El tratamiento aplicado a los "pacientes va desde el simple proceso de encuadernación, pasa por la marcación de libros ciegos (aquellos que no están identificados en el exterior) y llega hasta operaciones de alta artesanía que requieren paciencia, tiempo y pericia.<br/><br/> Por ejemplo, la reconstrucción de los bordes de las hojas, la erradicación de hongos y humedad, la limpieza de folios, el refilado para dejar parejos los bordes de las páginas y la elaboración de bolsillos para obras cuyo formato requiere mantener las hojas sueltas, como libros de mapas o partituras.<br/><br/> Uno de los procedimientos más delicados es la reconstrucción de páginas rotas en el interior, pues implica pegar las partes que se han separado, pero a la vez mantener la transparencia para que el texto pueda ser leído.<br/><br/> Además de los 1.400 libros que el Departamento tiene para restaurar antes de finalizar el año 2006, hay algunos que son llevados para recibir los servicios especiales. La atención prioritaria es el primero de dichos servicios y se aplica cuando se trata de un solo ejemplar que es muy consultado. En estos casos, la restauración se realiza tan rápido como sea posible, para que el material pueda volver a circulación.<br/><br/> El otro servicio especial es la atención de urgencias, que se aplica a los libros que han sufrido algún tipo de daño que requiere atención inmediata para que no se pierda el ejemplar. La mayoría de urgencias se ocasiona por efecto de la lluvia y la humedad. En estos casos se debe secar el libro y realizarle tratamientos químicos para evitar la propagación de hongos. A continuación, se prensa el ejemplar para alisar las hojas y compactar el volumen. <br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Recomendaciones para el cuidado de los libros</span><br/><br/> Las siguientes son algunas sugerencias de Fanny Valderrama para que los usuarios de los libros puedan darles el manejo adecuado y disminuir los daños que sufren. Seguir sus recomendaciones contribuirá a mejorar el uso de los textos y ayudará a proteger el bolsillo del estudiante, pues el Sistema de Bibliotecas de la Universidad Nacional de Colombia ha establecido una tabla de multas para quien los dañe. Si el deterioro es grave, puede acarrear la reposición del material por parte del usuario.<br/><br/><ol><li> La temporada de lluvias, que en Bogotá suele ser siempre, es la qué más perjudica la salud de los libros. Por eso, es recomendable llevarlos en bolsas plásticas, incluso cuando estén dentro de la maleta, para evitar que se mojen. <br/><br/></li><li>Aunque suena obvio, Valderrama señala que en caso de lluvia lo indicado es proteger el libro, en lugar de usarlo para taparse la cabeza. <br/><br/></li><li>Pese a que puedan ser cómodos, es necesario evitar el uso de los libros como cojines para sentarse en cualquier lugar, pues la suciedad del piso y la presión corporal deterioran las pastas y el lomo. <br/><br/></li><li>Los libros de la biblioteca son bienes públicos. Por eso, deben ser tratados con el cuidado que se otorga a lo propio y el respeto que se mantiene a lo ajeno. En términos prácticos, esto significa que no se deben alterar con esferos y resaltadores ni mutilar con cuchillas. Lo ideal es que el libro permanezca completo y original. <br/><br/></li><li>Es recomendable evitar el consumo de bebidas y alimentos durante la lectura, por la posibilidad de que se derramen sobre las páginas, pero también porque ciertas sustancias, como la grasa, se adhieren a los dedos y pasan de estos al libro. <br/><br/></li><li>Los niños pequeños y las mascotas son muy amigos de los libros, pero no siempre se acercan a ellos con intenciones formativas (mucho menos las mascotas), sino más bien a morder o manchar.</li></ol><br/>
Separados del resto de la Biblioteca por una división de madera y vidrio, a la vista de todo el que pase por allí, hay un grupo de siete mujeres y un hombre con tapabocas, rodeados de libros, papel, percalina, cartón, cartulina, pegante, celulosa, tijeras, cuchillas, pinceles y unas pocas máquinas. Sumadas a la paciencia del artesano y el amor a los libros, estas son las armas que usan para librar una batalla sin tregua contra el deterioro de las colecciones bibliográficas.


Maltrato literal


Según Fanny Valderrama, quien coordina el departamento que se encarga de mantener los libros en las mejores condiciones posibles para que puedan ser aprovechados por miles de lectores ávidos de conocimiento, hay varios factores que influyen en el desgaste de las colecciones bibliográficas.

El primero de ellos es, desde luego, el uso continuado e intensivo de ciertos libros, principalmente los de consulta en medicina, química, física, matemática e ingeniería. Sin embargo, son las malas prácticas de estudio, como el subrayado con resaltador o las anotaciones con esfero, las que causan más daño a los tomos.

Valderrama refiere que al taller han llegado ejemplares que parecen un arco iris, subrayados desde la primera hasta la última página, y algunos tienen incluso tinta de distintos colores para destacar un mismo párrafo, sin contar los resúmenes escritos en el borde blanco de las páginas.

Otras prácticas frecuentes que aumentan el trabajo del Departamento de Mantenimiento de Colecciones son el fotocopiado, que termina por descoser el libro y dejar las páginas sueltas; la costumbre de humedecerse el dedo para pasar las páginas, que produce hongos en el papel, al igual que la lluvia y la humedad; la mala separación de páginas, que se realiza con flores, pasto, servilletas y otros objetos inadecuados, o doblando las esquinas de las hojas.

Los niños menores y las mascotas también suelen dejar huellas de su paso, que se aprecian en las páginas masticadas o convertidas en lienzos donde los más pequeños de la casa aplican sus temperas, marcadores, colores y crayolas.

Finalmente, Valderrama señala que algunos estudiantes no ven inconveniente en mutilar los libros con cuchillas de bisturí, en lugar de sacar una fotocopia de las páginas que necesitan. Cuando esto sucede, el material pierde su integridad y deja de ser apto para consulta y estudio, pues lo más probable es que el lector no encuentre lo que buscaba o lo haga solo parcialmente.


Prevención y restauración


Dos tipos de libros llegan a las manos del equipo de mantenimiento de colecciones: las adquisiciones (libros nuevos) y los "pacientes", como llaman ellos a los que han sufrido deterioro y necesitan restauración.

Con los nuevos, el proceso consiste en adecuar el material que entregan las editoriales para que resista el uso y el abuso. El primer paso es desencuadernar el libro para coser las hojas y reducir así la posibilidad de que se suelten al abrirlo mucho, como ocurre al momento de fotocopiarlo.

A continuación, se decide si se volverá a encuadernar en rústica (pasta blanda) o en pasta dura. La primera opción se aplica a los libros pequeños, cuya pasta original se fortalece con guardas de cartulina y papel. La pasta dura se emplea para los grandes y los que se consultan con más frecuencia. En este caso, se hacen pastas y lomo en cartón, guardas de papel y se forra el libro con percalina, de color verde por lo general. Por último, se estampa en el lomo, con papel oro falso y calor, la información que permite identificar el material en los estantes de las bibliotecas.

En cuanto a los libros usados, el proceso inicia con una valoración, en la que se determina el porcentaje de daño sufrido por el ejemplar. Cuando el deterioro es superior al 70%, el material es dado de baja. En caso contrario, es entregado a los restauradores, que se encargan de "curarlo" hasta donde sea posible.

El tratamiento aplicado a los "pacientes va desde el simple proceso de encuadernación, pasa por la marcación de libros ciegos (aquellos que no están identificados en el exterior) y llega hasta operaciones de alta artesanía que requieren paciencia, tiempo y pericia.

Por ejemplo, la reconstrucción de los bordes de las hojas, la erradicación de hongos y humedad, la limpieza de folios, el refilado para dejar parejos los bordes de las páginas y la elaboración de bolsillos para obras cuyo formato requiere mantener las hojas sueltas, como libros de mapas o partituras.

Uno de los procedimientos más delicados es la reconstrucción de páginas rotas en el interior, pues implica pegar las partes que se han separado, pero a la vez mantener la transparencia para que el texto pueda ser leído.

Además de los 1.400 libros que el Departamento tiene para restaurar antes de finalizar el año 2006, hay algunos que son llevados para recibir los servicios especiales. La atención prioritaria es el primero de dichos servicios y se aplica cuando se trata de un solo ejemplar que es muy consultado. En estos casos, la restauración se realiza tan rápido como sea posible, para que el material pueda volver a circulación.

El otro servicio especial es la atención de urgencias, que se aplica a los libros que han sufrido algún tipo de daño que requiere atención inmediata para que no se pierda el ejemplar. La mayoría de urgencias se ocasiona por efecto de la lluvia y la humedad. En estos casos se debe secar el libro y realizarle tratamientos químicos para evitar la propagación de hongos. A continuación, se prensa el ejemplar para alisar las hojas y compactar el volumen.


Recomendaciones para el cuidado de los libros


Las siguientes son algunas sugerencias de Fanny Valderrama para que los usuarios de los libros puedan darles el manejo adecuado y disminuir los daños que sufren. Seguir sus recomendaciones contribuirá a mejorar el uso de los textos y ayudará a proteger el bolsillo del estudiante, pues el Sistema de Bibliotecas de la Universidad Nacional de Colombia ha establecido una tabla de multas para quien los dañe. Si el deterioro es grave, puede acarrear la reposición del material por parte del usuario.

  1. La temporada de lluvias, que en Bogotá suele ser siempre, es la qué más perjudica la salud de los libros. Por eso, es recomendable llevarlos en bolsas plásticas, incluso cuando estén dentro de la maleta, para evitar que se mojen.

  2. Aunque suena obvio, Valderrama señala que en caso de lluvia lo indicado es proteger el libro, en lugar de usarlo para taparse la cabeza.

  3. Pese a que puedan ser cómodos, es necesario evitar el uso de los libros como cojines para sentarse en cualquier lugar, pues la suciedad del piso y la presión corporal deterioran las pastas y el lomo.

  4. Los libros de la biblioteca son bienes públicos. Por eso, deben ser tratados con el cuidado que se otorga a lo propio y el respeto que se mantiene a lo ajeno. En términos prácticos, esto significa que no se deben alterar con esferos y resaltadores ni mutilar con cuchillas. Lo ideal es que el libro permanezca completo y original.

  5. Es recomendable evitar el consumo de bebidas y alimentos durante la lectura, por la posibilidad de que se derramen sobre las páginas, pero también porque ciertas sustancias, como la grasa, se adhieren a los dedos y pasan de estos al libro.

  6. Los niños pequeños y las mascotas son muy amigos de los libros, pero no siempre se acercan a ellos con intenciones formativas (mucho menos las mascotas), sino más bien a morder o manchar.

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