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Los científicos argentinos regresan a sus raíces

      
Estos cerebros, que habían emigrado desde 1970 sobre todo a Estados Unidos y Europa, fueron ayudados por el programa Raíces (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), que depende de la Secyt (Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación).

'Al principio sólo nos ocupábamos de realizar una base de datos sobre los investigadores que estaban en el exterior y cuáles eran sus trabajos', cuenta Agueda Menvielle, responsable de Raíces, que este año cuenta con un presupuesto comprometido de 1 millón de pesos (cerca de 320.000 dólares). 'Pero ahora que contamos con un fondo de repatriación podemos costear los pasajes para quienes decidan regresar', añade.

La mayoría de los especialistas que han retornado se han incorporado al Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), un organismo autárquico del Estado argentino, cuyos miembros son elegidos por el Poder Ejecutivo Nacional, por investigadores, por organizaciones empresariales y por las universidades.

El Conicet fue creado en 1958 por uno de tres premios Nóbel argentinos, el Dr. Bernardo Houssay, que fue reconocido en 1947 por su labor en fisiología y medicina. Luis Leloir obtuvo el premio en 1970 en la rama de química, y por último César Milstein fue elegido en 1984 por sus trabajos en fisiología y medicina.

Pero este año un grupo de compañías nacionales de áreas como la informática, la ingeniería y la energía han firmado con el Gobierno un acuerdo por el cual la Secyt, que depende de la Cancillería argentina, se encargará de difundir los puestos más requeridos por estas industrias, que son las que más crecen y experimentan mayores problemas de oferta de profesionales. De esta forma, las empresas podrán transmitir sus necesidades a través de las 124 representaciones argentinas en el exterior.

IBM, una de las firmas que se integró a la iniciativa de la Secyt y de Raíces, necesita reforzar la búsqueda de recursos humanos ante el desarrollo de nuevos negocios. Massimo Macchiavello, Workforce Policy Manager, Governmental Programs de IBM Corporation, comenta que 'para IBM, tanto nuestro conocimiento como nuestra preocupación se abocan al mercado de IT, que en Argentina se encuentra en franco crecimiento generando nuevas inversiones, puestos de trabajo, y posicionando al país como punta de lanza en exportación de software y servicios tecnológicos. Nuestra demanda de recursos humanos ha aumentado en los últimos años y la oferta de estos recursos es cada vez más limitada'.

La sede argentina de la compañía ha puesto en marcha la iniciativa Volvé a Casa, que tiene por objeto atraer a profesionales argentinos con talento que actualmente residen en el exterior. 'Desde la creación de Volvé a Casa se han recibido y analizado más de 160 solicitudes con sus respectivas entrevistas. Al día de hoy hay dos casos que están muy cerca de concretarse. Se trata de recursos especializados en tecnologías Mainframe', detalla Macchiavello. De acuerdo con la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI), las exportaciones de software han superado los 300 millones de dólares desde 2001 y ahora la industria necesita una masa de recursos humanos de entre 10.000 y 15.000 empleados calificados por año, cifra que se cubre sólo en una tercera parte.

Para Mario Albornoz, investigador del Conicet, docente y director del Centro Redes, una organización sin fines de lucro dedicada a la docencia y el trabajo de campo, 'las empresas son actoras del proceso productivo. Ellas son las que encarnan el perfil tecnológico del país. Sin empresas innovadoras, capaces de desarrollar y adoptar conocimientos tecnológicos actualizados, es casi imposible que el país pueda desarrollar una economía competitiva, capaz de insertarse con éxito en la escena económica internacional'.


¿Por qué vuelven?


'Ahora es más atractivo volver a Argentina porque hay más presupuesto para ciencia y tecnología, más opciones laborales, más espacio y presupuesto en el Conicet, mejores sueldos, entre otros factores', resalta Menvielle. Argentina creció en los últimos años un 8% de media y el desempleo se situó en el primer trimestre de 2007 en el 9,8% de la población, casi dos puntos por debajo del nivel registrado en el mismo período del año anterior.

Sin embargo, para Mario Albornoz y la becaria Patricia Bárbara Flores, ambos formados en Argentina, es importante subrayar las tres etapas importantes que marcaron el éxodo de argentinos, según estudios realizados en el Centro Redes, como por ejemplo: "Migración de científicos e ingenieros y capacidades para el desarrollo del país" y "Hacia una nueva estimación de la fuga de cerebros".

La primera, dicen, 'comprende el período que cubre la década de los sesenta, en la que se plantea por primera vez el problema de la fuga de cerebros, como resultado de una demanda de recursos humanos por parte de países desarrollados. La segunda se enmarca en una coyuntura de dictaduras militares, y la tercera etapa se produce en un contexto caracterizado por el incremento de la movilidad internacional de recursos humanos altamente calificados. Este fenómeno está asociado a la globalización', resumen Albornoz y Flores. La ola emigratoria más reciente se relaciona en Argentina con la crisis económica que hizo eclosión en 2001.

Entre los factores de expulsión, tanto Albornoz como Flores diferencian los externos de los internos. 'Entre los externos pueden nombrarse la activa demanda de profesionales, científicos y tecnólogos por parte de países industrializados; y factores específicos como el aumento de la oferta de becas para realizar estudios de postgrado en el exterior. Entre los factores de índole interna, las crisis económicas y políticas, y las crisis presupuestarias y de infraestructura de los organismos de ciencia y de educación superior'.

Según la Nacional Science Foundation de Estados Unidos, un 67% de los doctorados argentinos en ese país manifiesta intenciones de permanecer; y casi un 52% tiene firmes planes de hacerlo, con porcentajes muy superiores a la media latinoamericana y con una tendencia al aumento a lo largo de los últimos quince años. Otros países que reciben la mayor cantidad de profesionales argentinos son España e Italia.

Es que repatriar a los más de 7.000 científicos e investigadores que viven y trabajan en otros países es una utopía. 'Todos tienen nostalgia de la Argentina y estar en contacto con nuestra red los mantiene cerca y les permite colaborar. Pero la decisión de volver es absolutamente personal: encontrarles un trabajo o pagarles un pasaje no definen una decisión. No van a volver los que estén en los lugares más importantes o tengan los mejores sueldos, tampoco lo que se casaron y tienen hijos afuera.

Sí los jóvenes o los que se jubilan, o quienes quieren que sus hijos comiencen la etapa escolar en la Argentina', sostiene Menvielle, de Raíces, que también ofrece subsidios para que los científicos que no tienen intención de volver de forma definitiva, pasen algunas temporadas en Argentina y puedan difundir sus conocimientos en la comunidad local. 'Es una forma también de mantener la vinculación a través de conferencias o seminarios. Este programa se llama César Milstein, y promueve estadías de no menos de un mes y no más de seis meses', destaca Menvielle.

Desde el punto de vista empresarial, Macchiavello piensa que la razón económica 'no es la única prioridad en aquellas personas que se han visto obligadas a emigrar en momentos difíciles, teniendo que abandonar sus afectos, costumbres y hábitos de vida. Por lo tanto, es importante remarcar que, además de brindarles una posibilidad de acceder a un trabajo estable, con oportunidades de crecimiento y capacitación interna, también estamos contribuyendo a acercar a los profesionales nuevamente a sus seres queridos y la vida cotidiana de su país'.

El programa Raíces cuenta con una convocatoria para la presentación de proyectos de micro y pequeñas empresas de base tecnológica. 'Para empresas, por ejemplo, que tengan participación con investigadores, por ejemplo en el área del software o la ingeniería', dice Menvielle.


Los desafíos


Si bien las áreas de ciencia y tecnología de Argentina reciben cada año mayores presupuestos (entre 2003 y 2007 se triplicó, al pasar de 760 millones de pesos -240 millones de dólares- a 2.008 millones de pesos -637 millones de dólares-), el país todavía está lejos de otros vecinos como Brasil y Chile, que destinan más de un 0,90% de su Producto Bruto Interno (PBI).

'El plan nacional es llegar a un presupuesto del 1% del PBI argentino para 2010. Vamos creciendo, ya que del 0,35% que teníamos en los últimos años, éste llegaremos al 0,70% del PBI', dice en tono positivo Agueda Menvielle.

De todas formas, para el filósofo Albornoz y la socióloga Flores, en el área de ciencia y tecnología 'hay que consolidar el sistema, dotándolo de una orientación estratégica y aumentando sus recursos. Por ejemplo, menos del 5% del presupuesto universitario se dedica a inversión en infraestructura y equipamiento. Ésta es la causa de una obsolescencia generalizada de las instalaciones y de los medios necesarios para investigar.

Es obvio que si la situación no es revertida, no será posible contar con las instituciones académicas a la altura de la sociedad del conocimiento, como se ha dado en denominar la época actual'. Y añaden los especialistas que, de hecho, 'hay que estimular la mejora en la calidad y fortalecer los vínculos a todos los niveles: con las empresas, con las asociaciones, con los gobiernos locales, pero también con otros centros académicos, dentro y fuera del país'.

Por otro lado, la universidad como eslabón de esta cadena es fundamental a la hora de producir nuevos graduados todos los años. 'Hay que tener en cuenta que estos procesos son de largo plazo y que formar un profesional lleva por lo menos 5 años, más el doctorado', sostiene Menvielle, de Raíces.

Muchas veces los docentes o formadores surgen justamente desde las empresas: Macchiavello, de IBM, explica que Volvé a Casa no sólo promueve la repatriación de una fuerza laboral de origen nacional con fuerte experiencia en la industria, 'sino que además se trata de potenciales formadores de primer nivel para futuros profesionales'.

En el Conicet, por ejemplo, la mayoría de los investigadores y becarios dan clases en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Mario Albornoz sostiene que las universidades como la UBA 'no lo vienen haciendo del todo mal. Hay que plantear a las universidades demandas concretas en materia de formación de graduados, de contribución al desarrollo con sus conocimientos, del enriquecimiento de la cultura del país'.

Lo cierto es que a pesar de las olas migratorias y de los bajos presupuestos, los científicos argentinos siguen manteniendo una buena imagen a nivel internacional. 'Son muy buenos. En mi experiencia puedo decir que todo grupo de investigación del mundo tiene al menos un argentino trabajando, y en cargos destacados', asegura Menvielle.

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