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Andrea Echeverri, cantante. "Las canciones son oraciones para cambiar lo malo"

      
Antes de ser aterciopelada fue Delia, nombre que usó en el primer grupo que formó: Delia y los aminoácidos, que conformó a principios de los 90 con un recién conocido llamado Héctor, que poco a poco se convirtió en su amigo y cómplice de una aventura que ya lleva más de 15 años y siete producciones discográficas que almacenan parte de la historia del rock nacional. <br/><br/> "Fue un comienzo chévere, lo primero que hice fue cantar de vez en cuando en dirección de rock con una banda que se llamaba Distrito Especial. Después conocí a Héctor Buitrago y formamos Delia y hasta montamos un bar en La Candelaria que se llamaba Barbarie... un año larguito después nacía Con el corazón en la mano y Aterciopelados", dice Andrea en un tono atento, tranquilo y especial, el mismo que ha tenido ganando Grammys o cuando defiende el rol de la mujer. <br/><br/> A comienzos de los años 90 hubo un movimiento radial que daba el paso a un surgimiento de una nueva generación de artistas que con guitarras, bajos y batería reivindicaron el concepto del rock. Y fue en un álbum llamado Nuestro rock donde comenzó a sonar Mujer gala, el primer éxito de la banda que había sido grabado en una hora y de manera amateur. <br/><br/> De allí vino el mencionado Con el corazón en la mano que incluyó una versión roquera de la canción guasca La cuchilla, La gomela, Para mí solito y otro éxito que los volvió favoritos en el gusto juvenil: Sortilegio, todos con la inconfundible voz de Andrea, la misma que ha paseado por Latinoamérica y cuyo espacio se encuentra con los grandes del continente. <br/><b><br/>El bolero falaz</b><br/><br/> Los conciertos, los fanáticos y los número uno iban llegado a la vida aterciopelada. Pero fue con el álbum El Dorado que los bogotanos se encausaron en su razón de ser. "Bolero falaz fue la canción que nos abrió las puertas en todos lados. A la gente le gustó mucho y vinieron las giras por Latinoamérica alternando con las mejores bandas& fue una época muy bonita", cuenta la denominada Virgen de los rockeros. <br/><br/> Andrea y sus muchachos han alternado con bandas como Los Fabulosos Cadillacs, Molotov, Desorden Público, Héroes del Silencio, Gustavo Cerati y Julieta Venegas, pero Andrea considera que los mexicanos de Café Tacuba son como hermanos. "Con los de Cafeta (sic) hay una energía especial. Creo que nos parecemos un poco, buscamos identidad y nos gusta alimentarnos de nuevos sonidos, somos muy fieles a nuestras raíces", puntualiza esta mujer paisa, de familia tradicional y conservadora y que en el inicio no veían con buenos ojos su inclinación artística. <br/><br/><b></b><br/><br/> "Mira la esencia, no las apariencias y el cuerpo es solo un estuche y los ojos la ventana", dice una de las canciones favoritas de Andrea, y allí se resume parte del propósito como artista, buscar una reflexión en torno al respeto mujer. "La sociedad ha explotado a la mujer como un objeto sexual y lo más terrible es que es casi normal las canciones buscan un poco hablar de eso que me parece muy triste".<br/><br/> Y su compromiso con el medio ambiente también es fuerte y sincero. Se aterra con las personas que no aportan en el ahorro de agua, los que botan basura y no sienten que el planeta sufre con dicha indiferencia. Por ello, ella se refugia en la naturaleza y allí busca respuestas, desde la espiritualidad, el yoga, su barro para crear, todo porque desde que fue madre quiere que su más hermoso tesoro tenga un futuro bello y "rebonito".<br/><br/> Como Milagros, su hija, nació su disco llamado Andrea Echeverri, dedicado a su bebé. "Contiene canciones escritas durante el embarazo y luego del parto. Puro groove amoroso, beat maternal y sonido sensual de alta fidelidad. A mi hija con el asombro y la sorpresa de un milagro que me inundó de luz y a mi pareja con la tenacidad del día a día que requiere conservar una relación por muchos años, con la firme determinación y la loca esperanza de comer perdices por siempre", reza la dedicatoria del disco. <br/><br/><b>La desconectada</b><br/><br/> Andrea no está pendiente de lo que pasa en el país, pero siempre se termina enterando de las cosas malas. Ella se desconectó desde la época de bombas en Bogotá cuando sentía que si no encontraba un escape terminaría enfermándose. "Me refugio en la cerámica, la música, mi hija Milagros y Manolo, mi pareja. Con Aterciopelados queremos transmitir buena energía para estar mejor, decir cosas bonitas, que las canciones sean oraciones para cambiar lo que está mal, para que viva la esperanza".<br/><br/> Ahora esa esperanza se encuentra a borbotones en Oye, un disco que de nuevo pone en la radio el sonido aterciopelado y que se encuentra lleno de letras en busca de una reacción, que dan un mensaje y que resume que el amor es un camino válido para alcanzar un espacio de tranquilidad y emoción. <br/><br/> La posibilidad de ver un planeta verde, limpio y una vida clara y transparente es el sueño de Andrea una mujer que es pura esencia, sencillez y talento. Una virgen roquera que concibió un Milagro y que crea con la convicción de que su aporte puede contagiar a los demás en la ilusión de llenar de buena energía un país del que ha sido una de sus más inspiradoras embajadoras.
Antes de ser aterciopelada fue Delia, nombre que usó en el primer grupo que formó: Delia y los aminoácidos, que conformó a principios de los 90 con un recién conocido llamado Héctor, que poco a poco se convirtió en su amigo y cómplice de una aventura que ya lleva más de 15 años y siete producciones discográficas que almacenan parte de la historia del rock nacional.

"Fue un comienzo chévere, lo primero que hice fue cantar de vez en cuando en dirección de rock con una banda que se llamaba Distrito Especial. Después conocí a Héctor Buitrago y formamos Delia y hasta montamos un bar en La Candelaria que se llamaba Barbarie... un año larguito después nacía "Con el corazón en la mano" y Aterciopelados", dice Andrea en un tono atento, tranquilo y especial, el mismo que ha tenido ganando Grammys o cuando defiende el rol de la mujer.

A comienzos de los años 90 hubo un movimiento radial que daba el paso a un surgimiento de una nueva generación de artistas que con guitarras, bajos y batería reivindicaron el concepto del rock. Y fue en un álbum llamado "Nuestro rock" donde comenzó a sonar "Mujer gala", el primer éxito de la banda que había sido grabado en una hora y de manera amateur.

De allí vino el mencionado "Con el corazón en la mano" que incluyó una versión roquera de la canción guasca "La cuchilla", "La gomela", "Para mí solito" y otro éxito que los volvió favoritos en el gusto juvenil: "Sortilegio", todos con la inconfundible voz de Andrea, la misma que ha paseado por Latinoamérica y cuyo espacio se encuentra con los grandes del continente.

El bolero falaz


Los conciertos, los fanáticos y los número uno iban llegado a la vida aterciopelada. Pero fue con el álbum "El Dorado" que los bogotanos se encausaron en su razón de ser. ""Bolero falaz" fue la canción que nos abrió las puertas en todos lados. A la gente le gustó mucho y vinieron las giras por Latinoamérica alternando con las mejores bandas& fue una época muy bonita", cuenta la denominada "Virgen de los rockeros".

Andrea y sus muchachos han alternado con bandas como Los Fabulosos Cadillacs, Molotov, Desorden Público, Héroes del Silencio, Gustavo Cerati y Julieta Venegas, pero Andrea considera que los mexicanos de Café Tacuba son como hermanos. "Con los de Cafeta (sic) hay una energía especial. Creo que nos parecemos un poco, buscamos identidad y nos gusta alimentarnos de nuevos sonidos, somos muy fieles a nuestras raíces", puntualiza esta mujer paisa, de familia tradicional y conservadora y que en el inicio no veían con buenos ojos su inclinación artística.



"Mira la esencia, no las apariencias y el cuerpo es solo un estuche y los ojos la ventana", dice una de las canciones favoritas de Andrea, y allí se resume parte del propósito como artista, buscar una reflexión en torno al respeto mujer. "La sociedad ha explotado a la mujer como un objeto sexual y lo más terrible es que es casi normal las canciones buscan un poco hablar de eso que me parece muy triste".

Y su compromiso con el medio ambiente también es fuerte y sincero. Se aterra con las personas que no aportan en el ahorro de agua, los que botan basura y no sienten que el planeta sufre con dicha indiferencia. Por ello, ella se refugia en la naturaleza y allí busca respuestas, desde la espiritualidad, el yoga, su barro para crear, todo porque desde que fue madre quiere que su más hermoso tesoro tenga un futuro bello y "rebonito".

Como Milagros, su hija, nació su disco llamado Andrea Echeverri, dedicado a su bebé. "Contiene canciones escritas durante el embarazo y luego del parto. Puro groove amoroso, beat maternal y sonido sensual de alta fidelidad. A mi hija con el asombro y la sorpresa de un milagro que me inundó de luz y a mi pareja con la tenacidad del día a día que requiere conservar una relación por muchos años, con la firme determinación y la loca esperanza de comer perdices por siempre", reza la dedicatoria del disco.

La desconectada

Andrea no está pendiente de lo que pasa en el país, pero siempre se termina enterando de las cosas malas. Ella se desconectó desde la época de bombas en Bogotá cuando sentía que si no encontraba un escape terminaría enfermándose. "Me refugio en la cerámica, la música, mi hija Milagros y Manolo, mi pareja. Con Aterciopelados queremos transmitir buena energía para estar mejor, decir cosas bonitas, que las canciones sean oraciones para cambiar lo que está mal, para que viva la esperanza".

Ahora esa esperanza se encuentra a borbotones en "Oye", un disco que de nuevo pone en la radio el sonido aterciopelado y que se encuentra lleno de letras en busca de una reacción, que dan un mensaje y que resume que el amor es un camino válido para alcanzar un espacio de tranquilidad y emoción.

La posibilidad de ver un planeta verde, limpio y una vida clara y transparente es el sueño de Andrea una mujer que es pura esencia, sencillez y talento. Una virgen roquera que concibió un Milagro y que crea con la convicción de que su aporte puede contagiar a los demás en la ilusión de llenar de buena energía un país del que ha sido una de sus más inspiradoras embajadoras.
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