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César López, músico. La música es la mejor manera de sanar

      
"Muchas veces estuve solo tocando sin darme cuenta, ha sido mi pasión siempre y recuerdo muchos momentos impactantes, de reflexión, de tranquilidad, de soledad. Uno de niño no se da cuenta de todo lo que aprende... lo asimilaba todo, sin nada teórico, era un contacto puro. En 1983 comencé a toca piano, de manera formal, allí ya entendía todo, empezaba a armar mi propio lenguaje", cuenta César en su casa estudio en Bogotá, su ciudad de toda la vida. <br/><br/> Y ese encuentro puro lo ha hecho vivir siempre de la música, de adolescente integró el famoso grupo capitalino Poligamia junto a Andrés Cepeda y otro combo de inquietos con éxitos como Desvanecer y Mi generación, la batería era su instrumento. Más adelante integró la banda de Marbelle, con la base de Poligamia, bautizando el concepto de la tecnocarrilera. <br/><br/> "Era la época del Collar de perlas, me di cuenta que Marbelle es una tesa. Tenía como 16 años y una energía única que la volvía espectáculo. Tocábamos ante mafiosos, traquetos y público muy pesado que la contrataba y ella siempre se hizo respetar, además su voz y su talento es inmenso. Nunca vi a nadie con tanta berraquera", dice César, quien por esos años ya aparecía con intentos independientes de hacer música.<br/><br/><b>Con sentido social</b><br/><br/> Su etapa experimental comenzó con El álbum de la ausencia, junto a él se fue un grupo de músicos a tocar en cárceles, clínicas psiquiátricas, ante ciegos y sordos cuyas presentaciones se convirtieron en absolutos desafíos. "Íbamos con cierto morbo e ignorancia, pero esto me dio las pistas para desarrollar una carrera basada en lo social, vimos otras puertas donde podías hacer muchas cosas más... era un desafío, no es fácil tocar para sordos, nos tocó inflar bombas para que sintieran la vibración, cada concierto era muy distinto al otro y esto me alimentó muchísimo".<br/><br/> Luego vinieron más proyectos particulares con la música, su más importante escenario siempre ha sido la experimentación. El cuerpo se convirtió en un instrumento al que le sacó música y un trabajo que mostró ante varios auditorios. De allí se volcó a las calles a buscar talento y más elementos inspiradores, llegaron varios personajes cuya pureza contagió a César para hacer Invisibles invencibles, un proyecto que le abrió un espacio artístico a quienes la sociedad había escuchado con indiferencia. <br/><br/> De los elementos para la violencia pueden nacer instrumentos para la paz, esa es la filosofía de La escopetarra un híbrido de un fusil AK 47 y una guitarra. César López la ideó pensando en qué hacer con las armas de los desmovilizados y tratando de mostrar que la música ayuda para construir una sociedad. <br/><br/> "La música hace que se altere la sensibilidad de quienes tienen el poder. Supe que Carlos Pizarro −jefe del grupo guerrillero M19− estaba escondido en una finca, escuchando una canción que repitió durante todo el día. A la siguiente mañana salió decidido a firmar la paz, no digo que la música influye directamente, pero si afecta la sensibilidad y así se toman las mejores decisiones".<br/><br/><br/><br/> El Teatro Colón fue el escenario para la primera presentación oficial de Alas de prueba, su nuevo trabajo y el balance es exitoso. César dice que el miedo lo invade y él trata de defenderse tratando de sentirse como en su casa. Se quita los zapatos, coloca su chaqueta en una silla y esa es su clave para entrarle al público… "creo que existen unas llaves para abrir puertas. Esa es la mía y me da resultado, siento que se establece una comunicación con la gente, nos relajamos todos".<br/><br/> Alas de prueba es un proyecto que sobrepasa los diez años. Es un lugar de experimentación que se refleja en unos cortes musicales construidos con sonidos de violín, chelo y piano. Allí César se relaja y deja que sus dedos, en comunión con su corazón, cuenten y traten de cautivar, al que sea y como sea, solo quiere que su música sea escuchado. <br/><br/> César López quiere que su mensaje llegue. Por esa razón no "cae en la trampa" que han vendido las disqueras sobre la piratería. "Intentan creer una paranoia con el argumento de pobre artista cuando el problema es para ellos. Hay que tener sensibilidad a quienes compran la copia de $3.000 y no la de $40.000. Defendemos la posibilidad de copiar, de piratear los discos, la idea es que la música llegue, que todo el mundo la oiga", explica César. <br/><br/> Sus momentos son casi consagrados a la música. César no hace ejercicio, no va a cine, no cocina y son muy raros sus ratos libres que comparte con sus amigos y, especialmente, su familia. A la que redescubrió con el pasar de los años dejándolos en el primer lugar en su escala de tesoros. <br/><br/> "Yo me presiono mucho y casi siempre estoy en función de la música, además hay muchas cosas por hacer. Compones, tocas, grabas, editas, repites, gestionas… son muchas cosas que hay que hacer, además de apasionarme. No quiero caer en la trampa de la cosa fácil de la letra sencilla y tonta como se ve con el reggeatón, donde se ve una agresión a la dignidad de la mujer", comenta César. <br/><br/> Y es que la mujer para César lo es todo. Por ello buscaba un proyecto donde las exalte con su música y lo encontró, no quiere que las peladas se traguen el cuento que se pinta con el reggaetón dónde la mujer se ofrece sin saber porqué. "Las mujeres se unen, se agremian para hablar, cuidarse y trabajar por los temas realmente importantes. Nosotros no. Por ello, ahora estoy junto a ellas en un gran movimiento en el que todas buscan que sus hijos, esposos, hermanos y amigos se salgan de la guerra, una nueva iniciativa de la que quiero ser testigo".<br/><br/> Y es que su vida se basa en eso, en encontrar más razones para proyectar su música y que ayuden a construir, a no tragar entero, a engordar el alma. "Le apuesto a pensar un país donde la gente joven deje el aislamiento y se meta en el cuento, trato de entender lo que pasa para contarlo con mi música, la que quiero, que siempre me acompaña& porque me hace feliz", concluye César López.
"Muchas veces estuve solo tocando sin darme cuenta, ha sido mi pasión siempre y recuerdo muchos momentos impactantes, de reflexión, de tranquilidad, de soledad. Uno de niño no se da cuenta de todo lo que aprende... lo asimilaba todo, sin nada teórico, era un contacto puro. En 1983 comencé a toca piano, de manera formal, allí ya entendía todo, empezaba a armar mi propio lenguaje", cuenta César en su casa estudio en Bogotá, su ciudad de toda la vida.

Y ese encuentro puro lo ha hecho vivir siempre de la música, de adolescente integró el famoso grupo capitalino Poligamia junto a Andrés Cepeda y otro combo de inquietos con éxitos como "Desvanecer" y "Mi generación", la batería era su instrumento. Más adelante integró la banda de Marbelle, con la base de Poligamia, bautizando el concepto de la "tecnocarrilera".

"Era la época del "Collar de perlas", me di cuenta que Marbelle es una tesa. Tenía como 16 años y una energía única que la volvía espectáculo. Tocábamos ante mafiosos, traquetos y público muy pesado que la contrataba y ella siempre se hizo respetar, además su voz y su talento es inmenso. Nunca vi a nadie con tanta berraquera", dice César, quien por esos años ya aparecía con intentos independientes de hacer música.

Con sentido social

Su etapa experimental comenzó con "El álbum de la ausencia", junto a él se fue un grupo de músicos a tocar en cárceles, clínicas psiquiátricas, ante ciegos y sordos cuyas presentaciones se convirtieron en absolutos desafíos. "Íbamos con cierto morbo e ignorancia, pero esto me dio las pistas para desarrollar una carrera basada en lo social, vimos otras puertas donde podías hacer muchas cosas más... era un desafío, no es fácil tocar para sordos, nos tocó inflar bombas para que sintieran la vibración, cada concierto era muy distinto al otro y esto me alimentó muchísimo".

Luego vinieron más proyectos particulares con la música, su más importante escenario siempre ha sido la experimentación. El cuerpo se convirtió en un instrumento al que le sacó música y un trabajo que mostró ante varios auditorios. De allí se volcó a las calles a buscar talento y más elementos inspiradores, llegaron varios personajes cuya pureza contagió a César para hacer "Invisibles invencibles", un proyecto que le abrió un espacio artístico a quienes la sociedad había escuchado con indiferencia.

De los elementos para la violencia pueden nacer instrumentos para la paz, esa es la filosofía de "La escopetarra" un híbrido de un fusil AK 47 y una guitarra. César López la ideó pensando en qué hacer con las armas de los desmovilizados y tratando de mostrar que la música ayuda para construir una sociedad.

"La música hace que se altere la sensibilidad de quienes tienen el poder. Supe que Carlos Pizarro −jefe del grupo guerrillero M19− estaba escondido en una finca, escuchando una canción que repitió durante todo el día. A la siguiente mañana salió decidido a firmar la paz, no digo que la música influye directamente, pero si afecta la sensibilidad y así se toman las mejores decisiones".



El Teatro Colón fue el escenario para la primera presentación oficial de "Alas de prueba", su nuevo trabajo y el balance es exitoso. César dice que el miedo lo invade y él trata de defenderse tratando de sentirse como en su casa. Se quita los zapatos, coloca su chaqueta en una silla y esa es su clave para entrarle al público… "creo que existen unas llaves para abrir puertas. Esa es la mía y me da resultado, siento que se establece una comunicación con la gente, nos relajamos todos".

"Alas de prueba" es un proyecto que sobrepasa los diez años. Es un lugar de experimentación que se refleja en unos cortes musicales construidos con sonidos de violín, chelo y piano. Allí César se relaja y deja que sus dedos, en comunión con su corazón, cuenten y traten de cautivar, al que sea y como sea, solo quiere que su música sea escuchado.

César López quiere que su mensaje llegue. Por esa razón no "cae en la trampa" que han vendido las disqueras sobre la piratería. "Intentan creer una paranoia con el argumento de "pobre artista" cuando el problema es para ellos. Hay que tener sensibilidad a quienes compran la copia de $3.000 y no la de $40.000. Defendemos la posibilidad de copiar, de piratear los discos, la idea es que la música llegue, que todo el mundo la oiga", explica César.

Sus momentos son casi consagrados a la música. César no hace ejercicio, no va a cine, no cocina y son muy raros sus ratos libres que comparte con sus amigos y, especialmente, su familia. A la que redescubrió con el pasar de los años dejándolos en el primer lugar en su escala de tesoros.

"Yo me presiono mucho y casi siempre estoy en función de la música, además hay muchas cosas por hacer. Compones, tocas, grabas, editas, repites, gestionas… son muchas cosas que hay que hacer, además de apasionarme. No quiero caer en la trampa de la cosa fácil de la letra sencilla y tonta como se ve con el reggeatón, donde se ve una agresión a la dignidad de la mujer", comenta César.

Y es que la mujer para César lo es todo. Por ello buscaba un proyecto donde las exalte con su música y lo encontró, no quiere que las "peladas" se traguen el cuento que se pinta con el reggaetón dónde la mujer se ofrece sin saber porqué. "Las mujeres se unen, se agremian para hablar, cuidarse y trabajar por los temas realmente importantes. Nosotros no. Por ello, ahora estoy junto a ellas en un gran movimiento en el que todas buscan que sus hijos, esposos, hermanos y amigos se salgan de la guerra, una nueva iniciativa de la que quiero ser testigo".

Y es que su vida se basa en eso, en encontrar más razones para proyectar su música y que ayuden a construir, a no tragar entero, a engordar el alma. "Le apuesto a pensar un país donde la gente joven deje el aislamiento y se meta en el cuento, trato de entender lo que pasa para contarlo con mi música, la que quiero, que siempre me acompaña& porque me hace feliz", concluye César López.
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