text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

¿Adónde van a parar las tesis de grado?

      
Margarita Velásquez Orjuela dedicó casi seis años a diseñar y ejecutar un proyecto de estrategia comunicativa para promover derechos de los niños, a través de la creación de un programa radial hecho por pequeños de ambos sexos, menores de ocho años.<br/><br/> La propuesta desarrolló, además, con 40 alumnos de segundo de primaria del Colegio de Boyacá, de Tunja, del programa SAMA en Acción (Sala de Múltiples Actividades), una metodología pedagógica como modelo para la enseñanza de la radio.<br/><br/> El empeño para cumplir hasta el final con esta tarea le impidió graduarse con sus compañeros de comunicación social de Uniboyacá, promoción del 2001. Esto apenas lo consiguió este año.<br/><br/> Pero del esfuerzo, trabajo, sacrificio, tiempo y dinero invertidos sólo le quedaron un meritorio (uno de los dos jurados decidió otorgarle una décima menos para una calificación de cinco porque encontró ‘un fallo de forma') y el recuerdo de la experiencia emocional de aquel día de la sustentación en la que hubo manifestación ilimitada de felicitaciones. Eso fue todo.<br/><br/> Después vino el desencanto y la desilusión que ocasiona chocar de frente con la realidad que ofrece un sistema educativo que no premia justamente el talento investigativo y la creatividad de sus estudiantes. "Casi no me repongo de ese fallo, pues lo menos que esperaba era un cinco, que en ese momento significaba mucho para mi, aunque la realidad me mostró posteriormente que había peores frustraciones que una calificación", anota la joven comunicadora.<br/><br/> Ella esperaba que su proyecto tuviera amplia difusión y se incorporara como herramienta educativa en escuelas y colegios para poner en práctica un método útil en el desarrollo de competencias comunicativas de los pequeños durante su proceso de desarrollo. Y se quedó, como reza la expresión del vulgo, ‘esperando', pues su investigación y experiencias de casi seis años, compiladas en un empaste de 400 folios, hoy es uno más de los ejemplares de consulta de la política de su universidad.<br/><br/> Esta es una de las razones, en opinión de algunos docentes y profesionales, que en las bibliotecas de las universidades repose un mayor porcentaje de trabajos de grado de baja calidad, hasta mediocres (hechos a la carrera, como por salir del paso), y que sea ínfimo el de proyectos laureados o meritorios de estudiantes de pregrado, o posgrado. De hecho, casos como el de Velásquez son pocos.<br/><br/> "Se podrían contar con los dedos de las manos", señala una auxiliar de la biblioteca de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC, en Tunja, donde en la sección de tesis reciben alrededor de 60 consultadas diarias. La funcionaria recordó que antes las tesis se prestaban para sacar de la entidad, pero que debido al plagio frecuente y mediante tutela de algunos autores afectados esto se prohibió.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Un mal paso</span><br/> Las tesis de grado, en opinión varios docentes y graduandos consultados por Boyacá 7 días, se convirtieron en un dolor de cabeza para los aspirantes a recibir su título profesional y en un negocio rentable para algunos sectores productivos que derivan sus ingresos de esa talanquera universitaria.<br/><br/> Cumplir con ese requisito es la principal preocupación de la mayoría. Muchos pagan a terceros por la elaboración del trabajo, otros copian propuestas ajenas y sólo hacen los cambios pertinentes. <br/><br/> Algunos se esfuerzan por elaborar un proyecto aceptable pero intrascendente, y un número, muy escaso, pone todo su conocimiento, capacidad y aprendizaje en la tarea de desarrollar una tesis de grado que más allá de hacerse merecedora de las más altas calificaciones, trascienda como una propuesta de solución de alguna problemática social, tecnológica o económica y que retribuya a su autor en reconocimientos públicos y económicos, como una motivación para que su capacidad y talento no se pierdan como aporte para el desarrollo de la comunidad.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Soluciones</span><br/> Para cambiar esta cultura de hacer la tesis sólo por cumplir y sacar tanta teoría de los anaqueles de las bibliotecas existen propuestas alternativas que deben partir de las mismas universidades. <br/><br/> En el campo académico, considera Nilce Ariza, directora del Centro de Investigaciones de la Universidad Santo Tomás en Tunja, que deben establecerse lineamientos como: guiar al estudiante en el proceso de su tesis de pregrado para que comience desde el quinto semestre y no en el último (ayudarle a explorar la oferta de temas para que seleccione el que más le guste y en el que mejor se considere fuerte de acuerdo con sus habilidades y que este pueda aplicarse en su localidad); que las metodologías de investigación no sean áreas de los dos últimos semestres, dada su vital importancia para el desarrollo del respectivo proyecto; que se advierta e instruya al aspirante sobre derechos de autor y propiedad industrial (muchos cometen plagio de obras porque desconocen estos temas) y que las universidades publiquen en sus anuarios de investigación los trabajos de grado.<br/><br/> "Por último creo necesario que se eliminen algunas de las trabas que se le ponen a los estudiantes para graduarse. Una de ellas, por ejemplo, son los altos costos de grado", indicó la docente e investigadora, quien actualmente termina una tesis sobre juventud y política, para un posgrado de Cultura Política en la universidad Complutense de Madrid, España.<br/><br/> Otras soluciones tienen que ver con el enfoque que las universidades den a los trabajos de grado. Desde hace un año, señala el ingeniero Javier Amado, director del Instituto de Investigación Científica de la Fundación Juan de Castellanos, se exige que los proyectos sean teórico-prácticos y que siempre apunten a solucionar problemas en contextos locales. "Esto nuevo enfoque nos da grandes resultados, pues es un beneficio para la misma institución, el estudiante y la comunidad", señala Amado.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Motivación y reconocimiento</span><br/> Pero la calidad de los proyectos puede ser proporcional a los estímulos que ofrezcan las instituciones. La mejor motivación que recibe un estudiante es la variedad de experiencias que durante el proceso de investigación de su tesis acumula si estas se le muestran en su valiosa dimensión. Esto le ayuda no sólo a tener una mejor comprensión de su realidad, útil para la práctica de su profesión (con mayor sentido crítico y analítico), sino también a aprender y aprehender de esa realidad en beneficio de sí mismo, como persona, como ciudadano y como agente activo del desarrollo de su comunidad. "También ejercita competencias comunicativas, aprende a escribir para ser leído y comprendido", acota Ariza.<br/><br/> En segundo lugar, debe promocionarse y alentar a los futuros profesionales para que trabajen proyectos teórico-prácticos con diferentes temáticas que no sean ajenas a sus entornos. En opinión del secretario de Educación, José Gómez Acosta, esto debe potenciarlo la misma universidad a través de convenios con entes gubernamentales y del sector privado para hacer tangibles estas propuestas.<br/><br/> "Por eso muchos buenos trabajos se quedan como teoría inútil en las bibliotecas", replica Gómez, quien considera que si de mejorar este requisito académico se tratara, las tesis deberían canjearse por las prácticas, que conducen al estudiante a mostrar resultados tangibles de su aprendizaje. "Sin ese cambio seguiremos viendo diagnósticos por todo lado en este país y muchas excelentes trabajos archivados por ahí", afirmó Gómez.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Desperdicio de talentos</span><br/> En Boyacá existe un alto potencial de verdaderos genios en diferentes áreas del conocimiento.<br/><br/> "Este paso, fundamental e imprescindible, genera crisis en el estudiante al final de su carrera pues no cuenta con las herramientas ni el conocimiento apropiado para elaborar un trabajo investigativo de alta calidad, práctico y útil para su entorno inmediato, en la medida que apunte a proponer soluciones a diversas problemáticas locales", señala Ariza, al referirse a la superficialidad y poco valor que tiene la mayoría de trabajos de grado en las universidades del país.<br/><br/> Y es que esta baja producción de sobresalientes y excelentes que reposan en las bibliotecas de las instituciones de educación superior en el departamento, no sólo refleja el nivel de la educación superior en Colombia, que pareciera que no ha superado, en pleno siglo XXI, viejos prejuicios que son historia en países desarrollados.<br/><br/> También la deficiencia del sistema educativo en las universidades y la ausencia de políticas estatales de estímulo a trabajos de investigación de gran impacto. Por eso se desperdician talentos. "Cuántos problemas sociales como drogadicción, alcoholismo o desempleo podrían solucionarse a través de los trabajos de muchos estudiantes que proyecten sus tesis de grado hacia el diagnóstico y solución de estas problemáticas; o en el campo de la vivienda, la economía, si se aprovechara ese potencial desperdiciado", lamenta Ariza.<br/><br/> Destacados Hay varios proyectos desaprovechados. Un novedoso proyecto sobre exportación de cebolla es muy consultado en la politeca de Uniboyacá; el de solución a problemas de drogadicción y alcoholismo, a través de una propuesta sociológica de dos estudiantes de arquitectura de la Usta fue ofrecido a la Alcaldía de Tunja y a la Gobernación, sin que pasara nada. Un estudiante de ingeniería electrónica desarrolló una propuesta de electromedicina para mejorar las deficiencias que en este campo afrontan los hospitales con sus equipos de incubación. Juan Carlos Castro Medina, ingeniero civil, presentó un simulador de sismos a escala.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Genios desde chiquitos</span><br/> A través de programas como Ondas, la Secretaría de educación de Boyacá creó un banco de proyectos de investigación generados desde los niveles de básica primaria y secundaria. De allí surgieron estudios científicos de la chicha o guarapo y su efecto sobre los jóvenes, adelantado por alumnos del colegio San Isidro, en Boyacá, Boyacá. En una escuela de Santa Sofía se desarrolló un proyecto ("Fábricando vida con las lombrices"), que culminó con la creación de miniempresas de cultivo de hortalizas y verduras y el cambio de costumbres dietéticas de niños y jóvenes.<br/><br/> Una joven bachiller de Muzo, Juliana Nandar, presentó un proyecto que le permitió ganar beca de estudios superiores en la Universidad del Rosario, de Bogotá.<br/><br/>
Margarita Velásquez Orjuela dedicó casi seis años a diseñar y ejecutar un proyecto de estrategia comunicativa para promover derechos de los niños, a través de la creación de un programa radial hecho por pequeños de ambos sexos, menores de ocho años.

La propuesta desarrolló, además, con 40 alumnos de segundo de primaria del Colegio de Boyacá, de Tunja, del programa SAMA en Acción (Sala de Múltiples Actividades), una metodología pedagógica como modelo para la enseñanza de la radio.

El empeño para cumplir hasta el final con esta tarea le impidió graduarse con sus compañeros de comunicación social de Uniboyacá, promoción del 2001. Esto apenas lo consiguió este año.

Pero del esfuerzo, trabajo, sacrificio, tiempo y dinero invertidos sólo le quedaron un meritorio (uno de los dos jurados decidió otorgarle una décima menos para una calificación de cinco porque encontró ‘un fallo de forma') y el recuerdo de la experiencia emocional de aquel día de la sustentación en la que hubo manifestación ilimitada de felicitaciones. Eso fue todo.

Después vino el desencanto y la desilusión que ocasiona chocar de frente con la realidad que ofrece un sistema educativo que no premia justamente el talento investigativo y la creatividad de sus estudiantes. "Casi no me repongo de ese fallo, pues lo menos que esperaba era un cinco, que en ese momento significaba mucho para mi, aunque la realidad me mostró posteriormente que había peores frustraciones que una calificación", anota la joven comunicadora.

Ella esperaba que su proyecto tuviera amplia difusión y se incorporara como herramienta educativa en escuelas y colegios para poner en práctica un método útil en el desarrollo de competencias comunicativas de los pequeños durante su proceso de desarrollo. Y se quedó, como reza la expresión del vulgo, ‘esperando', pues su investigación y experiencias de casi seis años, compiladas en un empaste de 400 folios, hoy es uno más de los ejemplares de consulta de la política de su universidad.

Esta es una de las razones, en opinión de algunos docentes y profesionales, que en las bibliotecas de las universidades repose un mayor porcentaje de trabajos de grado de baja calidad, hasta mediocres (hechos a la carrera, como por salir del paso), y que sea ínfimo el de proyectos laureados o meritorios de estudiantes de pregrado, o posgrado. De hecho, casos como el de Velásquez son pocos.

"Se podrían contar con los dedos de las manos", señala una auxiliar de la biblioteca de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC, en Tunja, donde en la sección de tesis reciben alrededor de 60 consultadas diarias. La funcionaria recordó que antes las tesis se prestaban para sacar de la entidad, pero que debido al plagio frecuente y mediante tutela de algunos autores afectados esto se prohibió.


Un mal paso
Las tesis de grado, en opinión varios docentes y graduandos consultados por Boyacá 7 días, se convirtieron en un dolor de cabeza para los aspirantes a recibir su título profesional y en un negocio rentable para algunos sectores productivos que derivan sus ingresos de esa talanquera universitaria.

Cumplir con ese requisito es la principal preocupación de la mayoría. Muchos pagan a terceros por la elaboración del trabajo, otros copian propuestas ajenas y sólo hacen los cambios pertinentes.

Algunos se esfuerzan por elaborar un proyecto aceptable pero intrascendente, y un número, muy escaso, pone todo su conocimiento, capacidad y aprendizaje en la tarea de desarrollar una tesis de grado que más allá de hacerse merecedora de las más altas calificaciones, trascienda como una propuesta de solución de alguna problemática social, tecnológica o económica y que retribuya a su autor en reconocimientos públicos y económicos, como una motivación para que su capacidad y talento no se pierdan como aporte para el desarrollo de la comunidad.

Soluciones
Para cambiar esta cultura de hacer la tesis sólo por cumplir y sacar tanta teoría de los anaqueles de las bibliotecas existen propuestas alternativas que deben partir de las mismas universidades.

En el campo académico, considera Nilce Ariza, directora del Centro de Investigaciones de la Universidad Santo Tomás en Tunja, que deben establecerse lineamientos como: guiar al estudiante en el proceso de su tesis de pregrado para que comience desde el quinto semestre y no en el último (ayudarle a explorar la oferta de temas para que seleccione el que más le guste y en el que mejor se considere fuerte de acuerdo con sus habilidades y que este pueda aplicarse en su localidad); que las metodologías de investigación no sean áreas de los dos últimos semestres, dada su vital importancia para el desarrollo del respectivo proyecto; que se advierta e instruya al aspirante sobre derechos de autor y propiedad industrial (muchos cometen plagio de obras porque desconocen estos temas) y que las universidades publiquen en sus anuarios de investigación los trabajos de grado.

"Por último creo necesario que se eliminen algunas de las trabas que se le ponen a los estudiantes para graduarse. Una de ellas, por ejemplo, son los altos costos de grado", indicó la docente e investigadora, quien actualmente termina una tesis sobre juventud y política, para un posgrado de Cultura Política en la universidad Complutense de Madrid, España.

Otras soluciones tienen que ver con el enfoque que las universidades den a los trabajos de grado. Desde hace un año, señala el ingeniero Javier Amado, director del Instituto de Investigación Científica de la Fundación Juan de Castellanos, se exige que los proyectos sean teórico-prácticos y que siempre apunten a solucionar problemas en contextos locales. "Esto nuevo enfoque nos da grandes resultados, pues es un beneficio para la misma institución, el estudiante y la comunidad", señala Amado.


Motivación y reconocimiento
Pero la calidad de los proyectos puede ser proporcional a los estímulos que ofrezcan las instituciones. La mejor motivación que recibe un estudiante es la variedad de experiencias que durante el proceso de investigación de su tesis acumula si estas se le muestran en su valiosa dimensión. Esto le ayuda no sólo a tener una mejor comprensión de su realidad, útil para la práctica de su profesión (con mayor sentido crítico y analítico), sino también a aprender y aprehender de esa realidad en beneficio de sí mismo, como persona, como ciudadano y como agente activo del desarrollo de su comunidad. "También ejercita competencias comunicativas, aprende a escribir para ser leído y comprendido", acota Ariza.

En segundo lugar, debe promocionarse y alentar a los futuros profesionales para que trabajen proyectos teórico-prácticos con diferentes temáticas que no sean ajenas a sus entornos. En opinión del secretario de Educación, José Gómez Acosta, esto debe potenciarlo la misma universidad a través de convenios con entes gubernamentales y del sector privado para hacer tangibles estas propuestas.

"Por eso muchos buenos trabajos se quedan como teoría inútil en las bibliotecas", replica Gómez, quien considera que si de mejorar este requisito académico se tratara, las tesis deberían canjearse por las prácticas, que conducen al estudiante a mostrar resultados tangibles de su aprendizaje. "Sin ese cambio seguiremos viendo diagnósticos por todo lado en este país y muchas excelentes trabajos archivados por ahí", afirmó Gómez.

Desperdicio de talentos
En Boyacá existe un alto potencial de verdaderos genios en diferentes áreas del conocimiento.

"Este paso, fundamental e imprescindible, genera crisis en el estudiante al final de su carrera pues no cuenta con las herramientas ni el conocimiento apropiado para elaborar un trabajo investigativo de alta calidad, práctico y útil para su entorno inmediato, en la medida que apunte a proponer soluciones a diversas problemáticas locales", señala Ariza, al referirse a la superficialidad y poco valor que tiene la mayoría de trabajos de grado en las universidades del país.

Y es que esta baja producción de sobresalientes y excelentes que reposan en las bibliotecas de las instituciones de educación superior en el departamento, no sólo refleja el nivel de la educación superior en Colombia, que pareciera que no ha superado, en pleno siglo XXI, viejos prejuicios que son historia en países desarrollados.

También la deficiencia del sistema educativo en las universidades y la ausencia de políticas estatales de estímulo a trabajos de investigación de gran impacto. Por eso se desperdician talentos. "Cuántos problemas sociales como drogadicción, alcoholismo o desempleo podrían solucionarse a través de los trabajos de muchos estudiantes que proyecten sus tesis de grado hacia el diagnóstico y solución de estas problemáticas; o en el campo de la vivienda, la economía, si se aprovechara ese potencial desperdiciado", lamenta Ariza.

Destacados Hay varios proyectos desaprovechados. Un novedoso proyecto sobre exportación de cebolla es muy consultado en la politeca de Uniboyacá; el de solución a problemas de drogadicción y alcoholismo, a través de una propuesta sociológica de dos estudiantes de arquitectura de la Usta fue ofrecido a la Alcaldía de Tunja y a la Gobernación, sin que pasara nada. Un estudiante de ingeniería electrónica desarrolló una propuesta de electromedicina para mejorar las deficiencias que en este campo afrontan los hospitales con sus equipos de incubación. Juan Carlos Castro Medina, ingeniero civil, presentó un simulador de sismos a escala.

Genios desde chiquitos
A través de programas como Ondas, la Secretaría de educación de Boyacá creó un banco de proyectos de investigación generados desde los niveles de básica primaria y secundaria. De allí surgieron estudios científicos de la chicha o guarapo y su efecto sobre los jóvenes, adelantado por alumnos del colegio San Isidro, en Boyacá, Boyacá. En una escuela de Santa Sofía se desarrolló un proyecto ("Fábricando vida con las lombrices"), que culminó con la creación de miniempresas de cultivo de hortalizas y verduras y el cambio de costumbres dietéticas de niños y jóvenes.

Una joven bachiller de Muzo, Juliana Nandar, presentó un proyecto que le permitió ganar beca de estudios superiores en la Universidad del Rosario, de Bogotá.

  • Fuente:

Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.