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El sueño americano, ahora es europeo

      
Señoras y señores:

En nombre de la Universidad del Norte les damos la bienvenida a una nueva versión de la Cátedra Europa. Este encuentro institucional, que realizamos anualmente gracias a la vinculación de las universidades, entidades de cooperación y delegaciones diplomáticas, ha sido el faro de nuestra comunidad académica y del caribe.

Al completar ya once años con este espacio de nuestro proyecto de internacionalización, nos acompañan los ilustres embajadores de Francia, Jean Michel Marlaud; Austria, Hans Peter Glanzer, y la Comisión Europea en Colombia, Fernando Cardesa García, a quienes agradecemos las múltiples deferencias que han tenido con nosotros.

A su lado estarán noventa y cinco conferencistas internacionales, nacionales y locales, con una rica variedad de temas que permitirán entender a un continente en evolución, que representa interesantes oportunidades para todo el mundo.

Hoy celebramos la apertura de la Cátedra en Bogotá, Ecuador y por supuesto América Latina a través del seminario Erasmus Mundus, Cátedra Europa: Conexión Latinoamericana, que con la participación de representantes de las mejores universidades en 15 países de la región, llega a su segunda versión a instancias del consorcio con las Universidades de Valencia, Mainz y París XII y el apoyo de la Unión Europea.

Esta vez también celebramos el fortalecimiento de los lazos con instituciones amigas. Resaltamos, por ejemplo, la presencia del doctor Georg Krausch, rector de la Universidad de Mainz, Alemania, y del doctor Miguel Escala, Rector del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, con quienes nos unen años de profunda amistad y cooperación. De la misma manera nos es grato distinguir la presencia del profesor Gerhard Drekonja, director de América Latina y el Tercer Mundo de la Universidad de Viena, quien realiza su año sabático en la Universidad del Norte.

En el marco del encuentro entregaremos el título de Profesor Honorario a los eminentes académicos Europeos: Jose María Miquel, de la Universidad Autónoma de Madrid; Martin Kretzschmar, de la Universidad de Mainz; Marcel Pariat, vicepresidente de Investigación y Educación Superior de la Universidad París XII, y Manuel Lagos, profesor e investigador de la misma universidad.

Todas estas son evidencias de la madurez que ha alcanzado la Cátedra.

Hace varios siglos la historia mostraba un notable flujo migratorio de ciudadanos europeos, que buscaban en continentes como América, la libertad que habían extraviado con las guerras y la desazón política. Hasta Nueva York, en Estados Unidos, y Puerto Colombia, a pocos kilómetros de donde nos encontramos hoy reunidos, llegaron familias enteras con sus maletas de nostalgia y sus vestidos de ilusión, para probar una suerte que, de paso, también nos arroparía.

Porque al acoger a aquellos extranjeros de mirada perdida y fe a cuestas, los anfitriones nos estábamos dando la oportunidad de encontrarnos con otro mundo y, en ese trance, repensarnos como sociedad.

Nuestra Barranquilla, para no ir más lejos, se desarrolló como urbe a instancias del pensamiento, el trabajo, la inversión y la visión de extranjeros que, al unirse a la magia, la creatividad, la naturaleza y la actitud de vida de los lugareños, supieron activar la mezcla esplendorosa de la que, felizmente, somos hijos quienes hoy nos encontramos en esta cátedra.

En los nuevos tiempos disponemos de otras formas para relacionarnos. La creciente libertad comercial y la interacción legada por los avances en comunicación, levantaron las fronteras y nos hicieron ciudadanos planetarios.

Para buscar referentes en otras latitudes, basta con hojear un periódico digital, chequear una base de datos o conversar con un par a través de cualquiera de los dispositivos que la tecnología permite. Los puertos que en el pasado nos abrían los ojos, están hoy en cada terminal de computador.

Por ellos sabemos que Europa se encuentra en un momento fulgurante de su historia. Sus habitantes, afanados en algún momento por las dictaduras, disfrutan las mieles de democracias renovadas y vinculantes; el pluralismo, que antes era causa justa de los intelectuales en las tertulias de los cafés, se pasea con altivez por las calles que enlutaron los monopolios ideológicos; la ley impera con alegría en naciones donde, hace mucho tiempo, hubo anarquía y repulsión; las fronteras se abrieron de par en par y convirtieron los muros y las alambradas en un pasaje de la historia que ya no volverá; la libertad de prensa se sobrepuso a la censura que sólo publicaba periódicos oficiales e insultaba la inteligencia; la diversidad pintó de colores, las paredes que la unicidad tiñó de gris; la tolerancia le ganó el match supremo a la imperatoria; la dignidad le dio un portazo al sometimiento, para que ya no vuelva más; y la creatividad, con mayor sutileza, le dijo adiós a la obediencia simple, que sin mayor garbo se marchó.

¡El sueño de libertad, que los europeos buscaron alguna vez en América, en los barcos apretujados de inmigrantes, está hoy en Europa, y lo podemos ver en la Internet!

Por eso, el continente resulta cada vez más perentorio. Sus experiencias son al mismo tiempo referencias sobre las que debemos elucubrar, para seguir los caminos que la época nos señaló. Como el personaje de la novela de Orhan Pamuk "todos sabemos lo que significa Europa. Europa es nuestro futuro dentro del género humano".

Lo interesante de la historia, la nuestra, es que Europa también sabe lo que representa América, entendida hoy como todo el continente, de manera que su dirigencia confiesa que ese conjunto de naciones no puede entenderse sin el de nosotros.

En algún momento fuimos la despensa alimentaria del planeta. Más recientemente, los ojos se posaron sobre nuestras reservas ecológicas, en virtud del colapso ambiental que le hace mofa a la respiración. Pero el reservorio natural, como se nos conoce, tiene hoy también el reconocimiento de quienes lo poseemos, lo cual nos identifica como causa común y nos propone el rol de aliados planetarios.

Europa está preocupada, particularmente, por el envejecimiento de su población. El último Informe de Evolución de la Familia reveló que los jóvenes, que en 1980 representaban en el 22,1% de la población, en el año 2005 apenas significan el 16.2%. Latinoamérica, particularmente, está atenta a las decisiones de política migratoria que puedan ir de la mano de estas preocupantes estadísticas, pues ha venido formando mano de obra calificada para responder a los desafíos de movilidad laboral que seguramente se desprenderán de la segunda ola de la globalización. Y es que, en esta dirección, universidades como la nuestra se han venido acercando a los estándares de educación en pregrado y postgrado que se desprendieron del acuerdo de Bologna, a través no sólo de la dialéctica de los planes de estudio sino de acuerdos institucionales que apuntan al objetivo último, que es consensuar excelencia y calidad.

En materia económica, a América Latina le interesa que la sociedad con Europa genere las oportunidades que faltan a sus habitantes. No queremos, sin embargo, unas relaciones soportadas en el asistencialismo sino en la cooperación. A partir de nuestras ventajas estratégicas, en términos de talento humano, recursos naturales y producción, queremos hacer negocios en un cuadrante gana-gana, que en tanto atienda las demandas del mercado europeo, recompense a quienes arriesgan inversiones en él. Como la ecuanimidad manda.

En el área en que sí necesitamos un apoyo solidario, es en la búsqueda de la paz. El conflicto colombiano, conocido plenamente por la comunidad internacional, ha superado todos los topes que la tolerancia resiste. Tanto los actores de la violencia como sus víctimas, llegamos a una vía de no retorno, en la que tenemos que sentarnos a dialogar para llegar a lo que Jürgen Habermas denomina un consenso sobre lo posible. Señores embajadores, señores conferencias, invitados especiales:

Dice la mitología griega que una vez una muchacha de espléndida belleza y perfecta armonía, acicalaba su piel blanquísima con ungüentos propios de las diosas. Zeus, siempre en plan conquistador, se fascinó con su candorosa desnudez, y se transformó en toro blanco de mágica hermosura. Atraída por aquel encantamiento, Europa montó en el lomo del animal y este la llevó en saltos hasta un sauce en la isla de Creta, donde consumaron su amor.

Nosotros también estamos fascinados por la piel tersa de Europa. Y sin tener que mimetizarnos en ningún embrujo, creo que la nuestra puede estar despertando alguna fascinación en la mujer espléndida que admiramos.

Para dar rienda suelta a ese amor, sembraremos el tradicional Árbol de la Amistad con la Ecole Supérieure de Commerce et de Management y el Politécnico Di Milano. Como el sauce llorón de la isla de Creta, esperemos que pronto sea un tronco frondoso que de sombra y frutos a la relación y nos permita escoger las cosechas de la integración y el entendimiento.

Muchas gracias.

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