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Tres exsecuestrados hicieron sus comentarios sobre los diálogos por la paz

      
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Sigifredo López, Alan Jara y Óscar Tulio Lizcano, exsecuestrados de las Farc. Foto: Javier Londoño.
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"Es la hora de la academia”. La sentencia es de Sigifredo López, el exdiputado del Valle del Cauca que estuvo secuestrado por las Farc entre el 11 de abril del 2002 y el 5 de febrero del 2009. La suma de los años es sencilla: siete.

Al igual que López, Óscar Tulio Lizcano y Alan Jara conocieron a las Farc desde sus entrañas, tal vez, desde la parte más oscura: el secuestro.

Lizcano fue secuestrado el 5 de agosto del año 2000 en el municipio de Riosucio, Caldas. En octubre de 2008, valientemente y ayudado por uno de sus captores, se fugó tras un tortuoso deambular por las espesas selvas del Chocó. La suma de los años es sencilla: ocho.

Jara, hoy Gobernador del Meta, fue secuestrado en julio de 2001 y liberado en 2009, en un gesto unilateral de las Farc. La suma de los años es sencilla: ocho.

Los tres exsecuestrados participaron en la Cátedra Pública de la Rectoría: Tres caras del secuestro, tres caras de la libertad, que se realizó en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, el 5 de septiembre del 2012.

 
La academia tiene voto en la paz

Sí, la suma de los años de sus secuestros es sencilla, pero los miles de días en los que estuvieron sometidos al yugo de los combatientes del grupo guerrillero, no sólo dejaron dolorosos recuerdos, sino que, paradójicamente, les aportaron importantes aprendizajes sobre la vida misma y sobre el conflicto armado colombiano.

Por ello, la sentencia de Sigifredo López, esa de que “es la hora de la academia”, no es para echar en saco roto. Según explicó, no son las Farc y el Gobierno los llamados a representar a toda la sociedad en temas estructurales de los diálogos de paz como la reforma educativa, la reforma agraria o la reforma de la salud. “Hay que ponerle pueblo y sociedad civil a eso”, dijo.

Por ello, invitó al rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe Correa, para que desde la Alma Máter se promuevan foros regionales sobre los temas claves de los diálogos de paz.

“Que los medios de comunicación, con la academia, inviten a los actores de los diferentes temas que se van a discutir en la negociación. Que no nos decidan lo que va a pasar con el tema agrario o con la educación en una mesa de diálogo. No, decidámoslo acá”, enfatizó López.

Por su parte, Alan Jaraseñaló que la sociedad debe ser consciente de las complejidades de un proceso de paz. Por ello, explicó que más que considerar la pertinencia de los temas que plantea el actual proceso de paz, lo importante es que las partes demuestren voluntad para cumplir con los acuerdos.

“Lo importante es que entre quienes se sienten cara a cara haya voluntad de paz”,
puntualizó Lizcano, quien fue más mesurado en sus apreciaciones sobre los alcances del proceso de paz. Según advirtió, la inversión nacional que exige el conflicto armado, podría destinarse a solucionar problemáticas sociales.

“Pensar en resolver el tema agrario o el minero, en un proceso de paz, es imposible. Eso crea falsas expectativas. Es empezar a generar las condiciones para una confianza de todos. Esto no es la panacea, no se van a acabar muchos problemas, pero a cambio de ello habrá menos violencia”, dijo .

Los tres exsecuestrados también manifestaron su recelo frente al no cese de hostilidades durante el proceso de concertación. Según explicaron, un atentado, secuestro u otra acción violenta, podría generar no sólo escepticismo entre los colombianos, sino también que podría ser detonante para derrumbar lo construido en los diálogos.

“Y entonces se aprovechan los enemigos de la paz para liderar la presión nacional. Éste, como todos los gobiernos, se deja gobernar por las encuestas. Si el proceso no sale como debe y las encuestan lo reclaman, el gobierno podría abortarlo en cualquier momento”, advirtió Lizcano .

Lizcano advirtió también que el punto neurálgico de la agenda de paz será el de la dejación de armas. Según dijo, el antecedente sangriento de los integrantes de la Unión Patriótica, constituye un temor latente que le impide a las Farc dejar las armas.

Por ello, los tres exponentes hicieron un llamado para rodear a la institucionalidad y confiar en el proceso de paz. “Cada vez que se rompe una negociación, las partes demoran más tiempo en volver a la mesa. Del Caguán a hoy han pasado 12 años, la próxima sería dentro de 20. No podemos darnos el lujo de fracasar”, dijo López.
 

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