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Las emociones inciden en la deserción estudiantil

      
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El estudio fue realizado por la Universidad de La Salle Fuente: Flickr- Jesús DQ
El problema es mayor en el nivel técnico y tecnológico donde la deserción alcanza niveles del 63.2% y el 52.3%. El país pierde más de medio billón al año por deserción universitaria según el Ministerio de Educación.


Los resultados de una detallada encuesta realizada a los 15 mil estudiantes de la Universidad de La Salle y la posterior realización de una serie de estudios focales de selección aleatoria con más de mil jóvenes, fueron el punto de partida de una innovadora estrategia con la que la institución ha logrado hacer más cercana la relación institución- estudiante, y por ese camino, disminuir la deserción universitaria que es uno de los problemas más agudos del sistema educativo mundial.


“Conformamos un equipo de trabajo y decidimos darnos a la tarea de escuchar a los estudiantes.  El primer paso fue dejar de verlos como una estadística, para descubrir esas otras razones que no aparecen en los estudios, pero que también llevan a los jóvenes a dejar las aulas, es decir, sabíamos que según las cifras gubernamentales, la deserción universitaria en el país se ubica entre el 45 y 50 por ciento y que las dos principales causas son: el bajo nivel académico que presentan los estudiantes cuando ingresan a la universidad, asunto que los hace vulnerables al impacto del nuevo conocimiento, y las dificultades económicas. Pero, además de esos factores que son muy conocidos, debía existir otras razones y quisimos conocerlas a fondo”, explica el Hermano Frank Ramos, Vicerrector de Promoción y Desarrollo de laUniversidad de La Salle.


El resultado fue impactante y contundente. “Encontramos que el aspecto emocional es un elemento muy poderoso que lleva a un universitario a luchar contra viento y marea a terminar sus estudios, porque si bien, la falta de recursos económicos es un factor determinante, gracias a la recursividad y al anhelo familiar de tener un profesional en la familia, el tema pasa a un segundo plano cuando el joven siente que la Universidad es parte de su vida, eso significa que aquí están con quienes comparte sus alegrías y angustias, aquí se enamora y también pasa la “tusa”, aquí tiene quien le invite un emparedado o aquí sufre los estragos de una indigestión”, aquí practica su deporte preferido o se queda dormido en un prado, conocer el impacto que tiene todo esto en sus vidas nos permitió ver que cuando la relación con la Universidad trasciende de la mera asistencia a las clases, los estudiantes forman vínculos muy poderosos que los llevan a culminar sus estudios, pero curiosamente ese factor emocional, generalmente no es contemplado al hablar de deserción”, explica Ramos.


Las palabras del Vicerrector se comprenden en su totalidad, al explicar que en el país se usa el Sistema de Prevención de la Deserción en Educación Superior –SPADIES-  como lo explica el Ministerio de Educación es “la herramienta informática que permite a las instituciones y al sector hacer seguimiento a la deserción estudiantil, identificar y ponderar variables asociadas al fenómeno, calcular el riesgo de deserción de cada estudiante a partir de condiciones académicas y socioeconómicas, y facilitar la elección, seguimiento y evaluación de impacto de estrategias orientadas a disminuirlo”.
 
 
“Generalmente SPADIES nos muestra que las tres variables que más peso tienen para que un joven se convierta en desertor son la falta de recursos económicos, el bajo nivel académico de la secundaria y el nivel de educación de su núcleo familiar porque es más probable que el hijo de una pareja de profesionales termine su carrera que el hijo de un pareja de bachilleres. Conocedores de estos factores empezamos a preguntarnos si las acciones que desarrollamos como universidad que en nuestro caso atiende jóvenes de estratos 1,2 y 3 de verdad, ayuda a los jóvenes a terminar sus estudios”, añade Ramos.


Realizada la encuesta y los estudios focales cada vez era más reiterativo el fuerte impacto que tiene el aspecto emocional para que los jóvenes terminen su pregrado. De manera que con los resultados, la Vicerrectoría de Promoción y Desarrollo Humano (VPDH) formuló una estrategia integral que tiene un alto componente emocional y abarca los aspectos de bienestar psicológico, salud física y por supuesto, los estímulos académicos.
 

“Todas las acciones tienen en cuenta el aspecto emocional, creamos diversos talleres, uno de estos se llama ‘amores enredados’ y se aborda el manejo de las relaciones de pareja en la época del ciberespacio, hay otros más físicos, como ‘comida segura para que no patees tu estomago’ en el que se aprende a identificar de manera rápida y sencilla cómo manejar la comida chatarras y la falta de higiene y por supuesto, hay algunos muy gerenciales como ‘planeación y manejo del tiempo’ que dicho sea de paso está muy vigente en los diplomados para ejecutivos. También organizamos eventos deportivos, formación en temas específicos, jornadas con temáticas concretas, entre otras”, explica Ramos.


Los resultados han sido maravillosos, todas las actividades tienen asistencia masiva y lo mejor, el porcentaje de deserción ha bajado en 3%. Aunque los directivos hacen la salvedad, de que es muy arriesgado asegurar que la disminución en la deserción sea fruto exclusivamente de esta estrategia llena de calor humano, no dudan en manifestar que tal como lo confirman de viva voz los estudiantes, el impacto ha sido positivo.

Colombia frente a otros países de la Región

La deserción estudiantil en educación superior es una preocupación compartida por los sistemas educativos  de  nuestra región y del mundo.  En una revisión actualizada del  tema, se  reconoce  que para el caso de la tasa de deserción anual[i], cifra que  actualmente se ubica para  Colombia en el 11.1%,  el país presenta un estado  intermedio entre países con mayores avances en su sistema educativo (Reino Unido con 8.6%) y otros en los que la deserción es más alta pero también su oferta educativa es mucho mayor, como son Brasil con 18% y  Estados Unidos con 18.3%.


Entre tanto, la tasa de deserción por cohorte, indicador que ilustra la cantidad de estudiantes que desertan de cada 100 que ingresan a algún programa universitario, (cifra  sobre la cual se cuenta con mayor información en la región), Colombia alcanza el 45.3%, con valores cercanamente superiores a los presentados por nuestro país están México y Argentina con 42% y 43%, mientras que Venezuela y Chile presentan una deserción del 52% y 54% y Costa Rica con 62%. Esto indica que de cada 100 jóvenes que ingresan, cerca de la mitad terminan desertando.


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